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COLUMNISTAS / peliculas
sábado 5 octubre, 2019

La niña en el Castillo Mágico

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por Fabián Casas

default Foto: CEDOC

¿Se acuerdan del niño que veía gente muerta? Ese film era imposible de soportar si uno conocía el spoiler. Préstenle atención a otra niña prodigio de la actuación: Brooklynn Prince. Ella es la protagonista principal de Proyecto Florida, un film de Sean Baker, y lo que ve es gente viva. Muy viva. Aunque esté siempre al borde de caerse del sistema y tratando de hacer malabares para parar la olla.

El Magic Castle es un condominio cercano a Disney World y ahí viven las personas que están del otro lado del sueño americano. Cada puerta del largo motel barato es una historia con personajes de Raymond Carver. Por lo general familias precarias: madres solteras, niños cuidados por abuelas que fuman porro, padres tatuados hasta el cuello con trabajos por la zona.

El film está siempre bajo el magnetismo de los niños del lugar. Niños que habitan los tiempos muertos del capitalismo jugando por todos los recovecos del complejo. Son muy chicos pero ya saben cómo sobrevivir sin perder la alegría. Van a comer helados después de juntar plata, inspeccionan hoteles abandonados y los prenden fuego, escupen sobre los autos. Es verano y no hay escuela. El complejo tiene un único lujo, una pileta donde ellos pueden tomar sol y bañarse.

Willem Dafoe es Bobby, el cuidador del lugar, un personaje también solitario pero que está permanentemente ocupado no solo en las labores diarias –pinta el frente de un rosado furioso, baja una heladera por el ascensor y cuando puede protege a los niños de las visitas inesperadas de los pederastas. También se encarga de que se cumplan las leyes para la convivencia. A veces se endurece, pero sin perder la ternura. Es un personaje extraordinario porque está hecho de retazos, como toda la película.

Baker se toma su tiempo para filmar a los niños y la historia avanza de a poco, como si miráramos fotografías mientras tomamos jugo en una larga tarde de calor. ¿Hay una historia? Si hay una historia es la de Halley y Moonee –madre e hija–, quienes parecen ser hermanas ya que no hay mucha diferencia entre ellas más allá de la edad. Las dos son salvajes, las dos son vitalistas y hacen lo que quieren y lo que pueden para vivir. Venden perfumes baratos a la salida de los hoteles caros. Y cuando no pueden vender más la madre decide prostituirse mientras mete a la niña a bañarse y sube la música para que no escuche el ruido de sus visitas. ¿Es una buena madre? Sí y no. El director no juzga. No lo hagamos nosotros tampoco.

La sociedad es tan perversa que primero te sube el agua y cuando te estás ahogando llegan los empleados del sistema social para poner orden. En este caso, sacarle la hija a la madre. La niña debe de tener 6 años, la madre parece estar entrando en la treintena. La niña está encarnada en Brooklynn Prince, la madre en Briana Vinaite, ambas sin experiencia actoral y con performances brillantes. Briana tiene algo de Courtney Love.

André Bazin dice en su teoría sobre el plano que cuando dos elementos heterogéneos  están en juego no se puede hacer montaje. Bazin es un teórico del neorrealismo y Proyecto Florida tiene mucho de ese movimiento fílmico.

En una de las escenas centrales, la niña está en la bañadera y uno de los clientes de la madre entra para hacer pis. La cámara filma solo a la niña, quien mira al intruso y baja la vista. La voz del hombre entra en el plano y dice: “¡No me dijiste que había una chica acá!”. La niña corre la cortina. Uno supone que el tipo estaba desnudo, aunque nunca lo vimos. En la decisión de filmar la escena de esa manera uno siente que Sean Baker sopesó toda la historia del cine moderno y filmó lo más cercano que pudo a la captación de lo real.

Otra cosa que me impactó: el director nunca le da a Willem Dafoe la posibilidad de encarnar al héroe total, le escamotea esa escena que a veces te da un Oscar. Cuando los agentes van a separar a la madre de la hija, él está perturbado pero hace lo que puede. Fuma, espera. Lo que tal vez hubiéramos hecho todos. Enfrente, las familias privilegiadas disfrutan del mágico mundo de Disney. El capitalismo ordenado es eso: unos tienen culo y otros son los que se lo limpian.


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