viernes 14 de mayo de 2021
COLUMNISTAS enseñanzas
14-08-2020 23:11

Filosofía estoica y zapatos de goma

14-08-2020 23:11

En la casa en que nací había dos baños, uno estrecho y al que se entraba por un pasillo, donde había que esquivar el lavaropas y otro más grande, ancho, que estaba pegado al cuarto de mis padres. El baño estrecho me daba temor. Había sólo un inodoro y por encima de él una tanque de agua con una cadena para jalar. Y una ducha que tenía una cabeza con un recipiente para poder quemar ahí alcohol y calentar el agua en invierno. Un peligro. Pero ahí donde está el peligro está la salvación. Porque ese alcohol para bañarnos lo teníamos que ir a comprar a una estación de servicio que estaba sobre la avenida Independencia, justo en frente de –en esa época– la facultad de Filosofía y Letras. Yo solía acompañar a mi tía Teresa –que era como otra mamá para mí– a comprar ese combustible. Y muchas veces durante los convulsos años 70, los alumnos de Filosofía sacaban los pupitres a la calle  y prendían fuego cosas. Cuando le preguntaba a mi tía quiénes eran, ella me decía: “Son los locos de Filosofía”. 

Me di cuenta de que apenas tuviera edad para cruzar la calle solo, iba a estudiar ahí. Así, con el comienzo de la democracia, empecé a cursar Filosofía. Vinieron las noches metafísicas con Carpio y las jornadas geniales con Egger Land. Y el latín peronista con Mascialino. Platón y Aristóteles fueron los que elevaron en Grecia el pensamiento especulativo pero, en estos días tan duros, uno se siente más cerca de la estoa para poder vivir dignamente. 

La filosofía estoica es una filosofía para tiempos duros. Y si bien muchos han pensado que en cierto punto es una declinación del legado Platónico-Aristotélico, yo creo que es más bien un movimiento radical en la forma de pensarse en la filosofía. Para los estoicos –Zenón, Sénceca, Marco Aurelio, entre tantos– la filosofía es acción. No sé cómo habrá sido estar en el backstage del Sermón de la Montaña, pero yo pienso que Jesús sin la retórica de la religión (esa promesa de la vida eterna y la fantasía de la resurrección) sería un estoico consumado. 

Uno ya sabe lo que hacen los discípulos ni bien muere el maestro. Convirtieron sus enseñanzas en un negocio cuyo gerente de contenidos es el Papa. Cuando Gilles Deleuze se suicidó porque no soportaba más estar viviendo casi sin oxígeno, muchos seguidores de su filosofía vitalista se sintieron ofendidos. Se ve que no habían leído el extraordinario comienzo de la Lógica del sentido en la que Deleuze cita a los estoicos como una forma de poner en la superficie del lenguaje todo el devenir y sus paradojas. Y mucho menos leyeron a Séneca, cuando escribe: “Bien sabes que no es forzoso conservar la vida porque lo importante no es vivir mucho, sino vivir bien. El sabio vive lo que debe, no lo que puede, y examina, cómo, con quién y por qué debe vivir; confirma lo que será su vida. No lo que puede durar”.