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El día después

Predecir el futuro es tarea improbable, pero el pasado aporta escenarios posibles.

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Catarsis, Cristina Fernández. | Pablo Temes

La pregunta clave que se hacen los argentinos es qué pasará el 15 de noviembre.

Se sabe que predecir el futuro es una tarea improbable, pero sí se puede recurrir al pasado para discernir futuribles, escenarios y posibilidades. La experiencia que más a mano tenemos fueron los hechos que se desencadenaron la crisis en la alianza gobernante tras las primarias y donde parecía por algunos momentos que los integrantes de la fórmula presidencial que ganó en 2019 comenzaban a separar sus caminos con imprevisibles consecuencias. En esos días no pocos analistas plantearon que si Argentina tuviera un sistema parlamentario, ya habría otro presidente de gobierno.

En busca del voto perdido. Pero hay un problema que sin dudas está en la cabeza de Cristina Fernández, a pesar de que dice que no lee encuestas, y es que la gran mayoría de los argentinos piensa que es ella quien gobierna. Se sabe que las percepciones pueden ser más poderosas que las realidades objetivas, en este sentido nunca es mejor aplicado el Teorema de Thomas: “Si las personas definen las situaciones como reales, estas son reales en sus consecuencias”.  Traducido en términos políticos, difícilmente la electora número uno del país pueda salir indemne de un nuevo traspié electoral.

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El devenir de un gobierno que no conforma ni a propios, ni a ajenos, se transformó en un dilema que le resta grados de libertad política a la conductora del kirchnerismo. En la carta que publicó el 17 de septiembre hubo un párrafo que se analizó poco pero que dio mucha información, incluso desconocida hasta el momento, allí decía “durante el año 2021 tuve 19 reuniones de trabajo en Olivos con el presidente de la Nación”, incluso aclaraba por qué las reuniones eran en Olivos ya que comenta: “Nos vemos allí y no en la Casa Rosada a propuesta mía y con la intención de evitar cualquier tipo de especulación y operación mediática de desgaste institucional”. Walter Benjamin solía decir que no hay documento de la cultura que no lo sea, al tiempo, de la barbarie. Algo similar pasa con esa carta donde la ex presidenta dice que no gobierna, aunque decenas de millones piensen lo contrario.

Mi ruta es tu ruta. Lo que explicaba la ex presidenta con aquellas palabras es que no se desentendió de la marcha del Gobierno, pero daba su punto de vista casi como una asesora más, y no como la arquitecta principal del modelo de gobierno actual. De aquí surge la siguiente pregunta es para qué se reunían, también la ex presidenta acerca una respuesta: “En las primeras 18 reuniones (…) siempre le planteé al Presidente lo que para mí constituía una delicada situación social y que se traducía, entre otras cosas, en atraso salarial, descontrol de precios –especialmente en alimentos y remedios– y falta de trabajo”.

Hay algo gracioso que Cristina comenta al pasar y es que la mayoría de las reuniones fueron a iniciativa de ella, como si Alberto Fernández la evitara. La última reunión hasta el momento de esa carta fue el martes posterior de la elección (“Dejé pasar 48 h deliberadamente, para ver si llamaba”) y en esa reunión llegó el ultimátum: “Allí le manifesté que era necesario relanzar su gobierno y le propuse nombres como el del gobernador Juan Manzur para la Jefatura de Gabinete”.

Reencarnaciones peronistas

Aceleraciones. A partir de ese día se realiza el reensamblaje del Gobierno con las llegadas de Manzur, Aníbal Fernández y finalmente en el único cambio en el equipo económico: Feletti por Español. También se debe decir que nadie se fue del todo, la gran mayoría de los idos pasaron a otras áreas, hecho que no pasó inadvertido para los votantes. Desde ese momento, no hubo un día sin que se anunciaran medidas para “poner platita” en el bolsillo de los argentinos. Por ahora esa batería de anuncios que se atropellan unos a otros sin claridad no parece ser satisfactoria para el electorado, incluso parecen producir el efecto inverso: los votantes del Frente de Todos tienen más dudas que antes. El Gobierno termina demostrando con su hiperkinesis actual su disfuncionamiento en estos dos años.

Sin embargo, hubo un elemento que jugó a favor del oficialismo gobernante durante la catarsis poselectoral, y es que la cotización del dólar no se movió. Es cierto que el país tiene una economía tan controlada que está al borde la muerte por asfixia, pero también fue casi una novedad la existencia de crisis política sin crisis devaluatoria. Este elemento casi contingente empezó a desintegrarse del tablero esta semana con un dólar blue orillando los 200 pesos. Sin Wandagate la cotización de la moneda norteamericana vuelve a generar nerviosismo e introduce un nuevo elemento de incertidumbre.  

¡Hagan sus apuestas! Todas las fichas hoy están puestas en que el congelamiento de precios funcione y que parte de los votantes ausentes regresen (y voten por el FdT). Con referencia al congelamiento surgen incógnitas, es una medida que puede funcionar en el corto plazo, pero que reprime la inflación artificialmente lo que augura problemas a futuro. Pero hoy no importa el futuro, sino lo que pase el 14 de noviembre. Por eso lo complejo es que vean los resultados inmediatos con la inflación en los precios de los 1432 productos cuando octubre finaliza y las remarcaciones se aceleraron fuertemente durante el mes.

El pedido para que los votantes que se ausentaron en las primarias regresen para las generales fue el expreso último pedido de la candidata Victoria Tolosa Paz en el debate, pero el efecto deliberado y mutuo en la confrontación entre ella y Diego Santilli, terminó abriendo un espacio inesperado para Cynthia Hotton y Florencio Randazzo, con un perfil de “paz y diálogo”, que también es expresado por millones de personas hartas de la polarización inconducente, no vaya a ser cosa que vuelvan los votantes pero se inclinen por otras propuestas que las mayoritarias. Ahora, como se viene demostrando desde 2005, cada elección se ha transformado en una particularidad sin universal, por ese motivo precisamente la preocupación es por el día después.

* Sociólogo (@cfdeangelis)