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COLUMNISTAS / LA COLUMNA DE USAL
miércoles 12 diciembre, 2018

El fin de año y su tradición mística

Estamos a pocos días de un nuevo fin de año y por lo tanto preparando la cena como es habitual todos los años pero ¿Qué significa el pasaje del año que termina a un nuevo año?.

Carlos Manuel Rúa (*)

festejos de fin de año Foto: Shutterstock

Estamos a pocos días de un nuevo fin de año y por lo tanto preparando la cena como es habitual todos los años pero ¿Qué significa el pasaje del año que termina a un nuevo año? ¿Esa cena como símbolo o emblema qué representa? Seguramente responderemos con palabra de encuentro familiar y comentarios sobre el próximo año. Pero el fin de un año y comienzo de otro tenía una significación mítica sumamente importante en el pasado. Como resultado de la revolución industrial el hombre perdió contacto con la naturaleza y su relación con la misma.

El hombre en su vínculo con la naturaleza era un observador privilegiado de los ciclos naturales que veía a su alrededor en todos los fenómenos. Así el Sol salía por Este alcanzaba un máximo para luego decrecer y ponerse por el Oeste, la Luna crecía hasta alcanzar un máximo y decrecía a lo largo de los días para desaparecer durante 3 días y luego volvía a reaparecer, una semilla se plantaba surgía una planta que crecía hasta florecer y moría dejando nuevas semillas para repetir el proceso. Es decir que la constante observación de la naturaleza le indicaba que los procesos eran cíclicos, había un inicio, una consumación, un decrecimiento y finalmente una muerte para luego producirse un nuevo ciclo. Lo que dio lugar a lo que el historiador de las religiones Mircea Eliade denominó el mito del eterno retorno.

La observación del Sol a lo largo del año revelaba que éste partiendo de un nivel bajo que presentaba en invierno alcanzaba una altura máxima respecto del horizonte en verano para luego ir bajando hasta alcanzar nuevamente el valor mínimo al cabo de un año. Los cambios en la dirección del Sol es lo que se conoce como solsticios, así en la antigüedad se tomó como comienzo de un año el solsticio de invierno dado que este señala la noche más larga y el día más corto a partir de ese día éstos van creciendo hasta el solsticio de verano donde comienzan a descender hasta el solsticio de invierno. El 21 de diciembre es el solsticio de invierno en el hemisferio norte pero se celebraba en el Imperio Romano el 25 como el día que el sol se imponía a las sombras y comenzaba a imponerse (Sol Invictus). Fecha que luego sería tomada por el Cristianismo como nacimiento de Jesús en lugar del 6 de enero, que se sigue celebrando en las Iglesias Ortodoxas, y pasó a ser el 1 de enero el comienzo del año.

Por lo tanto el comienzo de un año es el comienzo de un nuevo ciclo que debe comenzar con toda la pureza que lo nuevo significa, sin manchas, sin pecados, inmaculado. Eso implica que a fin del año debamos purificarnos para eliminar las cargas negativas ocurridas durante el año y que se fueron acumulando. De ahí que las celebraciones del fin de año y comienzo del nuevo tuvieran particularidades en todas partes del mundo, como destruir vajilla usada o utilizar ollas o utensilios nuevos, en sentido simbólico para representar la destrucción de lo viejo y la entrada en el nuevo ciclo totalmente puros.

Los rituales de purificación presentan una variedad singular de acuerdo a las culturas que pertenezcan, así como muestras podemos mencionar:

  • En Ecuador se coloca un muñeco enfrente de las casas al que se le prende fuego para que se lleve todo lo negativo del año transcurrido.
  • En Bulgaria existe el ritual de “Kukeri” en el cual se utilizan máscaras de madera con imágenes de animales y campanas que se atan a la cintura para alejar los malos espíritus en el nuevo año.
  • En Italia es usual el uso de alguna prenda nueva o el tirar ropa vieja por la ventana como símbolo de dejar lo malo del año que expira.
  • En Dinamarca los daneses rompen platos acumulados durante el año.
  • En algunas poblaciones escocesas se le pende fuego a barriles y se los hace correr por las calle para permitir que entre el nuevo año.
  • En el Tibet el período de limpieza dura dos días. Durante el Gutor (período de preparación) se limpia varias veces la casa y se tiran petardos para alejar los malos espíritus.
  • En Japón para el Shōgatsu (año nuevo) se realiza una profunda limpieza de  la casa y se coloca luego el kadomatsu (pino de puerta) que se coloca en parejas frente a las casas para recibir a los espíritus ancestrales o kami de la cosecha y obtener longevidad.
  • En el caso de China son muchas las tradiciones que inician la llamada fiesta de primavera que es como comienza el año nuevo chino, podemos mencionar la de lanzar una serie de petardos seguidos de tres petardos estridentes, simbolizando los primeros el sonido que se lleva el año viejo y el sonido que trae el nuevo.

Como vemos las tradiciones son muy variadas pero el común denominador es que el fin del año se lleve todo lo negativo acumulado durante su existencia y se entre en el nuevo con toda la pureza como en los inicios de los tiempos. Meditemos en este fin de año en nuestras acciones realizadas para dejar las negativas en el año que parte e iniciar el nuevo con un espíritu más puro.

(*) Director de la Escuela de Estudios Orientales “Rev. Padre Ismael Quiles S.J.” /Facultad de Filosofía, Letras y Estudios Orientales Universidad del Salvador


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