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“La divina maquinaria del paraíso”

Pobre Milei: del interés a la indignación y, finalmente, a la pena.

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EN LA ESCUELA ORT, frente a alumnos de los últimos dos años del secundario, el Presidente hizo una controversial disertación metafísica el jueves pasado. | cedoc perfil

Cuando Milei era diputado y un candidato testimonial a la presidencia –2022–, su discurso enriquecía el debate público tanto como el de los representantes del trotskismo: faros que no son puertos ni destino pero permiten orientar un rumbo diferente perfeccionando su dirección. Un economista dogmático con agenda política en el caso de Milei, así como en el trotskismo, políticos dogmáticos con agenda económica.

El mejor ejemplo de ser ambos opuestos especulares reside en el notable crecimiento del trotskismo en las encuestas, con Myriam Bregman por primera vez con dos dígitos de aprobación, el triple del promedio habitual de los distintos nombres que continuaron la corriente política trotskista en la Argentina como efecto reactivo a la presidencia de Milei. La fuente del opuesto es (“siempre y en todo lugar”) el opuesto. Y al este del este siempre está el oeste.

En esa condición, Milei estimulaba intelectualmente por entonces con ponencias como la que brindó el jueves en el Colegio ORT. Hoy, en la condición de presidente, da pena en un recorrido donde pasó de ser interesante como candidato no competitivo a ser indignante como presidente al comienzo y ahora a generar pena. Una persona que no está bien, como hemos repetido innumerables veces, y que todavía resulta funcional a quienes se aprovechan para incrementar distintos tipos de conveniencias.

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El paso de la indignación a la pena es paralelo a la disminución de su poder. Dos de cada tres apoyaban a Milei hace un año, hoy uno de cada tres. Tiene lógica, Robert Nozick, el filósofo de Harvard de moda en los años 90, había construido una matriz de las virtudes y entre ellas diferenciaba lo bello de lo importante: Hitler era horrible pero muy importante por la capacidad de daño que podía producir. El ballet es bello pero, en sus términos, no importante, porque no podía producir daño. Más allá del reduccionismo de toda taxonomía, y aunque aún quedan perjuicios por producir, son evidentes los rendimientos decrecientes para producir poder que tienen las acciones del Gobierno.

El recorrido del enojo a la compasión atravesado por el ridículo no es menos devastador para el observador frente a la orfandad de confirmar que su preferencia electoral fue fruto de la selección negativa. El líder carismático no deja de ser carismático cuando lo odian; deja de serlo cuando dejan de creer en su excepcionalidad.

En el libro del sociólogo Erving Goffman La presentación de la persona en la vida cotidiana, se explica la ruptura de la representación cuando al individuo se le cae la fachada (el front), cuando la persona deja de poder representar el personaje que pretende seguir mostrando. Cuando el otro “pierde la cara” (losing face) comenzamos a sentir vergüenza ajena. El personaje continúa representando grandeza cuando los espectadores ya no creen en ella. Para Milei, que hizo teatro, resulta muy didáctico el concepto de escenario delantero y trasero de Erving Goffman: cuando el trasero emerge debe caer el telón.

Henri Bergson, en su clásico libro La risa, sostiene su famosa fórmula de que lo cómico aparece cuando percibimos algo mecánico adherido a lo viviente: “Esperamos de una persona viva flexibilidad, adaptación, aprendizaje, sensibilidad frente al contexto. Nos causa gracia cuando alguien continúa repitiendo automáticamente una conducta aunque las circunstancias hayan cambiado”. Bergsonianamente: ya no parece que el sujeto controle la conducta; sino que la conducta controla al sujeto.

Es llamativo que todos los presidentes tuvieron rápidamente humoristas imitándolos, tanto en radio como en televisión, y en el caso de Milei este recurso es mucho menos utilizado. Una conjetura plausible podría ser que él mismo ya es una imitación. La rigidez adaptativa emerge cuando una persona no consigue modificar su conducta ante las señales que recibe del ambiente.

Perón dijo que en política se vuelve de todo, menos del ridículo. Pero hay otro paso mayor hacia lo irreversible: por momentos Milei traspasa esa categoría avanzando de lo ridículo a lo patético.

La pena hacia el sujeto aparece cuando percibimos que es incapaz de advertir lo que le está sucediendo, el “este hombre no está bien”.

Paraíso y capital. La exposición del jueves en ORT bajo el título homólogo a su próximo libro: Ética como política de Estado, apelando a los valores judeocristianos y a los Diez Mandamientos como fuente de legitimación del capitalismo, y este como “la divina maquinaria del paraíso”, generó sentimientos encontrados.

Su decir abúlico y kinestesia en slow motion transmitían alguna anomalía. Hay una disonancia dramatúrgica: la transgresión deja de transgredir porque ya se volvió previsible. El lunes, en el programa de las mañanas de Perfil, comenzábamos la semana con el efecto inverso que habían producido los discursos del sábado en la Bolsa de Rosario y poco antes en el Council of the Americas, terminamos la semana otra vez con lo mismo: un discurso inapropiado del Presidente como síntoma de su ausencia de la realidad.