viernes 30 de julio de 2021
COLUMNISTAS UN MUNDO NUEVO
28-03-2021 01:45

Campañas sucias y Perú

La obsolescencia de los políticos es un fenómeno propio de la región. Sendero Luminoso y Fujimori son fantasmas de la guerra fría que no existen para la mayoría. Mientras el mundo vive una acelerada revolución del conocimiento, la mayoría de los políticos no ha llegado mentalmente al siglo XXI. ¿No sería bueno que los dirigentes sepan que acabó la Guerra Fría y que la especie está por colonizar Marte?

28-03-2021 01:45

Joseph Napolitan, fundador de la consultoría política, dice en uno de sus textos que en la primera campaña sucia que se hizo, en 1800, acusaron a un candidato a presidente de los Estados Unidos de mantener relaciones sexuales con una amante negra madre de varios hijos.

Lo acusaron también de ser ateo, fanático y revolucionario, cosas que parecían graves en ese tiempo. Los cargos fueron relativamente ciertos, pero el candidato, Thomas Jefferson, felizmente para el país, fue elegido presidente.

Napolitan decía que hay una línea tenue que separa los ataques legítimos de los que solo fomentan las bajas pasiones. En su criterio  los ataques que tienen que ver con la carrera pública del político son justos si están documentados y se basan en hechos reales. Era lo que el maestro llamaba campaña de contrastes.

Méritos. Las campañas sucias se dedican a hablar mal del adversario en lugar de exhibir los méritos propios. Quieren ganar las elecciones diciendo que su candidato es menos malo, no que es bueno. Supongo que en muchos casos no tienen otra alternativa dada la realidad. A mí no me ocurrió nunca, estoy orgulloso de todos los candidatos con los que colaboré. Fueron siempre los mejores.

Siempre hubo dirigentes que quisieron ganar hablando mal del adversario, difundiendo calumnias y rumores negativos. Son políticos que creen más en la destrucción del competidor que en la construcción de consensos y acuerdos.  Normalmente son fanáticos que se proclaman paladines del bien.

En el 53 A.C., el primer consultor de campañas, Quinto Cicerón, recomendó a su hermano Marco Tulio Cicerón, candidato al Senado: “procura que toda tu campaña se lleve a cabo con gran séquito, que sea brillante, espléndida, popular, que se caracterice por su grandeza y dignidad y, si fuera posible, que se levanten en contra de tus rivales todos los rumores acerca de crímenes, desenfrenos y sobornos”.

En el tiempo contemporáneo se ha discutido mucho la eficiencia de las campañas negativas. Algunos dicen que ponen a los electores en contra del atacado, que las campañas negativas se recuerdan, persuaden y movilizan más que las positivas. Los consultores y políticos con menos formación académica adoran estas actividades que les permiten satisfacer sus odios.

Muchas investigaciones concuerdan en que las campañas negativas generalmente no consiguen votos y tampoco quitan votos a los atacados. Encuentran que con frecuencia se revierten en contra de sus autores. Lo que sí está claro es que las campañas negativas generan hastío y desmotivación en los electores, fomentando el abstencionismo.

Uno de los programas académicos que estudió en detalle el tema culminó con la publicación de varios textos de profesores de Harvard y Stanford, siendo el más interesante “Going Negative: How Political Ads Shrink and Polarize the Electorate”, de Stephen Ansolabehere y Santo Iyengar, críticos de las campañas negativas.

Quienes nos formamos en contacto con Napolitan evitamos hacer campañas negativas. Hay consultores conocidos, sobre todo republicanos, que tienen otra posición, creen que son una magnífica arma para ganar. Son distintos puntos de vista.

En nuestra experiencia, en la mayoría de los casos las campañas negativas no producen un buen efecto político, pero satisfacen las pulsiones retorcidas de algunos. Su uso reiterado termina afectando a la democracia.

Perú. Un caso paradigmático de política sucia es el de Perú.  En las encuestas sobre lo que ocurrirá en 15 días se registra un despecho masivo de la población. El Parlamento y la justicia peruanas están entre los más desprestigiados de América Latina. Las mutuas acusaciones de las dirigentes, repetidas durante décadas terminaron convenciendo a los peruanos de que la política es una basura.

Quieren ganar las elecciones diciendo que su candidato es menos malo, no que es bueno

En estas elecciones se inscribieron 25 partidos, de los cuales 18 tienen candidatos a la presidencia. Todos los estudios dicen que la mayoría de los peruanos no tiene entusiasmo por ninguna candidatura. Los candidatos, en su conjunto, no despiertan esperanza, ni siquiera el interés de la gente.

Yonhy Lescano, de Acción Popular, ocupa el primer lugar según todas las encuestas. Es un ex congresista que subió desde un 4% en diciembre de 2020 al 15% en el que se encuentra amesetado desde hace algunas semanas. Su crecimiento fue lento, con una campaña plana. Algunos analistas extranjeros pueden creer que esto se debe al aparato de AP, pero eso es falso.  Los aparatos partidistas ya no son importantes.

Esta sería la primera ocasión en que un candidato encabece los comicios y pase a la segunda vuelta con 15% de los votos, en Perú y en el mundo. Aunque Lucano no tiene una plataforma atractiva y no despierta el entusiasmo, los estudios dicen que puede ganar en la segunda vuelta a todos sus rivales.

