Cómo se vivió la cuarta Marcha Federal Universitaria: docentes y estudiantes contra el ajuste
Miles de personas volvieron a movilizarse en Plaza de Mayo en defensa de la universidad pública, en medio de recortes y crisis salarial.
La Avenida de Mayo vuelve a convertirse este martes en el aula más grande del país. Bajo un sol que ya no calienta como en abril, guardapolvos, banderas, carteles escritos a mano convergen hacia una Plaza de Mayo blindada por el protocolo antipiquetes. No es una movilización más; es la cuarta Marcha Federal Universitaria bajo la administración de Javier Milei.
La movilización tendrá su acto central en Plaza de Mayo bajo la consigna “Por la educación, la universidad pública y la ciencia nacional”, en reclamo por el incumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario aprobada por el Congreso en 2025 y tras el reciente recorte de $110.000 millones en educación y ciencia oficializado apenas ayer en el Boletín Oficial.
Desde temprano comenzaron a llegar columnas de distintas facultades y universidades nacionales. Sobre la avenida se mezclaban estudiantes, docentes, investigadores del Conicet, familias enteras y agrupaciones políticas. También participaron actores, músicos y referentes culturales que en las horas previas habían difundido videos en apoyo a la movilización.
Mientras el Gobierno calificó la convocatoria como un “acto opositor” y desplegó el protocolo antipiquetes, el tránsito quedó totalmente interrumpido en el eje que conecta el Congreso con la Casa Rosada, afectando la circulación en Avenida de Mayo, Hipólito Yrigoyen y las diagonales Norte y Sur. Entre bombos y banderas, las columnas avanzaron con un cántico unánime: “Universidad de los trabajadores, y al que no le gusta, se jode, se jode”.
La preocupación, repetida en muchas voces, es que el Gobierno entró en un terreno de gravedad institucional al ignorar la Ley de Financiamiento y los fallos judiciales que lo obligan a actualizar los fondos. Lo que se discute hoy es la decisión política de mantener o no el sistema universitario público en funcionamiento.
“La diferencia con las marchas anteriores es que ahora el deterioro es acumulativo”, explicó a PERFIL Germán Pinazo, doctor en Ciencias Sociales, investigador del Conicet y vicerrector de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS). Según detalló, los trabajadores universitarios recibieron aumentos salariales por debajo de la inflación en 25 de los últimos 28 meses. “Un trabajador universitario perdió 7,6 salarios acumulados desde noviembre de 2023”, señaló.
Pinazo desmiente el argumento oficial sobre la falta de auditorías: “El 95% de nuestro presupuesto son salarios y el Gobierno sabe a qué cuenta bancaria le depositamos a cada agente todos los meses. No es un problema de transparencia, es un intento deliberado por romper la universidad”.
Para Pinazo, el conflicto excede lo salarial: “Es un conflicto de una gravedad institucional enorme porque es un gobierno que desconoce la legitimidad y la legalidad de otros poderes del Estado”, afirmó.
En paralelo a la marcha, el Gobierno oficializó un nuevo recorte de casi $110.000 millones destinados a universidades, educación y ciencia y tecnología. La reducción impacta sobre becas de investigación, infraestructura universitaria, proyectos científicos, compras de libros y programas de innovación tecnológica.
El rector de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Ricardo Gelpi, advirtió: “Estamos en una situación dramática. Hace tiempo que venimos advirtiendo cómo estamos; unos meses más podemos seguir, pero no te puedo hablar de años”.
“Te roba tiempo de vida”
Nicolás Podzik, docente del CBC de la UBA y sociólogo, marchó este martes después de otra jornada de trabajo manejando Uber. Da clases desde 2009 y actualmente tiene dos cargos simples que equivalen a 20 horas semanales. Por ambos percibe alrededor de $450.000 mensuales, un ingreso que no alcanza para sostener a su familia, por lo que completa gran parte de sus ingresos trabajando arriba del auto.
“Si trabajara 40 horas semanales como docente, ganaría alrededor de $900.000. La canasta básica familiar está en $1.450.000”, explicó.
La rutina, cuenta, se volvió agotadora. Hay días en los que empieza a manejar a las seis de la mañana, da clases durante la tarde y vuelve al auto hasta entrada la noche. Los fines de semana también trabaja. “Ese tiempo que tenés que invertir en buscar otros ingresos te lo estás sacando de estar con tu familia, de hacer deporte o simplemente de vivir”, relató.
El reclamo se entrelaza con otra idea: la universidad pública como una herramienta de movilidad social y acceso a oportunidades. “Yo soy el primer universitario de mi familia”, contó Podzik. “Sin universidad pública no habría podido estudiar Sociología”.
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