domingo 05 de diciembre de 2021
COLUMNISTAS opinión
21-11-2021 01:58
21-11-2021 01:58

Las anguilas y yo

Svensson está convencido (y logra que el lector lo esté también) de que las anguilas son la especie más misteriosa del reino animal.

21-11-2021 01:58

En 1997, la película La anguila de Shoei Imamura compartió con El sabor de la cereza de Abbas Kiarostami la Palma de Oro en Cannes. Creo que fue la primera vez que vi una anguila en una pantalla. Eso ocurrió cinco años antes de ver una anguila en vivo. Fue también gracias al cine, en el festival de Pusan, cuando otro gran director, Hong Sang-soo, nos llevó a comer anguilas. Allí nadaban en una pecera hasta que las traían a la parrilla ubicada en el centro de la mesa, donde se asaban (es posible que antes les cortaran la cabeza). Acompañado de algunas salsas indescifrables, el kimchi reglamentario y una alta dosis de soju, me pareció un plato delicioso. 

La tercera aparición de las anguilas en mi vida se debió a un error. Años atrás, leí una obra maestra, El peregrino de J. A. Baker, en el que el autor observa a un ejemplar de halcón peregrino, un ave cuya velocidad para volar y precisión para cazar son prodigiosas. Cuando hace unos días, leí una gacetilla en la que se anunciaba un libro llamado El evangelio de las águilas, pensé que podría ser una excursión a la zoología igualmente placentera. De modo que se lo pedí a Ana Mazzoni, siempre atenta y eficaz representante de prensa, que me lo hizo llegar. Cuando vi la tapa esperaba un pájaro, pero me encontré con el dibujo de una mezcla de víbora con pescado. Leí el título con atención y descubrí que no se trataba del evangelio de las águilas, animales aéreos y majestuosos, de gran historia simbólica, sino de las anguilas, bichos barrosos y poco distinguidos. 

Alto. Más respeto. Nadie puede hablar así de las anguilas después de leer el libro de Patrik Svensson, un periodista nacido en 1972 en un confín de Suecia que solía pescar anguilas con su padre y desarrolló una gran fascinación por ellas. Svensson está convencido (y logra que el lector lo esté también) de que las anguilas son la especie más misteriosas del reino animal. No solo eso, insiste en que las anguilas, ahora amenazadas de extinción, son un ejemplo perfecto de las dificultades con las que se enfrenta el entendimiento humano. 

Efectivamente, el comportamiento de las anguilas induce a la perplejidad. Desde hace millones de años, nacen como minúsculas larvas transparentes y, arrastradas por las corrientes atlánticas, migran hacia las costas europeas donde llegan convertidas en anguilas (pequeñas y muy apreciadas en España). Las que sobreviven a los pescadores se internan en los ríos, arroyos y pantanos ya como anguilas amarillas. Allí permanecen años o décadas hasta que un día, por razones inexplicadas, crecen más, se convierten en anguilas plateadas, desarrollan sus órganos sexuales y emprenden el camino inverso hasta llegar al Mar de los Sargazos donde se reproducen y mueren. Esto es lo que la ciencia logró averiguar tras trabajosas investigaciones que, entre otras cosas, demostraron que las anguilas tenían sexos separados y eran peces. Pero nadie vio a las anguilas reproducirse ni explicar este fenómeno. 

Svensson se centra en la anguila europea, pero también menciona a la americana del norte y a la asiática (la que comimos en Pusan), cuyo lugar de nacimiento y muerte está en el Pacífico, cerca de las Marianas. Pero nada dice de América del Sur. Por eso me pregunto qué pasa con las anguilas argentinas. Nunca vi una. ¿Y ustedes?