7th de March de 2021
COLUMNISTAS Opinión
13-12-2020 00:26

El peronismo y un FMI con rostro humano

13-12-2020 00:26

El Fondo Monetario Internacional fue creado en 1945 en el marco de los acuerdos de Bretton Woods, la conferencia monetaria y financiera organizada en Estados Unidos bajo la tutela del economista británico John Maynard Keynes. Un año más tarde, Argentina fue invitada a formar parte del organismo, pero Juan Domingo Perón se opuso porque desconfiaba del liderazgo estadounidense y porque la Argentina de la posguerra no necesitaba financiamiento externo.

“Cuando en 1946 me hice cargo del gobierno, la primera visita que recibí fue la del presidente del FMI que venía a invitarnos a que nos adhiriéramos –reveló Perón–. Prudentemente, le respondí que necesitaba pensarlo y pedí investigar a este monstruo tan peligroso. El resultado de este informe fue claro y preciso: se trataba de un nuevo engendro putativo del imperialismo. Yo, que tengo la ventaja de no ser economista, puedo explicarlo de manera que se entienda”.

Tras el derrocamiento de Perón, Argentina adhirió al Fondo en 1956 por decisión de Pedro Eugenio Aramburu, gracias a la recomendación de Raúl Prebisch, quien en su Informe preliminar acerca de la situación económica instó a la dictadura a endeudarse y a firmar el primer acuerdo, que llegaría dos años más tarde. “Hay dos serias confusiones en cuanto al empréstito exterior. Primero, que no hace falta y, segundo, que compromete la soberanía nacional. Pero el capital privado extranjero podrá estimular el desarrollo económico argentino”, sostuvo Prebisch.

Desde entonces, el ideario peronista se muestra refractario al FMI. Pero lo cierto es que los herederos de Perón fueron los que más tratados aprobaron con el Fondo Monetario Internacional en las últimas seis décadas. De los 27 convenios alcanzados con Argentina entre 1958 y 2018, el peronismo firmó 9, lo que representa la tercera parte del total. A saber: tres con Isabel Perón (1974, 1975 en dos oportunidades); cinco con Carlos Menem (1989, 1991, 1992, 1996 y 1998) y uno con Eduardo Duhalde (2003).

Ahora que un nuevo gobierno peronista inició negociaciones con el FMI –esta semana finalizó la misión en Washington de los enviados de Alberto Fernández– para desarmar la descomunal deuda contraída durante el mandato de Mauricio Macri, desde el Frente de Todos se esfuerzan en aclarar que se trata de un Fondo distinto, más benévolo, un FMI con rostro humano: en el oficialismo juran y perjuran que no habrá fantasmas de ajustes en el horizonte argentino.

El ideario peronista se muestra refractario al FMI. Pero los herederos de Perón fueron los que más tratados aprobaron con el Fondo Monetario Internacional en las últimas seis décadas: 9 de los 27 convenios alcanzados con Argentina entre 1958 y 2018.

La idea de un FMI light se instaló desde la asunción en 2019 de su nueva directora, la búlgara Kristalina Georgieva, la primera autoridad del Fondo formada tras la Cortina de Hierro. Georgieva es doctorada en Ciencias Económicas y magíster en Economía Política y Sociología por la Universidad de Sofía y solo tras la caída de la URSS inició sus estudios occidentales: en 1997 realizó el Programa de Certificado de Finanzas Corporativas de la Escuela de Negocios de Harvard y en 1998 el Executive Development Program del Banco Mundial en Washington.

Pero el legado “soviético” de Georgieva no impide que el FMI siga estando asociado a políticas de recorte del sector público, algo demasiado peligroso en el marco de la pandemia. Por lo menos, eso es lo que se desprende de los resultados de las negociaciones a las que arribó Ecuador, último país que renegoció su deuda con el organismo de crédito internacional. El informe staff report que detalla los acuerdos entre Ecuador y el FMI fue publicado en Washington en el site del Fondo el 5 de octubre y detalla las reformas consensuadas para aumentar los ingresos fiscales al 2,5% del PIB.

Entre otras recetas, el Fondo Monetario Internacional impuso al gobierno ecuatoriano subir 3 puntos del IVA y eliminar su devolución en educación y jubilaciones; aumentar el impuesto a los combustibles, a la renta y a los sueldos más altos; aplicar nuevos impuestos a las telecomunicaciones y a las grandes empresas; eliminar el descuento del crédito tributario por importaciones productivas y crear un nuevo gravamen ambiental.

Georgieva intenta guiar al Fondo por el sendero marcado por los fundadores y recientemente publicó un paper titulado Un nuevo momento Bretton Woods, en el que inspiraba al mundo a construir una nueva “hermandad de la humanidad”, retomando las palabras mencionadas por Keynes durante la época fundacional del FMI.

Pero Georgieva y Keynes guardan sustanciales diferencias: si el nacimiento del Fondo estuvo asociado a financiar economías devastadas tras la tragedia de la Segunda Guerra Mundial, el FMI actual está impulsado por otro tipo de imperativos que son reforzados en tiempos de Covid, tal como señaló su directora en el ensayo mencionado: vigilar con atención los riesgos que presenta un nivel de deuda elevado, avanzar hacia una mayor transparencia de la deuda y mejorar la arquitectura de resolución de la deuda soberana.

Desde el Frente de Todos aclaran que se trata de un Fondo distinto, más benévolo, un FMI con rostro humano: juran que no habrá fantasmas de ajustes en el horizonte argentino. Pero no fue el caso de Ecuador, último país que acordó con el organismo.

La relación entre Argentina y el Fondo estará marcada por esa tríada centrada en la deuda. Con un dato inquietante: la negociación que este año arribó el FMI con Ecuador fue por 6.500 millones de dólares, lo que representa la sexta parte de la deuda que tiene que negociar Argentina, que asciende a 44.000 millones de dólares.

Se trata, hay que decirlo, de un eslabón más en una cadena muy pesada. En El FMI y la política económica argentina, el sociólogo Pablo Nemiña demostró que desde el ingreso de Argentina al Fondo, el organismo tuvo una participación destacada y casi permanente en la vida política local. El doctor en Ciencias Sociales e investigador del Conicet especializado en el estudio sobre los antecedentes del FMI señaló en el paper publicado por la Universidad de Buenos Aires que la literatura sobre la relación que el organismo tiene con los gobiernos argentinos puede dividirse en dos grupos: los que la conciben como expresión de la dominación política de las potencias internacionales sobre Argentina y los que la suponen como un vínculo de carácter eminentemente técnico que se limita a hacer sugerencias de política económica.

Las consideraciones previas no deben llevar a pensar la inevitabilidad de la dependencia con el FMI –concluyó Nemiña–. Aunque suele  representar los intereses financieros de las potencias centrales, la capacidad de condicionar la política económica de un país periférico depende de que éste solicite un acuerdo. Así, lo que con frecuencia se presenta como el resultado de presiones internacionales expresa, en realidad, el interés de los sectores dominantes locales por reproducir a nivel doméstico los condicionamientos estructurales externos”.

No se trata de un tema menor: el vínculo que Argentina establezca con el Fondo Monetario Internacional en los próximos meses será determinante para el futuro del país en los próximos años. Como Perón, Alberto tampoco es economista: solo resta saber si podrá explicar esa relación de manera que se entienda.


*Doctor en Ciencias Sociales. Director de Perfil Educación. (@rodrigo_lloret)

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