Lealtad eterna

Chonino, el ovejero alemán que transformó el deber en leyenda y originó el Día Nacional del Perro en Argentina

La historia del can trascendió el ámbito policial para convertirse en un símbolo nacional de lealtad, valentía y compañerismo. Su sacrificio dio origen a una efeméride que cada 2 de junio también promueve la adopción responsable y el cuidado de los animales.

En el predio del Cuerpo de la Policía Montada de la Policía Federal Argentina, en Palermo, se erigió un monumento de bronce que representa la figura del canino Foto: CEDOC

Lo que comenzó como un patrullaje preventivo de rutina en el barrio de Villa Devoto terminó en un enfrentamiento armado que costó la vida de un agente policial y de su fiel compañero canino, y convirtió a la noche del 2 de junio de 1983 en una fecha grabada en la historia policial argentina como el origen de un mito de lealtad animal que redefinió los vínculos entre humanos y caninos. Aun así, la resolución del crimen y la repercusión social del suceso transformaron la percepción colectiva de los animales de servicio, dando origen a la instauración del Día Nacional del Perro.

Al nacer el 4 de abril de 1975 en la Ciudad de Buenos Aires, Chonino, un ovejero alemán, quedó destinado desde temprana edad a una vida ligada al servicio público. Durante diciembre de 1977, luego de superar rigurosas pruebas de aptitud física y psíquica, fue seleccionado e incorporado a la División Perros de la Policía Federal Argentina.

No existen registros sobre su procedencia antes de ingresar a la institución, ni precisiones documentales sobre el motivo de su bautismo. Al respecto, Juan Carlos Sibert, hermano del suboficial Luis Sibert, sugirió que la designación de "Chonino" fue obra de algún agente policial que interactuó con el cachorro antes de que se iniciara.

En el predio del Cuerpo de la Policía Montada de la Policía Federal Argentina se erigió un monumento de bronce que representa la figura del canino

Luego de ser asignado a distintos instructores durante su etapa de formación, Chonino pasó casi un año bajo la tutela de un integrante de la fuerza que lo describió como un perro sumamente dócil, juguetón, incapaz de iniciar peleas con otros animales y con una enorme disposición para el trabajo cooperativo. Su primer gran despliegue operativo tuvo lugar en junio de 1978, cuando formó parte del complejo dispositivo de seguridad desplegado en el estadio de River Plate (el Monumental) durante el partido inaugural de la Copa Mundial de Fútbol entre las selecciones de Alemania y Polonia.

Acto seguido, el can fue asignado en forma definitiva al suboficial Luis Sibert. Desde ese momento, el binomio forjó una relación inquebrantable sustentada en un afecto mutuo que desbordaba los límites del entrenamiento táctico formal.

Al pie de la escultura de un perro de apariencia vital y alegre, un cartel reza: "A Chonino, que dio su vida por salvar a su guía y amigo"

Chonino demostraba una conducta dual sumamente singular: sumiso y encantador con su guía y las personas de su confianza, pero implacable y veloz a la hora de neutralizar amenazas bajo condiciones de peligro extremo.

La cronología de la noche del 2 de junio de 1983

La reconstrucción precisa de las circunstancias que rodearon la muerte de Chonino permite dimensionar la magnitud de su sacrificio en el cumplimiento del deber. Aproximadamente a las 20 horas del 2 de junio de 1983, bajo una persistente lluvia invernal, se dispuso el patrullaje de una zona comercial del barrio de Villa Devoto debido a llamados de emergencia recibidos en la Comisaría 45. El operativo estaba integrado por el suboficial Luis Sibert, el agente Jorge Ianni y Chonino.

Al transitar por la esquina de la Avenida Lastra y la Avenida General Paz, los uniformados advirtieron la presencia de dos hombres que deambulaban de manera sospechosa junto a la cortina metálica de un comercio que se disponía a cerrar sus puertas. Con el propósito de identificarlos, los policías se aproximaron y les exigieron la presentación de sus documentos de identidad. La respuesta de los sospechosos fue inmediata: extrajeron armas de fuego de entre sus ropas e iniciaron un violento tiroteo que hirió de gravedad tanto a Sibert como a Ianni, quienes cayeron ensangrentados.

Frente al cuadro de extrema vulnerabilidad, y encontrándose él mismo herido en el suelo, el suboficial Sibert pronunció la orden de ataque reservada para situaciones límite: "¡Chonino, ataque!". El animal, acatando de inmediato la instrucción, se lanzó como un rayo en medio de las detonaciones contra uno de los delincuentes. Logró abalanzarse sobre él, desarmarlo y morderlo, entablando una feroz lucha defensiva. Al observar la escena, el segundo asaltante disparó directamente contra el pecho del ovejero alemán, causándole una herida mortal de extrema gravedad.

Ubicado en el barrio de Palermo, se trata de una calle lindera a las vías del tren, entre Jerónimo Salguero y la Avenida Carlos Casares

Los delincuentes se disponían a emprender la huida cuando uno de ellos efectuó un último disparo dirigido al cuerpo indefenso de Sibert con la intención de rematarlo. Chonino interpuso su propio cuerpo y absorbió el impacto de la bala, oficiando como un escudo protector que frustró el asesinato del suboficial. Con las últimas fuerzas que le quedaban, el can se arrastró penosamente sobre la acera, lamió el rostro ensangrentado de su guía herido, se acostó a su lado y murió.

Aun así, las ambulancias y los refuerzos policiales arribaron al lugar de la balacera, los paramédicos advirtieron un detalle conmovedor: el animal fallecido mantenía sus mandíbulas fuertemente cerradas debido al rigor mortis, aferrando un trozo de tela azul de la campera del delincuente al que había atacado.

Dentro del fragmento de vestimenta de la boca del can, se alojaban los documentos de identidad oficiales de uno de los delincuentes. Este hallazgo de carácter providencial facilitó que el personal de la Policía Bonaerense y de la Policía Federal localizara y detuviera a ambos delincuentes apenas cinco días después en la Provincia de Buenos Aires.

Posteriormente, los responsables del ataque fueron sometidos a juicio y sentenciados a la pena de ejecución perpetua por los delitos de homicidio y lesiones graves en acto de servicio.

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La efeméride que cada 2 de junio conmemora el Día Nacional del Perro en Argentina nació gracias al impulso de la periodista y escritora Cora Cané, quien a mediados de la década de 1990 promovió una campaña para que el aniversario de la muerte de Chonino se transformara en una fecha de homenaje a todos los perros. Su iniciativa, respaldada por organizaciones protectoras de animales y fuerzas de seguridad, fue oficializada en 1996 con el objetivo de destacar valores como la lealtad, fomentar la adopción responsable y concientizar sobre el cuidado animal.

 

MV