Así quedó la histórica calle Necochea de La Boca: renovaron el corredor del tango y las cantinas
La intervención transformó el tramo entre Suárez y Olavarría con prioridad peatonal, nuevas veredas, arbolado e iluminación.
La calle Necochea tiene una nueva forma. Con la colocación de los bolardos culminó la revitalización de uno de los corredores más representativos de La Boca, una traza histórica donde conviven el tango, las cantinas, la arquitectura de chapa y madera y las ferias que forman parte de la identidad del barrio y de la Ciudad de Buenos Aires.
Durante buena parte del siglo XX, la calle Necochea fue uno de los epicentros de la noche boquense. Sus cantinas construyeron un circuito gastronómico y musical al que llegaban porteños y turistas atraídos por una combinación singular de comida, espectáculos y tango. Esa historia dejó una marca que todavía forma parte del imaginario del barrio, incluso después del cierre de muchos de aquellos establecimientos.
La intervención impulsada por el Gobierno porteño se desplegó sobre el tramo comprendido entre la avenida Suárez y Olavarría y modificó de manera integral la fisonomía de la calle. Se nivelaron veredas y calzadas para eliminar barreras arquitectónicas, se incorporaron nuevas superficies continuas para facilitar la circulación peatonal y se sumaron arbolado urbano, luminarias LED y bolardos que delimitan las áreas destinadas a quienes circulan a pie.
Así quedó la renovada calle Necochea, uno de los corredores históricos de La Boca
En la intersección con Olavarría, además, se reorganizó el tránsito vehicular: se mantuvo un único carril de circulación y se incorporaron nuevas dársenas de estacionamiento, en un intento por compatibilizar la movilidad de los autos con una mayor prioridad peatonal.
Las obras forman parte del Masterplan de Desarrollo e Integración del Sur, una estrategia que busca intervenir distintos puntos de la zona sur porteña y potenciar su actividad urbana, turística y comercial. En Necochea, sin embargo, el desafío va más allá de renovar la calle: también implica preservar la identidad y la historia que la convirtieron en un emblema de La Boca.
La apuesta, en ese sentido, es recuperar el corredor desde una nueva dimensión, con más espacio para caminar, mayor accesibilidad y mejores condiciones de uso, pero preservando el peso simbólico de una calle que durante décadas fue escenario de parte de la vida nocturna, gastronómica y musical del barrio.
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"Esta renovación va a potenciar a La Boca como nunca antes. Dijimos que íbamos a liberar y a recuperar el espacio público y lo hicimos", sostuvo el Jefe de Gobierno, Jorge Macri. En la misma línea, Marcelo Di Mario, Subsecretario de Integración y Desarrollo del Sur, destacó que la obra "representa mucho más que una intervención urbana: es una puesta en valor de la historia, la identidad y el enorme potencial de La Boca, donde la tradición y la cultura conviven en una zona clave para el desarrollo del sur".
Una calle pensada para caminar
Uno de los principales cambios se percibe a nivel del suelo. Las veredas y las calzadas fueron niveladas para generar superficies continuas, reducir barreras arquitectónicas y facilitar el desplazamiento peatonal. La decisión cambia la percepción de la calle y busca favorecer una circulación más cómoda entre los distintos comercios, atractivos y espacios del entorno.
En el sector de Olavarría se mantuvo un carril destinado a la circulación vehicular y se incorporaron dársenas de estacionamiento. De esta manera, la propuesta intenta compatibilizar el tránsito con una mayor superficie destinada a los peatones.
La transformación de Necochea también permite mirar la obra desde una discusión más amplia: qué significa recuperar el espacio público en un barrio cuya identidad se construyó, precisamente, en la calle.
El arquitecto e historiador urbano Adrián Gorelik ha analizado la categoría del espacio público no solo como una plataforma física o un trazado vial, sino como el territorio donde reside la memoria colectiva y se entrelaza la vida barrial.
Así lucía la calle Necochea antes de la intervención que renovó veredas, calzadas y espacio peatonal
En El romance del espacio público, reconstruye cómo el espacio público se convirtió desde los años 80 en una categoría central para pensar las transformaciones de Buenos Aires. En el caso porteño, señala que aquel proceso tuvo como correlato la recuperación de un protagonista particular: “el barrio popular”, al que define como una modulación especialmente característica de Buenos Aires.
Esta mirada sirve especialmente para pensar La Boca, un barrio que construyó buena parte de su identidad en sus calles, clubes, conventillos, cantinas y comercios. Gorelik recupera la idea del “urbanismo de lo pequeño” para pensar intervenciones sobre la trama existente, pero también advierte que transformar físicamente una calle no alcanza: el espacio público cobra sentido a partir de los usos y apropiaciones de quienes lo habitan.
La historia cultural del sector es uno de los elementos que la CABA busca aprovechar con la renovación. Necochea integra un territorio donde todavía conviven distintas capas de la identidad boquense: el tango, la gastronomía, las ferias, el patrimonio arquitectónico y el movimiento turístico que generan algunos de los sitios más reconocibles del barrio.
Con las obras terminadas, el corredor Necochea inicia una nueva etapa que busca recuperar movimiento, actividad comercial y vida urbana
GD/fl
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