COLUMNISTAS
Legalización

Alberto porro

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Imágenes callejeras. La primera en New Jersey. La segunda en Manhattan. | Carlos Ares

De paso por Nueva York pensé en ti, Alberto. Elegido, la renta inesperada está contigo. Sin aire, boqueando como merluza en la pecera, te tiró un salvavidas. Acá legalizaron el consumo de marihuana con fines recreativos para los mayores de 21 años en condiciones de pitar y reírse un poco, que tanta falta hace. Pueden ir al parque y sentarse a fumar un porrito, como canta Calamaro en Loco. Si los de tu edad, o la mía, no entienden de qué se trata, se los digo en versión Piero: en Nueva York ahora “se puede, se puede”, fumar un faso, manso y tranquilo.

Ligeros como son ellos para los negocios, estiman que la producción y venta de cannabis va a generar en poco tiempo unos sesenta mil puestos de trabajo en blanco. La parte que te va a emocionar es que esperan recaudar 350 millones de dólares al año en impuestos. Unos billetes que no te vendrían nada mal para sopapear con el fajo a Parrilli. Doy por hecho que así como le pegaste a un jubilado, con esa guita en el bolso al menos te vas a atrever con el boludo del mucamo. 

Acompaño estas líneas con un par de fotos para que veas cómo va la carrera desde que dieron la señal de largada. Una la tomé en New Jersey. Un tipo de anteojos, sonríe, dice en inglés y en español: “imagínese en la industria del cannabis” y, más abajo, “oportunidades de crecimiento”, “encuentre su carrera en el cannabis”. Un texto que, subtitulado en argentino, sugiere: “pone unos mangos, aposta a ganador”.

La otra fue en Manhattan. Hice un video de un tipo comprando en un camioncito como los que venden helados, de esos que salen en las películas. El papel del diario todavía no admite vídeos, así que le saque una foto a otro camión de los que se estacionan y venden por toda la ciudad. Arriba, como si fuera que indica el recorrido desde Villa Ortúzar a Rafael Calzada, el cartel titula Flowers con letras de todos los colores. En un continuo, indica además las variedades que ofrece. Un octavo de onza, algo más de tres gramos, alcanzan para armar unos siete, ocho porros, cuesta 40 dólares. El precio legal es el mismo que tenía antes, cuando se vendía en negro.

No me dieron los días para andar haciendo encuestas, si ahora fuman todos los que antes no, si la multitud de turistas que llegan entre mayo y junio deciden probar, pero lo cierto es que el porro a cielo abierto le cambió el perfume a Manhattan. Ya no se huele más esa mezcla de gasolina, aceite de pizzería, comida china, italiana o tailandesa. En todos los barrios se camina en volandas del olor a marihuana.

Son ya dieciséis los Estados que legalizaron. Los residentes pueden comprar y cultivar hasta seis plantas para consumo personal. Tres ya maduras y otras tres verdes. La ley elimina los antecedentes de las personas detenidas por posesión y consumo. La consigna parece ser que fue: si la vamos a hacer la hacemos bien.

Querido Alberto, esta es solo una de varias ideas con las que podrías ir zafando. Ahora que estás por el piso no te vamos a dejar tirado ahí. Es verdad que sos una máquina de decir a cada uno lo que quiere oír, de chamuyar como el abogado que hacía Pepe Biondi, “servidor de ustedes Pepe Curdeles, abogado, jurisconsulto, ladrón de gallinas y manyapeles”, pero en tu gestión se juega la nuestra también y hay que bancar el voto cometido por la mayoría hasta que se termine formalmente tu mandato. 

En realidad, tú gestión se acabó el día que hiciste la fiesta en Olivos para festejar el cumpleaños de Fabiola cuando, a la vez, amenazabas por televisión a quien incumpliera la cuarentena. No te hiciste cargo, le echaste la culpa a tu mujer, y terminaste arreglando el juicio con guita. Eso fue, es, será imperdonable. Espero que la bola de acero del dolor de quienes no pudieron despedirse de sus muertos, te golpee continuamente la conciencia hasta demoler todas las excusas y mentiras que la encubren.

El debate sobre la legalización del faso tal vez ayude a soplar humo en el Congreso, en las redes, a relajar un poco la tensión sobre otros temas más delicados, y graves. Ya la veo, como si la escuchara ahora, a la portalengua, Gabriela Cerruti, aprovechar que está boleada como de costumbre para instalar la consigna electoral “Alberto porro, fúmese otro”.

*Periodista.