lunes 27 de septiembre de 2021
COLUMNISTAS Forma de expresión
11-09-2021 23:55
11-09-2021 23:55

El arte de votar

11-09-2021 23:55

Hay músicos, escritores, pintores, actores y escultores mediocres, sin la menor inspiración, denigradores del arte que practican. Sin embargo, esa no es una razón para quitarles a la música, a la literatura, a la pintura, al teatro, al cine o a la escultura su condición de arte, ratificada por tantos cultores talentosos e inspirados. Una de las acepciones de la palabra arte, quizá la más comprensiva y afinada, la define el Diccionario de la Lengua como “manifestación de la actividad humana mediante la cual se interpreta lo real o se plasma lo imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros”. Aunque no suele ser enumerada como tal en las clasificaciones clásicas, la política es un arte. El arte de articular lo diverso sin eliminarlo. De modular intereses opuestos sin negarlos y orientándolos hacia el bien común. De generar visiones compartidas. El bien común y las visiones compartidas requieren que todos cedan algo de sí. Todo ámbito humano (la pareja, la familia, el trabajo, la vida en sociedad) es político, porque somos todos diferentes. Esto significa que, más allá de ilusiones, uniformidades forzadas y sesgos cognitivos (léase atajos del pensamiento), no hay dos miradas exactamente iguales sobre la realidad, no existe un pensamiento único capaz de borrar las diferencias de apreciación, pese a las tragedias, barbaridades y cancelaciones producidas en el intento de imponer un pensamiento de ese tipo. La política no es un problema. El problema son los corruptos, mentirosos, ventajeros, manipuladores y miserables morales que la infectan y la degradan. Declararse “apolítico” o “antipolítico” es un acto de irresponsabilidad que les libera el campo a los falseadores de este arte y nos condena a ser gobernados por ellos.

Si bien es una expresión formal de la democracia y está lejos de representarla en su totalidad y profundidad, votar es ratificar la necesidad de la política para la convivencia de una comunidad humana. En la colección de escritos publicados bajo el título de La promesa de la política, la filósofa alemana Hannah Arendt define el mundo (no confundir con planeta) como una creación humana que nace y solo puede existir cuando hay diversidad de perspectivas. Si esta es anulada, si se pretende eliminar al otro, si se aniquila a un grupo de personas por la razón que fuere, sea étnica, ideológica, religiosa, etcétera, muere el mundo, desaparece la realidad humana en su extensión y riqueza. Y el aniquilador desaparece con lo aniquilado. Hay, según palabras de Arendt, una “desmundialización”.

Votar sería contribuir a la existencia del mundo honrando la diversidad que lo hace posible. Para la filósofa alemana, “cuantos más puntos de vista haya en un pueblo, desde los cuales mirar al mundo que alberga y subyace a todos por igual, más importante y abierta será la nación”. En una elección se despliegan diferentes puntos de vista y también se pone al día el estado del arte político en la sociedad que acude a las urnas. La pobreza, la mediocridad, la indigencia intelectual y expresiva, la por momentos patética exhibición de sus cosmovisiones, el penoso balbuceo en la expresión de su ideario, hacen que la abrumadora mayoría de los candidatos que se postulan en la elección de hoy se presente como un alarmante diagnóstico de la realidad nacional. Pero lejos de convertirse en excusa para desertar de un derecho y un deber ciudadano como es el de votar, semejante panorama debería ser un estímulo para huir de la apatía y de la pereza mental, para acentuar el ejercicio del pensamiento crítico y para incitar a una mayor participación como ciudadanos en temas que atañen al destino colectivo, como son la educación, el cumplimiento de deberes, el ejercicio del respeto (no la mera cortesía), la admisión de lo diferente y la rendición de cuentas de gobernantes y legisladores. Ni hablar de la exigencia de una Justicia que no enlode su propio nombre. La misérrima oferta electoral de hoy interpela a la sociedad preguntándole por su propia responsabilidad en que este sea el muestrario que tiene por delante.

*Escritor y periodista.

Producción: Silvina Márquez.

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