viernes 30 de julio de 2021
COLUMNISTAS opinión
11-07-2021 04:24

El camino de la libertad

Podría considerar que el resultado de mi incursión en la obra de Dante Alighieri fue positivo, sobre todo porque ahora puedo decir que la leí.

11-07-2021 04:24

Hace tres años, Pablo Maurette organizó en Twitter una lectura colectiva de la Divina Comedia a razón de un canto diario. Participé con entusiasmo de esa experiencia que para mí tenía algo de iniciático. Educado en el más riguroso ateísmo y dotado de una pereza intelectual que me llevó a esquivar durante setenta años los textos bíblicos, la Comedia estuvo siempre depositada en el anaquel de lo que nunca llegaría a leer. El libro estaba en verso, hablaba de excentricidades como el infierno y el paraíso, era de del siglo XIV: tenía todas las contras para el tipo de diletante contemporáneo que elegí ser. Podría considerar que el resultado de mi incursión en la obra de Dante fue positivo, sobre todo porque ahora puedo decir que la leí. Aunque no la entendí, a pesar de los comentarios eruditos, inteligentes, brillantes de los compañeros. Pero, al menos, aquella maratón me preparó para encontrarme con el que, sin duda alguna, es el ensayo del año. Me refiero a este año y a La palabra deseada (La Divina comedia en el mundo contemporáneo) de Mariano Pérez Carrasco.

Pérez Carrasco es argentino, nació en 1978, es doctor en filosofía e investigador del Conicet, además de fellow de unas cuantas universidades extranjeras. Los mismos prejuicios que me llevaron a ignorar la Comedia hacen que sienta una enorme desconfianza hacia la Academia. Siempre recuerdo una película de Sacha Guitry en la que el director presenta a los actores y de algunos dice que se sienten orgullosos de integrar la Comédie Française y de los otros que se sienten orgullosos de no integrarla: siempre creo que lo que viene del Conicet es necesariamente estéril, pedante, insoportable. Pero La palabra deseada es la prueba perfecta de que el Conicet no debe cerrarse porque la inteligencia humana todavía puede habitarlo. Y la de Pérez Carrasco es ciertamente de las más preclaras, distinguidas, valientes y originales con las que me he encontrado entre los ensayistas de esta época. 

En primer lugar, el libro permite recorrer la Divina Comedia con una guía tan valiosa como la que Virgilio proporciona a Dante en el poema. Es particularmente útil, además, para que ese lector que solo alcanza a disfrutar del colorido del Infierno pueda contemplar las cimas abstractas y alegóricas del Paraíso. Pero también es una buena introducción a los misterios de la doctrina cristiana y a la sofisticación del pensamiento medieval. El libro es un paseo dichoso por una obra sagrada y Pérez Carrasco la interpreta en contra de la tendencia contemporánea a desdeñar los matices del pensamiento de Dante en nombre de la chatura positivista, de la sustitución del conocimiento por el control, de la verdad por el poder y de la política por la ingeniería. Si el resto del libro es un deleite, el prólogo es extraordinario. Allí el autor le declara la guerra al pensamiento contemporáneo, a la insignificancia de las humanidades y reclama la reconquista de territorios espirituales abandonados. Pérez Carrasco denuncia una revolución que se ha vuelto triste, melancólica, censora y conformista. «Nuestro tiempo se ha imaginado a sí mismo como surgido de la nada. Ha roto el vínculo del presente con el pasado y, por lo tanto, ha clausurado el sentido del futuro». Es necesario Dante, dice, para volver a enseñarnos que el ser humano es libre.

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