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Las gacetillas del vecino

Es dura la vida del redactor de gacetillas. ¿Cómo lograr que los periodistas a quienes van dirigidas se sientan tentados por el libro que intentan vender?

Me hizo mucha gracia la columna de Damián Tabarovksy del domingo pasado, una gacetilla de prensa apócrifa en la que se anuncian El proceso, Moby Dick y En busca del tiempo perdido como si acabaran de traducirse. El texto está escrito en el estilo en el que hoy se anuncian los libros, que mezcla la corrección política con la garantía de entretenimiento: “Del escritor norteamericano Herman Melville presentamos Moby Dick, una novela sorprendente que nos atrapa desde la primera página. Un viaje en barco por un mar entre calmo y embravecido, con personajes entrañables que están descriptos de manera casi cinematográfica (…) lo que constituye una crítica al capitalismo que conforma subjetividades coloniales (…) Una novela clave sobre la violencia que atraviesa nuestras sociedades en momentos de crisis”.

De todos modos, es dura la vida del redactor de gacetillas. ¿Cómo lograr que los periodistas a quienes van dirigidas se sientan tentados por el libro que intentan vender? Pienso justamente en el pobre Tabarovsky, que además de columnista de PERFIL es el director editorial de Mardulce y allí seguramente redacta, o al menos supervisa, las gacetillas que se mandan a la prensa. Supongo que lo habrá hecho, por ejemplo, con el libro Bad girl. Clases de literatura, de la escritora canadiense Nancy Huston. Acabo de terminarlo y me pregunto si lo empecé por la gacetilla que reproduce la contratapa, en la que se lee: “La clave en Huston es su escritura, el estilo, hecho de un tono preciso y dramático a la vez, marcado por su compromiso con el feminismo y con sus inabarcables lecturas, de Virginia Woolf a Beckett, pasando por Anaïs Nin, que desembocan en una conmovedora novela acerca del territorio de lo íntimo”. Hmm… No creo. Leí el libro por dos razones. Una, porque tengo confianza en lo que edita Tabarovsky y es raro que me clave con su mercadería, digan lo que digan las contratapas. Otra, porque había leído otro libro de la autora, Epitafio de Romain Gary, traducido por la UDP chilena, que me interesó tanto que seguí de largo y leí con placer al propio Romain Gary, escritor singular si los hubo. ¿Pero por qué leí el anterior de Huston? Me temo que fue por el nombre de la autora, que tiene un gancho particular. Hace pensar en John Huston y en su hija Anjelica aunque, como no soy un devoto de ninguno de los dos, igual creo que hay cierta eufonía en ese nombre.

Curioso personaje Nancy Huston. Nacida en Canadá en 1953, vive en Francia desde 1970, donde se convirtió en una escritora en lengua francesa, al estilo de su admirado Beckett. Bad girl hace pensar en la reciente Premio Nobel Annie Ernaux por la truculencia con la que describe la historia de su familia y sus propias obsesiones. Es el libro de una mujer que tuvo éxito como escritora a costa de sufrir como un chino. Huston se escuda en Barthes (“Todo esto debe ser considerado como dicho por un personaje de novela”), pero cada línea suena autobiográfica. Lo que más me sorprendió fue que suele destruir cualquier papel suyo que no llega a la imprenta, incluyendo las cartas y los manuscritos de sus obras, para desesperación de archivistas y de futuros biógrafos. De todos modos, entre las viejas que edita Tabarovsky en Mardulce, me quedo con Cynthia Ozick, que no se vendió a los franceses.

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