Soledad patológica: cuide su salud y rente un buen amigo
Puede sonar extraño, pero permanecer demasiado tiempo solo puede enfermarte y pagarle a un desconocido para que sea tu amigo puede curarte.
¿Sabías que se puede rentar un amigo? En Rent a Friends, una plataforma online, se puede elegir entre miles de perfiles y pagar unos 10 dólares por hora para salir a caminar o a tomar un café con un amigo rentado. Esta empresa de origen estadounidense ya está en Argentina y no es la única: hay varias plataformas similares.
En la misma línea, también se puede rentar una novia. No estamos hablando de la prostitución clásica; estamos hablando del servicio de novia virtual en plataformas como CandyChatApp, en las que se contrata a chicas para que hagan videollamadas, escriban mensajes y mantengan conversaciones de todo tipo con hombres, fingiendo una relación amorosa estable.
Este tipo de negocios generados a través de estas plataformas son posibles porque hay una creciente demanda de vínculos, y esto se debe a que hay una verdadera pandemia de la soledad que, para millones de personas, se vuelve insoportable, al punto de pagar para ir a tomar un café con un amigo o para que una chica finja ser la novia por una hora.
La pandemia de soledad como una crisis de salud pública global
La pandemia de soledad representa hoy una crisis de salud pública global que trasciende el sentimiento individual para convertirse en una amenaza estructural. Según datos de la OMS, esta desconexión social afecta a mil millones de adultos y se vincula con más de ochocientas mil muertes anuales, elevando el riesgo de demencia y enfermedades cardiovasculares en niveles similares a fumar quince cigarrillos por día. La magnitud del fenómeno alcanza a uno de cada cuatro adultos en el mundo, pero impacta con especial dureza en la Generación Z, donde el aislamiento crónico llega al sesenta por ciento en diversas regiones.
Esta crisis no solo deteriora la salud mental mediante la ansiedad y la depresión, sino que debilita el sistema inmunológico y acelera el deterioro cognitivo. Pero,¿qué tiene de malo estar solo? ¿Por qué es tan perjudicial para nuestra salud y, en tal caso, por qué ahora hay más soledad que en anteriores momentos de la historia?
Probablemente estemos frente a una de las mayores contradicciones del siglo XXI: por un lado, la cultura y la forma en la que estamos produciendo avanzan hacia una existencia cada vez más solitaria; por otro, nuestra biología está preparada para una vida en comunidad.
¿Cuál es el mejor momento del día para hacer ejercicio físico?
Efectos de la soledad crónica en el cerebro y el sistema nervioso
Es decir, el auge de la comunicación digital, la idea imperante desarrollada por Byung-Chul Han en La sociedad del cansancio, según la cual medimos el tiempo y los vínculos con estándares productivos, y la lógica descartable de las relaciones analizada por Zygmunt Bauman en Amor líquido, mediante la cual solo nos quedamos con las relaciones que nos resultan fáciles y funcionales, están construyendo un mundo de individuos cada vez más aislados. Las relaciones dejaron de ser fines en sí mismas y pasaron a ser medios. Varias veces por semana escucho frases como: “Necesito gente que me sume”.
Por otro lado, evolutivamente el ser humano es un animal gregario que pudo llegar a domar la naturaleza y volverla segura gracias a la cooperación. En resumidas cuentas, nuestro software va cada vez más en contra de nuestro hardware.Para tus neuronas, estar solo en un departamento de Buenos Aires un viernes a la noche se procesa bajo el mismo código de “alerta máxima” que estar perdido en el bosque hace diez mil años.
Según la Teoría Evolutiva de la Soledad, desarrollada principalmente por el doctor John Cacioppo, quien fue director del Centro de Neurociencia Cognitiva y Social de la Universidad de Chicago y es considerado el “padre” del estudio científico de la soledad, el sistema nervioso interpreta la soledad prolongada no solo como una tristeza, sino como una amenaza directa a la supervivencia. Recordemos que para nuestra especie el aislamiento equivalía históricamente a la muerte.
Esto activa una respuesta de estrés crónico que inunda el cuerpo de cortisol y catecolaminas. A diferencia del estrés agudo —que nos ayuda a huir de un peligro—, este goteo constante de hormonas mantiene al cuerpo en un estado de inflamación sistémica de bajo grado. Esta inflamación crónica es la que daña las arterias, eleva la presión y debilita la respuesta de los glóbulos blancos ante virus o bacterias, dejando el sistema inmunológico exhausto y menos eficiente.