Pelean palmo a palmo por el segundo lugar cuatro candidatos que consiguen un empate técnico, George Forsyth, de Victoria Nacional, con 8%; Rafael López Aliaga, de Renovación Popular, con 8%; Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, con 7% y Verónika Mendoza, de Juntos por el Perú con 6%. Cualquiera podría ir a la segunda vuelta con Lescano.

Podría ser un caso único: sumados los dos candidatos que pasen a la segunda vuelta no llegarían  ni al 20% de los votos. Esto es poco probable porque los indecisos y los que dicen votar nulo, el día de las elecciones terminan optando por el que les resulta menos desagradable. Si cualquiera de los cuatro sabe usar herramientas técnicas puede pasar a la segunda vuelta.

Según el profesor de la Universidad Católica de Lima Fernando Tuesta, las distancias entre los candidatos son tan pequeñas que estas dos semanas serán de una campaña violenta, llena de acusaciones con o sin fundamento. “Más que propuestas, los candidatos mostrarán los dientes”, dice el catedrático.

Si alguno de ellos entiende que hay que superar las bajas pasiones, pensar, y diseñar una campaña que signifique algo para el futuro de los peruanos, podría ir a la segunda vuelta y también ganar la presidencia.

Caudillos. Algún analista dice que Perú tiene caudillos fast food, que consiguen un mínimo respaldo, pero no lo consolidan porque tienen poca formación para hacer campañas modernas, y carecen de un mensaje que llegue a los peruanos en un momento en el que la pandemia volvió la vida más difícil.

Los dirigentes de los viejos partidos se miran el ombligo, creen que es hora de que sus históricas formaciones lleguen al poder, usando un aparato que ha desaparecido con Internet.

El APRA, Fundado en México por Víctor Raúl Haya de la Torre, es uno de los partidos más antiguos y supo tener el mayor aparato de América Latina. Ahora es un escombro. Acción Popular vivió su momento de gloria con la Presidencia de Fernando Belaúnde Terry, pero es solo un recuerdo de personas de la tercera edad. El partido Popular Cristiano fue un desprendimiento de la Democracia Cristiana, partido de centro derecha que defendía la Doctrina Social de la Iglesia. ¿Qué pueden decir sobre los fenómenos contemporáneos como la propia pandemia, la robotización y la inteligencia artificial? Seguramente sus líderes usan todavía máquinas de escribir. Pasó lo mismo en la primera vuelta ecuatoriana: los voceros del pasado no llegaron ni al 2%.

La política peruana es personalista, sus líderes son caudillos efímeros que, por lo general, después de la presidencia terminan en la cárcel.

Candidatos. Al iniciarse el proceso electoral, en septiembre de 2020, George Forsyth encabezaba las encuestas con 23% de intención de voto. Candidato joven, políglota, ex arquero de Alianza Lima, ha bajado de manera permanente. Quisieron descalificarle por un disparate que tenía que ver con sus finanzas personales, evento típico de las campañas sucias mediocres, pero Forsyth no supo reaccionar. Aunque su ritmo de su caída es en los últimos días más lento, es posible que siga descendiendo.

En el tercer lugar, creciendo con una fuerza que le puede llevar al segundo puesto, está Rafael López Aliaga, de Renovación Popular, un partido lunático de extrema derecha. Adoptó el color celeste para identificarse con grupos provida.

Tiene como candidatos a pastores y líderes religiosos que quieren que Perú retroceda en las tímidas reformas que ha aprobado a favor de las mujeres. López llamó la atención cuando confesó que se flagela para ahuyentar sus apetitos sexuales, manteniendo un celibato que dura décadas.

Dice estar enamorado de la Virgen María lo que, lejos de ser una actitud devota, es una falta de respeto a la religión católica.

Keiko Fujimori se ubica en cuarto lugar, con una intención de voto estancada. No defiende el legado político de Alberto Fujimori que le ayudó a sacar una importante votación en otras ocasiones, pero se beneficia de cierto apoyo de la Iglesia católica. En las elecciones de 2016 obtuvo el 49,88 de los votos, frente a Pedro Pablo Kuczynski, que consiguió el 51,12%. No es la sombra de lo que fue.

Viene cerca Verónika Mendoza con 6%, candidata de izquierda que en 2016 tuvo el 19%. Es una política joven, preparada, antropóloga, que tampoco pudo posicionarse en medio de este caos.

La mayoría de los peruanos está enojada con la política y la clase dirigente, desconfía de todas las instituciones del estado. Cuando el Congreso, visto como un nido de corrupción, nombró en noviembre a Manuel Merino como nuevo Presidente Provisional de la República, se produjeron manifestaciones de rechazo en todo el país.

Yendo a lo más de fondo, la obsolescencia de los políticos es un fenómeno propio de la región. Sendero Luminoso y Fujimori son fantasmas de la guerra fría que no existen para la mayoría.

Mientras el mundo vive una acelerada revolución del conocimiento, la mayoría de los políticos no ha llegado mentalmente al siglo XXI. ¿No sería bueno que los dirigentes sepan que acabó la guerra fría y que la especie está por colonizar Marte?

*Profesor de la GWU. Miembro del Club Político Argentino.

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