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COLUMNISTAS / EXPECTATIVA
domingo 24 noviembre, 2019

La hora del centrismo

Se trata de un sector de la sociedad atento a movimientos de AF y listo para continuar con su nomadismo político.

por Carlos De Angelis

Fauces. Foto: Pablo Temes
domingo 24 noviembre, 2019

Fueron históricamente objeto del bullying político. Se trata de un nutrido grupo de ciudadanos que, sin renegar de la clasificación clásica (y demodé para algunos) izquierda/derecha, se autoubican en el centro político. Con su asiento en esa escala no hacen otra cosa que definirse dentro de la política, por el contrario de quienes insisten en ubicarse por fuera.

Coartadas. Flaco favor les hizo en su momento Alvaro Alsogaray, cuando a fines de 1982 fundó la Unión del Centro Democrático (UCeDé), partido claramente ubicado en la derecha liberal, y que utilizó el significante “centro” para evitar la connotación negativa que en Argentina tiene ser de “derechas”, básicamente asociada a las dictaduras militares que asolaron al país desde 1930.

Esto contribuyó a una confusión que no permitió que el centro pudiera construir una identidad propia. Además, a la UCeDé no se le perdonó nunca haber dotado de cuadros políticos al menemismo a fin de proporcionar el faltante glamour a aquel peronismo que en los 90 arrojaba el poncho por la ventana para vestirse a lo Versace, pero que al final lograría su objetivo de tener su portada en la revista Gente de fin de año.

Sin embargo, hoy ese sector político que se autodefine como “centrista” pasa a tener una importancia vital por dos razones, una pragmática y otra ontológica. La pragmática es su presencia cuantitativa y la ontológica la forman su agenda y valores, que las tienen y con algunas características peculiares.

A los centristas de hoy se los hubiera podido señalar como los progresistas del ayer, un poco siguiendo la trayectoria de Elisa Carrió, a quien se la ubicaba en la centroizquierda del arco político hasta asumir hoy posturas claramente de la derecha conservadora.

En el plano numérico, en la encuesta realizada en 2018 por Latinobarómetro, el 32,8% de los argentinos se ubicaron en el número cinco en una escala que iba del cero (izquierda) al diez (derecha), contra el 13,6% que se plantearon por fuera de la escala. A fin de comparar, solo el 5,9% se ubicó en la extrema izquierda, y el 6,4% en la extrema derecha.

La existencia de esta populosa “ancha avenida del medio”, como alternativa a la polarización kirchnerismo-antikirchnerismo, fue detectada en su momento por Sergio Massa; no obstante, fue imposible transformar a este espacio social en una fuerza política, en principio, porque se trata de un conjunto muy ecléctico e inconformista.

Esto se traduce en una fluctuación a la hora de votar, es decir que puede mutar sobre la base de algunos valores no tan fácilmente asibles; y por su identidad mutante, puede cambiar el curso de una elección cuando es reñida.

Ontologías. No es sencillo ubicar o catalogar las disposiciones políticas de los sectores del centro político, aun con el uso de herramientas cualitativas como entrevistas o focus groups. Pero como la izquierda o la derecha, también tienen su agenda.

En este sentido, se podría decir que en general suelen moverse al revés de los sectores más conservadores, pretendiendo una agenda del Estado presente en lo económico y una agenda más liberal en lo político y social. No obstante, valoran una gestión eficiente de la esfera estatal, con acento en políticas de seguridad claras, y un gobierno más cerca de la regulación y el orden que del intervencionismo.

Macri logró un apoyo importante del centrismo en sus etapas iniciales. El olvidado “gradualismo” fue un poco una ofrenda a estos sectores, que como principio unificador rechaza lo que perciben como “radicalizaciones”, y que los llevó a estar en la vereda de enfrente de Cristina Kirchner, sobre todo luego de los conflictos con los sectores agropecuarios primero, y con el Grupo Clarín después.

Casi por definición el centrista rechaza el conflicto, así como también evita la identificación plena con una postura, ideología política o incluso los personalismos tan caros a la cultura política argentina. En este sentido, la clasificación del macrismo como posideológico podía sonar como música para los oídos de estos sectores, e incluso, como defienden una agenda más liberal en lo social, festejaron la decisión de Macri de “aceptar abrir el debate” sobre la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo”, aunque finalmente se defraudaron cuando percibieron que el interés por parte del Gobierno de lograr la aprobación de esa norma finalmente fue nulo, y hoy asisten un poco confusos al nacimiento del nuevo Macri defensor del pañuelo celeste.

Ex progresismo.  Sin embargo, no fue la fallida agenda liberal lo que alejó al centrismo del proyecto macrista, sino los resultados económicos, al igual que el 60% del electorado. En efecto, casi el 95% del espacio se considera insatisfecho con el manejo de la economía en los años de Cambiemos. Es que contrariamente a lo que se puede pensar, los centristas no pertenecen necesariamente a los sectores más altos de la sociedad: por el contrario, más de la mitad se corresponden con clases medias e incluso medias bajas.

A los centristas de hoy se los hubiera podido señalar como los progresistas del ayer, un poco siguiendo la trayectoria de Elisa Carrió, a quien se la ubicaba en la centroizquierda del arco político hasta asumir hoy posturas claramente de la derecha conservadora.

Sin embargo, el corrimiento del macrismo hacia discursos más duros en su última etapa, centrados en un modelo ultramonetarista de la economía, el rol de Patricia Bullrich en una agenda dura en materia de seguridad y la asociación con Miguel Angel Pichetto preocupó a estos sectores, que no dejan de ser políticamente correctos.

En la línea contraria, el surgimiento de Alberto Fernández como candidato a presidente con un programa moderado en el horizonte peronista, los hizo reconciliar parcialmente con el kirchnerismo con quien habían roto lanzas tiempo atrás, y una parte del espacio de centro abandonó a quien llevaba más claramente sus banderas (Roberto Lavagna) para apoyar un cambio en la conducción del Estado, con Fernández a la cabeza.

Ahora, el centrismo está atento y observando con detalle los movimientos del nuevo presidente, lejos de incondicionalidad, marcando en una ficha su acuerdo/desacuerdo con cada declaración, gesto o decisión, prestos para continuar con su nomadismo político.

 

*Sociólogo (@cfdeangelis)


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