Dormir siete horas y hacer ejercicio: la fórmula que reduce el riesgo de demencia, según un estudio
A nivel cognitivo, el mecanismo es igualmente devastador. La falta de estímulo social reduce la neuroplasticidad, específicamente en el hipocampo, el área del cerebro responsable de la memoria y el aprendizaje. La interacción social es una de las tareas cognitivas más exigentes que existen: requiere procesar lenguaje, leer gestos, interpretar intenciones y regular emociones en tiempo real. Cuando este “entrenamiento” desaparece, el cerebro empieza a perder densidad sináptica. Se ha observado que, en personas que sufren soledad crónica, el cerebro presenta una acumulación más rápida de placas de proteína beta-amiloide, el marcador biológico del Alzheimer, acelerando así el declive mental.
Finalmente, el deterioro se retroalimenta a través de la arquitectura del sueño. El cerebro en estado de hipervigilancia por soledad no logra alcanzar las etapas de sueño profundo y reparador (fase REM), ya que permanece en alerta ante posibles “amenazas” externas.
Durante el sueño es cuando el cerebro realiza su limpieza de toxinas metabólicas; al no descansar adecuadamente, estos desechos se acumulan, afectando la claridad mental, el control de los impulsos y la capacidad de concentración al día siguiente. No es solo que la persona se “sienta” mal; es que su hardware biológico se está degradando prematuramente por la falta de un entorno social seguro que le permita desactivar las respuestas de supervivencia.
Alguien nos podría replicar que, cuando está solo en la casa, no siente un nivel de nerviosismo particular. Esa es la gran trampa de la soledad moderna: la diferencia entre lo que sentís conscientemente y lo que tu cuerpo hace silenciosamente. No sentís un “ataque de pánico” o un nerviosismo evidente porque el cerebro es experto en normalizar estados crónicos.
Sin embargo, a nivel biológico, lo que ocurre no es un estallido, sino un desgaste por goteo. Cuando estás en tu casa tranquilo, tu mente racional —el neocórtex— te dice que todo está bajo control: hay luz, comida y una serie en la pantalla. Pero el doctor John Cacioppo demostró que, en personas que viven solas o se sienten aisladas, el cuerpo mantiene lo que llamó “microdespertares”.
Incluso si creés que dormís bien, los estudios de polisomnografía muestran que el cerebro de alguien que se siente solo no alcanza la misma profundidad de sueño que alguien que se siente “seguro” en su grupo. Es un estado de vigilancia de bajo nivel; no es que estés temblando de miedo, es que tu sistema cardiovascular nunca termina de ponerse en “modo ahorro”.
Tu presión arterial basal y tus niveles de cortisol son ligeramente más altos que si estuvieras acompañado. Es la diferencia entre un motor apagado y un motor en “punto muerto” que sigue consumiendo combustible.
Otra forma en que esto opera sin que te des cuenta es a través del procesamiento de la información. El cerebro bajo el efecto de la soledad se vuelve más sensible a las señales negativas. Podés estar en tu casa relajado, pero si te llega un mensaje de texto ambiguo o ves algo en redes sociales, tu reacción biológica de defensa es mucho más rápida y aguda.
Rentar un amigo como terapia para recuperar las habilidades sociales
El nerviosismo no está “ahí” todo el tiempo, sino que el umbral para que aparezca es mucho más bajo. Estás biológicamente predispuesto a la defensiva. Por todo eso, volviendo al planteo inicial sobre el alquiler de amigos, es natural que alguien que pasa demasiado tiempo solo y desarrolla todos estos problemas de salud también tenga algo averiadas sus aptitudes sociales.
Esto puede meterlo en una suerte de círculo vicioso en el que no quiere relacionarse con nadie porque cada vez que lo hace siente rechazo. En ese caso, rentar un amigo que realmente esté interesado en “trabajar de amigo”, dando una escucha atenta y empática, puede resultar un buen puente hacia la vuelta de las relaciones sociales no pagas.
Esto se ha observado en países como Japón, donde el mercado de “alquiler de amigos” o familiares está muy desarrollado. Para alguien que ha perdido sus habilidades sociales, rentar un amigo puede servir para “calibrar” el músculo de la conversación y bajar los niveles de ansiedad social, facilitando que luego pueda buscar vínculos reales. Es como usar una prótesis o hacer kinesiología social: no reemplaza al miembro real, pero ayuda a recuperar la función. Por todo esto, rentar un amigo, lejos de ser algo que dé vergüenza, puede ser una forma de cuidar la salud.
También te puede interesar
-
Demi Moore y sus hijas preparan el último adiós de Bruce Willis: lo acompañan y donarán su cerebro a la ciencia
-
La historia de amor de Oscar Martínez y Marina Borensztein: eran amigos, superaron los escándalos y el Rosedal de Palermo como celestino
-
Marley mostró las mejores fotos del primer campamento de Mirko con sus amigos
-
Digitalizaron cerebro de una mosca y lo hicieron “vivir” en una simulación