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COLUMNISTAS / Opinión
sábado 20 octubre, 2018

La obra maestra imposible

Moor Park fue el lugar donde vivió Jonathan Swift, personaje genial y polifacético, una obsesión de Toledano (y de Josipovici).

por Quintín

default Foto: CEDOC

Un viejo crítico de cine decía que si no había escuchado hablar de un director o de una película, seguramente debía ser mediocre. Aunque no lo enunciemos tan brutalmente, solemos aplicar esa teoría a la literatura: solo pueden ser grandes escritores aquellos que fueron considerados como tales por los críticos, por los colegas o por quien corresponda. Nunca pensamos que ese libro que vemos en la librería puede ser una obra maestra sobre la que nadie nos alertó. Moo Pak de Gabriel Josipovici desmiente estos prejuicios en mi caso. De hecho, no sé cuándo ni por qué lo compré (y tampoco tenía registrada en la memoria la editorial catalana Cómplices). Cuando lo descubrí en la biblioteca seguía sin sonarme, y más desconfianza me dio que no tuviera puntos aparte y narrara cómo un tercero transcribe los monólogos de Jack Toledano, un escritor con opiniones muy contundentes, mientras ambos se pasean por los parques de Londres. Ese formato está patentado por Thomas Bernhard y nadie piensa que un escritor genial pueda utilizar el procedimiento inventado por otro.

Pero Moo Pak desmiente tanto la necesidad del rumor en la jungla de la literatura como la originalidad del formato como requisitos para escribir una obra maestra. Josipovici no es exactamente un desconocido. Nacido en Francia en 1940, desciende de judíos venidos de Rusia, de Italia y de Medio Oriente. El y su madre pasaron la guerra escondiéndose de los alemanes; después emigraron a Egipto y, cuando tenía 16 años, a Inglaterra, donde todavía reside tras estudiar en Oxford, enseñar en Sussex y publicar varias novelas, ensayos y obras de teatro. Moo Pak es una especie de summa de su obra. Con gran habilidad, Josipovici la construye como si fuera la sombra de una novela de ochocientas páginas que Toledano describe en sus comentarios a la manera de un resumen borgeano. Moor Park fue el lugar donde vivió Jonathan Swift, personaje genial y polifacético, una obsesión de Toledano (y de Josipovici). La mansión fue después, entre otras cosas, una escuela, un manicomio, un centro para descifrar claves y hasta un laboratorio en el que se enseñaba a hablar a los chimpancés. La novela es al mismo tiempo una autobiografía, una teoría sobre el arte y el trabajo del escritor, una reflexión sobre el judaísmo, la inmigración y la vida contemporánea.

 Josipovici puede construir un canon literario en cuya cúspide hay un póker de autores (Dante, Proust, Kafka y Wallace Stevens, los mejores defensores contra el cinismo posmoderno) o contar el mejor chiste sobre chimpancés pero, en cada página, aparece una idea brillante e inesperada. Hay una que me gusta mucho: “Fíjate la diferencia que hay entre Beckett y un personaje tan extraño y repugnante como Sartre. (...) Sartre nunca sonó auténtico, no sonó auténtico cuando la Resistencia y no sonó auténtico cuando lo del Premio Nobel, de modo que no debe sorprendernos que tampoco su obra suene auténtica. Pero cuanto más sabe uno de Beckett, más íntegro lo encuentra”. Este pasaje me hizo zambullirme sobre otro libro fascinante que aprovecho para recomendar: Recordando a Beckett, entrevistas inéditas a Samuel Beckett y testimonios de quienes lo conocieron, publicado hace cosa un año por Editores Argentinos. Hoy el lector se lleva dos recomendaciones por el precio de una.


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