sábado 25 de septiembre de 2021
COLUMNISTAS opinión
08-08-2021 02:13
08-08-2021 02:13

Conociendo autores

La obra de Borges está encarnada en las viejas ediciones de Emecé, antes de que fuera comprada por Planeta. Su viuda también llevó la obra a Penguin Random House.

08-08-2021 02:13

Hay libros y autores que permanecen ligados a la editorial en que fueron publicados originalmente, más allá de eventuales mudanzas posteriores. Pase lo que pase, van a quedar íntimamente relacionados con su vieja casa editora. Por ejemplo, Bolaño equivale a Anagrama. Luego su derechohabiente llevó la obra a Alfaguara, dentro de grupo Penguin Random House. Supongo que sus libros se venderán igual o mejor que antes (o no, realmente no tengo la menor idea), pero para cualquier buen lector de Bolaño (que no es mi caso) Alfaguara representa tan solo la impunidad del dinero y no el oficio de un buen editor. Más lejos en el tiempo, la obra de Borges está encarnada en las viejas ediciones de Emecé, antes de que fuera comprada por Planeta. Su viuda también llevó la obra a Penguin Random House. Pero en ese caso, entre la Emecé convertida en un sello sin atributos de Planeta y cualquiera de los logos dentro de Penguin no hay demasiada diferencia. Más acá y entre nosotros, un buen número de autores y autoras que publicaron en editoriales pequeñas (mencionadas casi siempre pretenciosamente como “independientes”) en caso de que sus novelas hubieran vendido más de 350 ejemplares (o tal vez 400, con viento a favor) suelen recibir ofertas (en general también de Penguin) para reeditarlas en ese conglomerado luego de vencido el contrato con la pequeña editorial. No obstante, pese a los denodados esfuerzos de prensa y marketing de los nuevos editores, permanecen en la memoria y en la valoración unidos a esa pequeña editorial que los lanzó y los hizo conocidos: siempre van a ser los que primero fueron publicados por tal o cual editorial chica, y que luego marcharon a encontrar su destino, a corto plazo, en razones materiales evidentes y, a mediano plazo, en la mesa de saldo o la picadora de libros para volver a hacer papel. Dentro de la inmensa taxonomía de vínculo entre autores y editoriales, hay una categoría que es mi favorita: la que indica los autores (casi siempre extranjeros) que no conoceríamos si no fuera porque una editorial en castellano los traduce y publica. Los publica una y otra vez, hasta que se nos vuelven familiares, hasta que esperamos con ansias sus siguientes libros. Podría dar cientos de ejemplos. El último que se me ocurre es Peter Rock, en las Ediciones Godot. De Rock (San Lake City, 1967) ya habíamos leído Mi abandono, gran novela que, además, en el catálogo de Godot engama con Thoreau: todo gira en torno al conflicto entre vida urbana y bosque, en la frontera difusa entre uno y otro. Ahora la misma editorial acaba de publicar, también de Rock, Klickitat, novela donde la naturaleza vuelve a ser el lugar que, por contraste, enrarece la vida familiar. Rock tiene el talento para convertir a sus personajes en grupos o, incluso, en tribus, con sus lenguajes secretos, sus contraseñas, sus escondites y sus viajes largos y oscuros. Las protagonistas, dos hermanas, tienen 15 y 17 años. Tal vez la adolescencia sea precisamente eso: un escondite, un viaje largo y oscuro. Rock coquetea con la fábula, con la alegoría e incluso con el fantasy, pero sin que la historia se vuelva aleccionadora ni tranquilizadora. Al contrario, hay en Rock (más en Mi abandono que en Klickitat) algo profundamente perturbador. La pérdida de puntos de referencia, un territorio inexplorado, debajo o a unos pasos de la casa familiar.