Estudio: el 32,8% de los adultos no duerme el tiempo suficiente
Según un estudio reciente, realizado a nivel mundial, aproximadamente el 32,8% de los adultos no duerme lo suficiente y se estima que el 10% padece trastorno de insomnio crónico.
Esto en un marco en el que los especialistas recomiendan que los adultos duerman entre 7 y 9 horas por noche para lograr un descanso reparador. Cuando esto no ocurre, pueden aparecer síntomas como cansancio durante el día, irritabilidad, falta de concentración, somnolencia y menor rendimiento intelectual.
Por todo eso se celebra cada año el Día Mundial del Sueño, un evento reconocido internacionalmente que fomenta la comunicación y la concientización sobre la salud del sueño entre investigadores, profesionales sanitarios, pacientes y la población general.
¿Por qué dormir es importante?
“La calidad del sueño es tan importante como la alimentación o la actividad física. Dormir bien permite que el cuerpo recupere energía, regula múltiples funciones del organismo y mantiene un adecuado equilibrio físico y mental", detalla Roxana Berenguer, jefa de Neumonología del Hospital de Clínicas José de San Martín de la UBA sobre este tema.
En este marco, el Hospital Británico de Buenos Aires y su Unidad de Sueño, referentes en la salud del sueño en nuestro país, fue designado por la Sociedad Mundial del Sueño como representantes oficiales del evento 2026, encargados de organizar actividades de concientización y educación sobre la salud del sueño.
Las claves para un sueño saludable
El sueño es una función de nuestro cuerpo esencial para la salud, al igual que la alimentación y la actividad física. Contribuye a la memoria y al aprendizaje, ayuda a eliminar los desechos producidos por las neuronas en el cerebro y fortalece la salud cerebral. A su vez, un cerebro saludable favorece un buen sueño. El descanso adecuado también beneficia al sistema inmunitario, ayudando a eliminar bacterias y virus peligrosos, a reciclar células viejas y a mantener los niveles de energía.
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La falta de sueño se relaciona con obesidad, diabetes, enfermedad coronaria y muertes de causa cardiovascular. Asimismo, puede reducir la respuesta inmunitaria, lo que aumenta la susceptibilidad a infecciones, las cuales a su vez disminuyen aún más la calidad del sueño.
Ciertos trastornos del sueño, como la apnea obstructiva del sueño y el trastorno de movimientos oculares rápidos (REM, en inglés, o MOR, en castellano), se asocian con deterioro cognitivo, demencia, riesgo de convulsiones y un mayor riesgo de accidente cerebrovascular. Dormir mal puede reducir el tiempo de reacción, deteriorar el juicio y generar deterioro cognitivo con efectos similares a los de la intoxicación alcohólica. De esta manera, la somnolencia puede afectar la conducción.
“Planificar la salud del sueño requiere adaptar las estrategias a la vida de cada persona. Es clave:
- Controlar el entorno de descanso: minimizar la luz, mantener la temperatura fresca y sentirse cómodo y relajado.
- Establecer horarios de sueño regulares y dormir al menos siete horas por noche ayuda a mejorar el descanso.
- También es importante reflexionar sobre la satisfacción con el sueño, monitorear el progreso y crear un plan de acción gradual.
El primer paso fundamental es reconocer que el sueño es esencial para la salud y convertirlo en una prioridad en la vida diaria”, concluyó el Dr. Eduardo Borsini, profesional del Servicio de Neumonología. Unidad de sueño. Hospital Británico de Buenos Aires.
LT