Fe y esperanza

Por qué San Cayetano lleva una espiga de trigo: el misterio de un símbolo único en Argentina

​Cada 7 de agosto, millones de fieles renuevan una tradición que tiene una singularidad única en el mundo

San Cayetano Foto: San Cayetano

Cada 7 de agosto, miles de personas hacen largas filas frente a iglesias y santuarios de todo el país para pedir o agradecer por el pan y el trabajo. La devoción a San Cayetano es una de las manifestaciones religiosas más multitudinarias de la Argentina y posee una característica que la distingue de cualquier otra celebración dedicada al santo en el resto del mundo: la imagen venerada en el país sostiene una espiga de trigo, un símbolo que no forma parte de la iconografía original del sacerdote italiano.

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Esta singularidad despertó durante décadas la curiosidad de historiadores, investigadores y fieles. Mientras en Italia y en otros países San Cayetano suele ser representado con el Niño Jesús en brazos, una cruz, un libro o atributos sacerdotales, únicamente en Argentina aparece acompañado por una espiga de trigo, emblema inseparable de la petición por "pan y trabajo" que caracteriza a su fiesta.

La historia de San Cayetano: el sacerdote italiano que dedicó su vida a ayudar a los pobres

San Cayetano, cuyo nombre original era Gaetano de Thiene, nació el 1 de octubre de 1480 en Vicenza, en el norte de la actual Italia. Provenía de una familia noble con gran influencia política y económica. Tras estudiar Derecho Civil y Derecho Canónico, ingresó al servicio de la Santa Sede y desempeñó funciones en la corte del papa Julio II.

Pese a su posición privilegiada, decidió orientar su vida al servicio de los pobres y de la renovación espiritual de la Iglesia. En 1516 fue ordenado sacerdote gracias a una dispensa concedida por el papa León X y comenzó una intensa actividad pastoral centrada en la asistencia a enfermos, necesitados y personas marginadas.

Su compromiso con una Iglesia más cercana a los más vulnerables también lo llevó a fundar, junto con Gian Pietro Carafa —quien años después sería el papa Pablo IV—, la Orden de los Clérigos Regulares, conocidos posteriormente como los teatinos. La congregación promovía una vida basada en la confianza absoluta en la Providencia, rechazando la acumulación de riquezas y viviendo únicamente de las donaciones voluntarias.

La espiritualidad de San Cayetano estuvo marcada por una profunda confianza en la Providencia divina. Durante toda su vida impulsó la creación de hospitales, asistió a enfermos durante epidemias y buscó aliviar la pobreza que afectaba a numerosas ciudades italianas.

Entre los episodios más recordados de su biografía figura una experiencia mística ocurrida durante la Navidad de 1517 en la basílica de Santa María la Mayor, en Roma. En una carta dirigida a la religiosa Laura Mignani relató que la Virgen María le entregó al Niño Jesús en sus brazos, escena que posteriormente inspiraría gran parte de las representaciones artísticas del santo.

Por qué San Cayetano lleva una espiga de trigo: el misterio de un símbolo único en Argentina

También desempeñó tareas de mediación durante conflictos políticos y sociales en Nápoles. El desgaste físico provocado por esa intensa actividad terminó deteriorando su salud y falleció el 7 de agosto de 1547, a los 66 años. Sus restos descansan actualmente en la cripta de la iglesia de San Paolo Maggiore, en Nápoles.

Fue beatificado en 1629 por el papa Urbano VIII y canonizado en 1671 por el papa Clemente X.

Cómo llegó la devoción de San Cayetano a la Argentina gracias a Mama Antula

La expansión del culto a San Cayetano en América estuvo vinculada a la labor de los sacerdotes teatinos. En el actual territorio argentino, la devoción tuvo uno de sus primeros centros en Santiago del Estero.

Allí conoció su figura María Antonia de Paz y Figueroa, conocida como Mama Antula, quien difundía los Ejercicios Espirituales inspirados en la tradición jesuita. Al trasladarse al entonces Virreinato del Río de la Plata fundó en Buenos Aires la histórica Casa de Ejercicios Espirituales y eligió a San Cayetano como patrono, ya que la institución sobrevivía únicamente gracias a las limosnas y a la confianza en la Providencia.

Con el paso de los años, las religiosas continuaron difundiendo esa devoción. En el siglo XIX recibieron tierras donadas por María Mercedes Córdova, donde levantaron una capilla dedicada al santo en la zona que hoy ocupa el barrio porteño de Liniers.

Aquella pequeña iglesia sería el origen del actual Santuario de San Cayetano, uno de los principales centros de peregrinación religiosa de América Latina.

La crisis económica de 1930 y el nacimiento del símbolo del pan y el trabajo

Aunque San Cayetano ya era conocido por numerosos fieles, su popularidad se multiplicó durante la profunda crisis económica que atravesó la Argentina en la década de 1930.

El desempleo, la pobreza y las dificultades para conseguir alimentos hicieron que miles de personas comenzaran a acudir al santuario para pedir ayuda espiritual frente a la falta de trabajo.

En ese contexto tuvo un papel decisivo el padre Domingo Falgioni, párroco del templo entre 1928 y 1938. Con el objetivo de extender la devoción, impulsó una intensa campaña de difusión mediante estampas, publicaciones religiosas y acciones pastorales.

Qué significa la espiga de trigo que sostiene San Cayetano

Existen dos explicaciones tradicionales sobre el nacimiento de este símbolo.

La primera sostiene que el padre Falgioni decidió incorporar una espiga de trigo a las estampas distribuidas entre los fieles para representar el pan que tantas familias necesitaban durante la crisis económica. El trigo sintetizaba el alimento cotidiano y reforzaba la idea de que San Cayetano era un intercesor para quienes buscaban trabajo y sustento.

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La segunda versión pertenece a la tradición popular. Según ese relato, durante una fuerte sequía se organizó una rogativa pidiendo la intercesión del santo. Poco después llegaron las lluvias, los cultivos pudieron recuperarse y volvió a crecer el trigo. Desde entonces, la espiga habría quedado incorporada como recuerdo de aquel supuesto hecho considerado milagroso por muchos devotos.

No existen documentos históricos concluyentes que permitan confirmar definitivamente una de las dos versiones. Sin embargo, investigadores de la historia del santuario coinciden en que ambas tradiciones forman parte del origen de una iconografía exclusivamente argentina.

Lo cierto es que la espiga terminó convirtiéndose en un símbolo inseparable de San Cayetano en el país y no aparece en las imágenes veneradas en Italia ni en otras naciones donde también existe devoción por el santo.

La tradición de pedir pan y trabajo a San Cayetano que perdura hasta hoy

Con el paso del tiempo, la espiga dejó de representar únicamente el alimento para transformarse en un emblema mucho más amplio: el trabajo digno como camino para obtener el pan cotidiano.

Por ese motivo, la tradicional oración "San Cayetano, danos pan y trabajo" pasó a identificar la celebración del 7 de agosto y acompañó durante décadas a millones de argentinos en contextos de crisis económicas, desempleo e incertidumbre social.

Cada año, las columnas de peregrinos que llegan al santuario de Liniers llevan espigas, panes o pequeños ramos de trigo como signo de esperanza y agradecimiento.

Más de cuatro siglos después de la muerte del sacerdote italiano, San Cayetano continúa siendo uno de los santos más venerados por los argentinos. La peregrinación del 7 de agosto reúne a personas de distintas edades y realidades sociales que llegan para agradecer un empleo conseguido, pedir por un familiar desocupado o simplemente renovar su fe.

 

LV/ff