Luciana Canziani: “Cuando un chico juega a agredir, está mostrando un límite que se perdió”
En una entrevista, la psicóloga y perito del Fuero Penal analiza la creciente ola de violencia y bullying que sacude a las instituciones educativas del país. A raíz de los recientes y trágicos episodios en Santa Fe, Santa Cruz y El Palomar, la especialista advierte que las representaciones de extrema violencia en las aulas no deben ser minimizadas como conductas aisladas, sino leídas como señales de alarma social. Canziani profundiza en la eficacia de los protocolos actuales, la necesidad de una presencia real de los padres y la urgencia de trabajar en la detección temprana.
“Cuando un chico juega a fusilar o a agredir física o verbalmente a otro, no está jugando: está mostrando un límite que se perdió”, afirma de manera contundente Luciana Canziani, psicóloga y perito de parte en el Fuero Penal.
La muerte de Ian Cabrera, de tan solo 13 años, a manos de un compañero de la Escuela N° 40 Mariano Moreno de la localidad de San Cristóbal de 15 el lunes pasado en la provincia de Santa Fe, puso otra vez sobre la mesa de debate un tema que parece no tener solución, o al menos, no encontrar la herramientas necesarias al respecto.
Pero la situación se torna aún más complicada si se tiene en cuenta que pocos días después de este trágico hecho, un alumno de 7º grado de una escuela de Pico Truncado, en la provincia de Santa Cruz, exhibió ante sus compañeros de aula una pistola de gas comprimido de manera intimidatoria. A fines del mes pasado, alumnos de 5º año de una escuela de El Palomar simularon un fusilamiento para presentar el buzo de egresados. Si bien la escena fue organizada con autorización de las autoridades de la escuela, la situación generó un fuerte repudio por el contenido de la performance al viralizarse en las redes sociales.
“Cuando un chico llega a representar o fantasear con escenas de extrema violencia, como simular un fusilamiento o incluso llevar un arma a la escuela, no estamos frente a un hecho aislado ni ‘una broma sin más’, sino ante una señal de alerta que habla de múltiples factores en juego”, agregó Canziani, sin ocultar su preocupación ante el auge de situaciones de bullying o acoso escolar que se dieron en los últimos tiempos.
En relación con las “herramientas” que existen a la hora de intervenir en un hecho de violencia extrema en el ámbito escolar, durante su charla con PERFIL, Canziani señaló que “existen protocolos de actuación en la mayoría de las jurisdicciones, y son necesarios. Sin embargo, su eficacia depende de la implementación real y no meramente formal enunciativa. Las herramientas claves son la prevención, la detección temprana y la intervención interdisciplinaria. La escuela debe trabajar en educación emocional, también los padres deben sostener un rol activo, con escucha y presencia real. Cuando los protocolos se aplican de forma integral no solo reactiva, resultan eficaces”, puntualizó la perito de parte.
Un dato para tener en cuenta, explica la psicóloga, es que “no todos los casos de bullying derivan en violencia extrema. Es fundamental aclararlo: la enorme mayoría de los niños y adolescentes que sufren bullying no se vuelven violentos. Sin embargo, cuando se combinan ciertos factores de riesgo, como aislamiento, sufrimiento psíquico, falta de adultos disponibles, acceso a armas y modelos violentos, el escenario puede volverse crítico”.
Para Canziani, el bullying es un fenómeno grupal, no individual. Muchas veces, los adultos (familia, escuela) no cuentan con herramientas para detectar dinámicas vinculares complejas o tienden a intervenir cuando la situación ya está instalada.
Se trata, en definitiva, “de conductas que emergen de la interacción entre factores personales, vinculares y sociales, y que siempre deben ser tomadas como señales de alarma que requieren escucha, intervención adulta y trabajo preventivo”, explicó la experta en salud mental.
Otro de los puntos que siempre afloran en estas cuestiones tiene que ver con las “alertas” o “señales” que tanto víctima como victimario muestran en una situación de bullying.
En este sentido, Canziani aclara que “desde la psicología no es que ‘nadie se percate’, sino que muchas veces las señales no son leídas como tales o aparecen de forma ambigua. Tanto quienes sufren bullying como quienes lo ejercen suelen manifestar indicadores, pero estos no siempre son evidentes ni se expresan de manera directa. En el caso de los chicos que son victimizados, las señales pueden ser silenciosas, como retraimiento, cambios en el ánimo, somatizaciones (dolores físicos sin causa médica), bajo rendimiento escolar o evitación de ciertos espacios. Muchas veces, estos indicadores se confunden con “etapas” o problemas individuales, y no se los vincula con una situación de acoso.
Mientras que las señales que muestran quienes ejercen el bullying son socialmente más naturalizadas o minimizadas. En estos casos se evidencian conductas de agresión, necesidad de dominio, baja tolerancia a la frustración o dificultades en la empatía, que suelen ser interpretadas como ‘problemas de conducta’ aislados, sin indagar en el trasfondo emocional o vincular que las sostiene”, concluyó la licenciada Canziani.
Entre el bullying y las falsas denuncias
Más allá de su injerencia en cuestiones relacionadas en el acoso escolar, Luciana Canziani también desarrolla su actividad profesional en cuestiones relacionadas con las falsas denuncias. En este sentido, y ante la consulta de este diario, Canziani señaló que en la Argentina, el debate sobre las falsas denuncias se instaló en el centro de la discusión pública y judicial. Lejos de posiciones extremas, se trata de un fenómeno complejo que exige abordajes serios, evidencia y responsabilidad profesional.
En las últimas semanas, investigaciones volvieron a encender alarmas. En Santa Fe, padres denunciaron a psicólogas por la presunta elaboración de informes falsos en causas de abuso infantil, que habrían derivado en años de desvinculación con sus hijos, pese a posteriores absoluciones. Casos similares señalan patrones de pericias cuestionadas y reabren un punto crítico: el peso determinante de los informes técnicos en decisiones judiciales.
El tema también aparece en casos mediáticos. Las denuncias de jugadoras contra el DT Diego Guacci, difundidas en los últimos días, evidencian cómo este tipo de situaciones puede generar daños en múltiples niveles. Por un lado, quienes denuncian quedan expuestas a la presión pública; por otro, el acusado enfrenta una condena social anticipada que impacta en su vida personal y profesional. En este escenario, la sociedad tiende a polarizarse y tomar partido de forma inmediata. Así, el debate se desplaza del ámbito judicial al terreno de la opinión, donde la prudencia y la objetividad suelen quedar relegadas. El impacto es profundo. Una falsa denuncia no solo afecta al acusado; también erosiona la credibilidad del sistema y perjudica a víctimas reales. Pero negar su existencia también invisibiliza casos concretos que la Justicia empieza a revisar.
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