miércoles 28 de septiembre de 2022
COLUMNISTAS opinion

Exámenes que Máximo no quiere dar

11-02-2022 23:55

La renuncia de Máximo a presidir el bloque de diputados del Frente de Todos para no conducir el debate y posible aprobación del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional puede ser contextualizada dentro de otras renuncias que ha tenido en su vida frente a situaciones en las que ha podido sentirse bajo presión.

Cuesta entender que el heredero de dos presidentes con vocación de hacer una carrera política propia haya rehusado a sumar el conocimiento que brinda una carrera universitaria. La interpretación que se dio hace un lustro con mayor énfasis en los medios críticos era que se trataba de un joven vago que se pasaba horas jugando en la PlayStation. Su posterior actuación pública deconstruyó esa imagen, demostrando que no se trata de alguien indolente, frívolo o solo inclinado a lo lúdico, quedando demostrados sus esfuerzos por asumir una actitud de compromiso. Y su renuncia ahora a conducir el bloque de diputados puede asociarse a su renuncia a la universidad: el terror a dar examen y salir reprobado o no suficientemente aprobado.

No exponerse al aplazo en una universidad o en un reportaje denota miedo escénico

Es habitual que políticos actuales hayan forjado su vocación en un hogar donde alguno de sus padres tuviera alguna actuación en el campo de lo público. Aristóteles titula su primer libro de La Política: Comunidad política y comunidad familiar, porque en la polis griega la división entre lo público y lo privado prácticamente no existía. Su holístico concepto de “vida buena” del ciudadano interrelacionaba la vida pública y la privada. Para Aristóteles, la ética desemboca en la política.

Dentro de la familia se produce la primera transmisión de valores sociales. Los descubrimientos en el siglo XIX de Gregor Mendel, el padre de la genética, son a la biología equivalentes a los de Newton a la física, y se habla de genética mendeliana para explicar el proceso de transmisión entre progenitores y su descendencia. Sin la precisión de la biología en las ciencias sociales, hay decenas de estudios que confirman el modelo de identificación partidaria intrafamiliar. El Center for Political Studies de la Universidad de Michigan lo demostraba para la afiliación entre republicanos y demócratas en los Estados Unidos del siglo pasado. El sociólogo norteamericano Talcott Parsons, autor de la Teoría de la Acción Social, atribuía a la familia la función de latencia sistémica en la transmisión de lealtades partidarias y la general continuidad ideológica entre padres e hijos. La mayoría de las personas empatiza con una afinidad ideológica antes de haber podido desarrollar un conocimiento sobre la política y los sectores políticos en pugna.

Esas lealtades partidarias son transmitidas en mayor proporción en hogares más politizados y explican en alguna medida la persistencia intergeneracional en los electorados.

A diferencia de los estudios realizados en Estados Unidos; en Europa, donde el sistema no es bipartidario sino que, por su condición de parlamentario, son muchos los partidos y van cambiando de nombre con los años tras fusiones y desmembramientos, las afinidades ideológicas familiares, más que a un partido concreto, se ordenan en preferencias hacia grandes espacios políticos de derecha o izquierda. Pero también en Europa son minoritarios los casos en que los hijos se identifican con una corriente política distinta a la de sus padres y, como lo demuestran los datos empíricos, hay un alto grado de coincidencias intergeneracionales.

Es comprensible entonces que Máximo Kirchner haya vivido su infancia en el marco de un mandato político incluso más allá de su original voluntad. Y que los deseos de su padre, y luego más aun de su madre, de encontrar en él un continuador de su legado resultaran una misión imposible de rechazar, independientemente de su propia vocación. Y pudiera no ser su propio deseo haciendo, como sucede en tantos casos, que el inconsciente boicotee lo que exterioriza el consciente.

La elección del nombre de un presidente fallido, como Héctor J. Cámpora, para bautizar su agrupación y la de no incorporar los conocimientos que brinda una carrera universitaria podrían ser síntomas de la impotencia rebelde de quien no se siente cómodo con la misión que le encomiendan.

Son innumerables los ejemplos de políticos que son herederos de una tradición familiar. Por ejemplo, hijos de sindicalistas que fueron electos por el voto popular para administrar territorios. Pero en las últimas décadas la enorme mayoría sintió la necesidad de pasar por la universidad, aprovechando la oportunidad que le brindaba su familia.

Una de las diferencias entre el autodidactismo y el conocimiento sistemático de los saberes universitarios reside en que, para estos últimos, hay que dar exámenes y enfrentar la lógica contingencia de ser reprobado en algunas áreas del conocimiento o calificado mediocremente en aquellas las que se espera mucho más. Eso pudo haberlo inhibido de acceder a esta forma de desarrollo cognitivo. Una eventual inhibición, miedo escénico, pudo haber sido aquello que lo hizo renunciar a seguir presidiendo la banca de Diputados del Frente de Todos. Al igual que no pudo digerir la derrota en la aprobación del Presupuesto y, en lugar de aceptar la generación de una nueva oportunidad para su posible aprobación pasándolo a comisión, prefirió renunciar a tenerlo de esa manera.

Renunciar al bloque puede tener la misma explicación que dinamitar el Presupuesto

Es habitual en los analistas asignar intencionalidad a las acciones de los políticos: lo que hacen persigue maximizar su aparente deseo. Menos veces se lo atribuye al error, habitual en personas competentes que se equivocan por no querer de verdad lo que desean. Se sostiene que Máximo decidió renunciar a la presidencia de su bloque para preservar a La Cámpora hacia 2027, imaginando que en 2023 el Frente de Todos enfrenta significativas posibilidades de derrota. Otra posibilidad es que La Cámpora tenga cómo líder a quien no tiene los atributos necesarios para cumplir su designio de éxito político y se vaya insignificando en la media en que sus progenitores vayan perdiendo influencia.

Otro ejemplo del mismo tipo de inhibición de Máximo Kirchner se expresa en no aceptar exponerse al examen que significa ser entrevistado en los medios de comunicación.

Un líder que no está dispuesto a dar exámenes tendrá muchas dificultades para conducir.