domingo 04 de diciembre de 2022
COLUMNISTAS opinión

Brasil en casa

Cronista urbano, Do Rio describe el mundo de Río de Janeiro desde la figura del peatón, el trabajador, las clases subalternas.

26-12-2021 04:13

Quisiera irme de vacaciones a cualquier lado, pero no tengo un mango y me quedo acá, disfrutando de este verano intrascendente, como la vida misma. De todos esos lugares a los que quisiera ir, el primero es Brasil. Por supuesto no a sus playas, franja geográfica que frecuento poco y nada, sino a sus ciudades, a sus ciudades grandes, San Pablo la primera. Caminar por la Paulista hasta la librería Martins Fontes que, como sucede muy a menudo, tiene un gran saldao en su terraza, unos de los secretos mejor guardados de esa ciudad. O comer algo rápido, de parado, en Liberdade, en algún restaurante japonés berreta. A la inversa, ir a San Pablo para mí implica evitar Vila Madalena, sede absoluta del mal gusto y la influencia nefasta de Miami, con sus restaurantes horribles, su estética de plástico y su estilo cool de neofascista sacando a pasear el perro mientras habla por smartphone (Buenos Aires se convirtió en la capital en español de ese horror: el PRO gana las elecciones prometiendo ese aspiracional). Volviendo a la alegría, un pasaje lento –si es posible más de una vez en cada estadía– por el Sebo do Messias y demás librerías de viejo frente a la Plaza João Mendes, lugar que se vuelve encantador no al llegar –al contrario, es más bien feúcha la zona– sino al salir, mientras caminamos mirando a través de la bolsita en la que envuelven los libros que acabamos de comprar. O simplemente pararse a mirar la gente pasar en cualquier esquina de la Rua Augusta o ver pasar los autos y aún más gente por el Viaduto do Chá.

Pues entonces, ya que no puedo ir, al menos puedo descargar mi resentimiento versando sobre algunos autores brasileños, no necesariamente paulistas sino cariocas. O más bien, sobre uno solo, uno solo pero extraordinario: João do Rio. Primero, El alma encantadora de las calles, publicado en 1910. Maravilloso cronista urbano, Do Rio describe el mundo de Río de Janeiro desde la figura del peatón, el pasante, el trabajador, las clases subalternas. João do Rio narra la radical transformación de Río de Janeiro, iniciada en 1903 por Pereira Passos, desde las barriadas marginales, las calles laterales, pero también desde la experiencia de las emergentes clases medias y la perplejidad frente a los nuevos modos de puesta en escena de la personalidad. Sus crónicas lindan con la ficción, se mueven entre diálogos, descripciones literarias y toques de una precisión envidiable. Hay una edición en castellano de El alma… (Ediciones Ambulantes, Madrid, 2011), pero de escasa circulación allí y de ninguna en Buenos Aires. Parece casi imperdonable que las crónicas de Do Rio no tengan más lectores en nuestra lengua.

Segundo, Vida vertiginosa. Publicado originalmente en 1911, hay traducción al castellano también en las Ediciones Ambulantes que, para ser honesto, nunca leí (¿Para qué aclarar “ser honesto”? ¿Acaso alguien duda de la honestidad de lo aquí afirmado?) sino que lo tengo en portugués en una cuidada edición a cargo de João Carlos Rodrigues, para la editorial Martins Fontes, la misma de la librería (San Pablo, 2006). De nuevo, como en El alma…, Do Río cuenta las grandes trasformaciones urbanas (“Y, de repente, llegó la era del automóvil”) a partir de detalles, escenas laterales, y opiniones transgresoras para la época, como en un artículo llamado “Feminismo activo”, de una actualidad sorprendente.