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COLUMNISTAS / EL TESTIGO DE PAOLO
domingo 15 marzo, 2020

De 2003 a 2008

Rocca. Con Aranguren de aliado. Foto: cedoc
domingo 15 marzo, 2020

Está por verse en qué medida la coronacrisis afecta el comienzo, el primer año o todo el gobierno del Frente de Todos. Ombligos del mundo, no somos de darle mucha bola a cuánto el marco global nos tira centros con la soja a US$ 600 o nos manda a la B cuando se corta el crédito internacional porque suben las tasas de interés.

Pero pasó apenas una semana desde que Alberto Fernández dijo ante empresarios que soñaba con el “déjà vu perfecto de 2003” de arreglar la deuda rápido para que arranque la economía, y de golpe todo tiene un olor a la crisis de 2008 que asusta, encima sin caja para hacer políticas contracíclicas como entonces.

Difícil volver así al plan de “encender la economía”. Mientras amenaza el default, ahora todo es el minuto a minuto del virus, con la misma incertidumbre que atraviesa a científicos, sanitaristas y políticos en todo el mundo, que hacen equilibrio entre pecar de cautos y abrirle la puerta a una disparada de casos con colapso del sistema de salud, o pasarse de largo y hacer que el coronavirus cause más quiebras y pobres que muertes, como publicó el jueves un columnista en The Independent.

Todo mientras las redes sociales y el streaming del pánico agregan un extra que los expertos incorporan a su trabajo para medir la reacción colectiva frente a posibles medidas, en un contexto donde el miedo hace que hasta el más hippie pida que el Estado controle todo. Y ojo que esto es la Argentina: si le metemos el sálvese quién pueda de nuestros comportamientos económicos compra-dólares y remarca-por-las-dudas a la psicosis por la epidemia, vamos a terminar peor que los tanos. Bajemos un cambio: pensemos que hay epidemia de obesidad y no paramos de comer bosta en McDonalds. Bueno, ya no tanto: en diciembre habían comprado 1.500 toneladas de papas fritas congeladas y en el primer bimestre pidieron 1.000. Tal vez es un giro de conciencia alimentaria y empezamos a comer mejor. O quizás es otro dato de lo difícil que es contener también el avance de la recesión.

Batallas. Mientras tanto, si la guerra de egos y precios entre árabes y rusos no hubiera hundido el barril de petróleo un 25% en una semana a US$ 35, la noticia del mundo energético en la Argentina podría haber sido esta otra: el Grupo Techint propuso al ex ministro de Energía del gobierno de Mauricio Macri, Juan José Aranguren, como testigo a su favor en una demanda judicial por millonarios subsidios que le reclama al Estado por sus inversiones en Vaca Muerta.

Se trata de la batalla legal por la famosa resolución 46/2017, una norma creada por el ex funcionario para incentivar la producción de gas en el yacimiento no convencional de Neuquén, cuya principal beneficiaria fue Tecpetrol, la petrolera del holding, que invirtió US$ 100 millones al menos hasta 2019. En ese momento, ya el entonces secretario de Energía, Gustavo Lopetegui, decidió “reinterpretar” la regulación para ajustar el gasto público a pedido del Fondo Monetario Internacional.

En una decisión unilateral, empezó a pagar subsidios solo por el gas que las petroleras habían anunciado que iban a producir al ingresar al programa, y no por el que efectivamente terminaron generando, en lo que puede sonar a una gilada semántica pero es una diferencia para nada marginal. Tecpetrol, que llegó a concentrar el 70% de los subsidios del plan del que por ejemplo se quedó afuera YPF, entró con un objetivo de 8 millones de metros cúbicos diarios, pero llegó a producir el doble. El cambio en las reglas implica, según estimaciones del mercado, que como mínimo la T dejó de recibir unos US$ 1.000 millones. Esa jugosa cifra reclama en la causa que lleva adelante el juez Enrique Lavié Pico, y es ahí donde hablará en algún tiempo Aranguren, para definir si tiene razón la empresa que lidera Paolo Rocca, en pedir que el Estado le garpe.

El ex ministro no suelta prenda sobre qué dirá en los tribunales, pero entiende que “lo que está escrito no se puede interpretar”, como dijo en una ronda con periodistas en su flamante consultora Energy Consilium, en Olivos. Prepara trabajos para petroleras, no revela si sigue vendiendo su newsletter a YPF como se contó en esta columna que lo hizo al final de la era Cambiemos, defiende su paso gestión y advierte, no sin razón, sobre los peligros que encierra el regreso de figuras del devidismo al mundo energético del gobierno de Fernández.

Rocca, en tanto, no solo monitorea el avance de la causa, sino que también espera que esta administración reactive los pagos que por lo menos le venían haciendo para no parar del todo los trabajos en Vaca Muerta, en momentos donde todo el panorama de los hidrocarburos se llena de dudas por la crisis del coronavirus. A propósito, el propio Rocca estuvo esta semana en la planta de Tenaris en Campana, junto con los intendentes de la zona, para analizar el impacto en la industria. Tiene información de primera mano y no solo por haber nacido en Milán: pocos conocen que Techint controla Humanitas, una división que maneja hospitales e institutos médicos en el norte de Italia, saturados por la pandemia.


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