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viernes 15 febrero, 2019

Cierta empatía

Hablaban bastante fuerte, y justo en la mesa de al lado; por lo que no precisé parar la oreja, como se dice, para escuchar su conversación.

por Martín Kohan

default Foto: CEDOC

Hablaban bastante fuerte, y justo en la mesa de al lado; por lo que no precisé parar la oreja, como se dice, para escuchar su conversación. Los bares son así: a veces promueven la concentración del lector de manera inmejorable y a veces la contrarrestan sin aviso y sin remedio.

Se trataba, a todas luces, de cuatro importantes empresarios nacionales. Tocaban sus típicos temas, mostraban sus típicas preocupaciones. Se quejaban, al unísono, del alto costo laboral existente en el país, con su fárrago de derechos adquiridos y su lastre de conquistas gremiales. Protestaban en un coro espontáneo contra lo difícil que resulta dar trabajo, por la presión asfixiante de una verdadera montaña de leyes, y contra lo difícil que resulta despedir, por la extorsión tiránica de ese verdadero flagelo que son las indemnizaciones. Abominaron sin resuello de asambleas y delegados, y expresaron su malestar ante el avance en los sindicatos de los dirigentes que no transan. Repudiaron por unanimidad la existencia de planes de asistencia social, los cuales, al atemperar hambrunas, obstruyen en consecuencia la baja del costo de la mano de obra.

Me pregunté qué estarían haciendo estos cuatro potentados en aquel bar de barrio en el que estábamos, un bar común y corriente de café a cuarenta y cinco pesos. Me fijé en sus calzados raídos, sus ropas desvencijadas. Me dije: se están camuflando. Por temor a la inseguridad, por miedo a los asaltos y los secuestros, se solapan y disfrazan, están poco menos que de incógnito.

Al rato se despidieron, y siempre con voces altas. Dos de ellos volvían a los taxis (eran peones), uno se iba a abrir el puesto (era diariero), el otro se iba a la oficina (era empleado). Era evidente que estaban dispuestos a sostener hasta el último momento su estrategia de disimulo.

Lo que no sé es dónde ocultaron sus cuatro coches de alta gama. Me fijé y no los vi por ninguna parte.


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