Alerta ambiental en la costa argentina

Detectan microplásticos en playas de la Patagonia: el impacto silencioso de los residuos cotidianos

Un relevamiento del CONICET en el Golfo Nuevo confirmó la presencia de partículas plásticas en agua y arena, incluso en zonas alejadas de centros urbanos. El estudio advierte sobre su persistencia y llama a cambiar hábitos para prevenir un daño mayor.

Microplásticos Foto: Cedoc Perfil

En uno de los paisajes más emblemáticos del sur argentino, donde cada verano confluyen miles de turistas, un contaminante invisible comienza a encender señales de alarma. Investigadores del Centro Nacional Patagónico (CENPAT), dependiente del CONICET, detectaron la presencia de microplásticos en playas de Puerto Madryn y distintos puntos del Golfo Nuevo, en la provincia de Chubut.

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El hallazgo surge del primer relevamiento amplio realizado en la zona, que incluyó 12 estaciones de muestreo distribuidas a lo largo de la costa. El estudio, liderado por la bióloga Ayelén Costa junto al investigador Rodrigo Hernández Moresino, analizó tanto agua de mar como sedimentos durante la primera primavera posterior a la pandemia.

Qué son los microplásticos y por qué preocupan

Los microplásticos son partículas menores a cinco milímetros, prácticamente imperceptibles a simple vista. Se generan principalmente por la degradación de plásticos más grandes, como botellas, envases o fibras textiles.

En el Golfo Nuevo, los científicos detectaron principalmente microplásticos secundarios, es decir, aquellos que provienen del desgaste de objetos de uso cotidiano. Entre los materiales predominantes se encuentra el PET —utilizado en envases de bebidas— y fibras textiles pigmentadas, que ingresan al mar a través de desagües urbanos, como los provenientes del lavado de ropa.

Un dato relevante del informe es la ausencia de microplásticos primarios, como pellets industriales o microesferas, lo que indica que la contaminación no proviene de vertidos industriales directos, sino de hábitos de consumo y descarte de la población.

Diferencias entre el agua y la arena

El estudio también reveló comportamientos distintos según el ambiente analizado. En el agua, las mayores concentraciones de microplásticos se registraron cerca de zonas urbanas, reflejando el impacto inmediato de la actividad humana.

En cambio, los sedimentos funcionan como un archivo acumulativo. Allí, las partículas se distribuyen de manera más homogénea, incluso en playas alejadas de centros poblados. Esto se explica por la acción de corrientes marinas, vientos y características físicas de las playas, que redistribuyen los residuos a lo largo de toda la costa.

Niveles moderados, pero con señal de alerta

Si bien los niveles detectados se consideran “bajos a moderados” en comparación con regiones altamente contaminadas como el Mediterráneo o el Sudeste Asiático, los especialistas advierten que la situación requiere atención.

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El relevamiento establece una línea de base clave para monitorear la evolución del problema en el tiempo. “Era fundamental saber dónde estamos parados”, explicó Costa, quien remarcó que este punto de partida permitirá detectar cambios y actuar de manera preventiva.

La persistencia del plástico es uno de los principales desafíos: lejos de desaparecer, estos materiales se fragmentan en partículas cada vez más pequeñas que permanecen en el ambiente durante largos períodos.

Un riesgo para el ecosistema y la cadena alimentaria

Además del impacto ambiental, los microplásticos representan una amenaza potencial para la fauna marina. Estas partículas pueden ser ingeridas por peces y otros organismos, ingresando así en la cadena trófica.

En esa línea, el equipo científico ya avanza en nuevas investigaciones para analizar la presencia de microplásticos en especies del Golfo Nuevo, un ecosistema reconocido por su biodiversidad, que incluye ballenas, lobos marinos y numerosas aves.

Prevención: el rol clave de la sociedad

El origen de estos residuos es mixto: combina la actividad urbana, el turismo y prácticas vinculadas al mar, como la pesca. Frente a este escenario, los investigadores subrayan la importancia de modificar hábitos cotidianos.

Reducir el uso de plásticos descartables, mejorar la separación de residuos y fomentar el reciclaje aparecen como acciones fundamentales para contener el problema antes de que escale.

El estudio no solo expone una realidad incómoda, sino que también abre una oportunidad: la de actuar a tiempo. En un entorno natural de alto valor ecológico y turístico, la prevención se vuelve una herramienta clave para evitar que este “enemigo invisible” deje una huella irreversible.

 

LV/ff