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juego de armonia

El nuevo poder macrista

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El macrismo se alimenta de la subestimación de los otros, como corresponde a todo proceso político exitoso surgido de la sorpresa. Culminaron
ganando una elección trepando desde las capas más ocultas de los apoyos más conservadores originarios, hacia una mezcla nueva de seguidores atentos ahora a los aumentos de tarifas y de los precios en góndola.
En medio de ese tiempo que pasa a cada segundo, una ética nueva del poder se construye.  
Una simulación de fraternidad entre los argentinos se comunica en fotografías de momentos breves. Un plano importante del poder macrista se asienta en la difusión de imágenes y gestos que quedan fotografiados. Cuando los gobernadores se reúnen con el gobierno nacional, es tan importante la foto final como la charla interna a la que no se tiene completo acceso. Si Macri baja del tren, es único que se encuentre con un Randazzo vestido de fin de semana para otra foto deslumbrante. Hay en esta administración una obsesión por las imágenes.
El juego de la armonía es difícil de seguir para una política vieja acostumbrada a los choques y el enfrentamiento, y para la opinión pública es un estímulo comunicacional nuevo del que todavía precisa tiempo para comprender del todo. Luego de una Cristina encerrada en su liturgia, el contraste es descomunal.
Las imágenes de la nueva Argentina ya feliz y dialoguista conviven con un ejercicio del poder que desconoce al otro. La secuencia intensa de decretos de necesidad y urgencia modificando todo lo que se pueda en verano, con la oposición en la playa, ponen en cuestión las fotos de la amistad.
Para aquellos que todavía subestiman al macrismo, los decretos son una señal de dominación contundente. Mauricio Macri y Marcos Peña conducen un gobierno con intenciones de refundar el país desde su propia perspectiva y ejecutan decisiones e innovaciones sobre asuntos siempre antes que el resto. Con los decretos se construye también la agenda pública, y sólo se discute sobre lo que quiere el Ejecutivo. El gobierno tiene siempre la iniciativa.
El decreto que modificó la Ley de Medios fue comunicado en una conferencia de prensa muy interesante y ejemplificadora. El gobierno nacional no presentaba un proyecto de modificación de la ley basado en consideraciones atendibles sobre argumentos que serían sometidos luego a la discusión parlamentaria. Se modificaba la ley y luego se relataban una serie de argumentos basados todos en opiniones. Que la ley era antigua, que era el reflejo de una guerra contra el  periodismo, basada en una visión cerrada de la democracia, que la Afsca era una herramienta contra opositores y que el resultado de todo ese proceso “era malo para todos”. Contundente y monopólica definición.
Para los mismos opositores, que son recibidos en reuniones con Frigerio, están luego estas modificaciones autónomas sin que ellos entren en discusión. Esta lógica de la fotografía amistosa, y luego una acción unilateral, es lo que pierde hoy a los que no tienen el poder, aunque van aprendiendo que lo que les digan a puertas cerradas puede luego culminar en otro resultado. Como con los CEO, se hacen reuniones de discusión con los empleados de la compañía para disfrutar el momento; después vemos qué decisiones tomamos.
La lógica de distribución interna de poder es lo menos visible, aunque hay señales. Marcos Peña tiene dos ministros coordinadores con Mario Quintana y Gustavo Lopetegui que ejercen una vigilancia sobre las relaciones interministeriales, y Peña suele estar presente en muchas fotos y anuncios. Peña parece estar al control de todo.
Cristina Kirchner solía abandonar a sus ministros a lo que les pareciera. Pocas reuniones y nulo diálogo hasta que algo estallaba para culparlos. Los ministros hacían lo que imaginaban que quería Cristina. Hoy eso parece suspendido y nadie hace nada por su cuenta, con la excepción del Ministerio de Seguridad que comunica arrestos que no existen y anuncia balas de goma para el 1% de las próximas marchas.
El combo de construcción de poder mezcla demasiadas novedades para el viejo sistema político argentino y le garantiza a Macri tiempo y dominación. Mientras, la oposición gasta sus últimas energías en hablar de cosas viejas, como el neoliberalismo y temas que nunca nadie entendió. En la tele es divertido ver novedades, y el Gobierno no para de darlas.

*Sociólogo. Director de Ipsos.