jueves 24 de junio de 2021
COLUMNISTAS Opinión
23-05-2021 00:30

Lawfare y relawfare

23-05-2021 00:30

Judicialización de la política y politización de la justicia. El irreverente fenómeno que se evidencia en la Argentina permite esbozar un singular panorama: en medio de una coyuntura cada vez más antagónica, ahora es posible presenciar la atracción de los polos opuestos. El lawfare los iguala.

Ambos sectores en pugna (kirchnerismo/macrismo) sostienen que sus adversarios son responsables de la decadencia argentina (populismo/neoliberalismo) y que no pueden derrotarlos en las urnas porque representan la etapa más oscura de la historia reciente del país. Por lo tanto, estos oponentes se ven obligados a descender a los sótanos de la democracia para entablar oscuras alianzas con jueces corruptos, inescrupulosos espías y mercenarios periodistas para poder elaborar una amenaza en el único escenario que controlan: el Poder Judicial.

Judicialización de la política y politización de la justicia. El irreverente fenómeno permite esbozar un singular panorama: en medio de una coyuntura antagónica, es posible presenciar la atracción de polos opuestos.

Es una historia conocida. Cristina Kirchner acusa a un sector de la Justicia de haber servido a los intereses de la oposición. Sostiene que los procesos que la aquejan son parte de un entramado político-mediático sin fundamento empírico. Cristina, sus hijos y sus ex funcionarios son víctimas del lawfare. Hotesur, Cuadernos y Vialidad son inventos del macrismo. La Ruta del Dinero no es más que una novela de ciencia ficción.

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Esta semana se sumó una novedad. Mauricio Macri dijo que sufre  “claramente” una “persecución” dirigida contra él, su familia y sus ex asesores a través de una “causa armada” por Cristóbal López y Fabián de Souza, dueños de un conglomerado de medios oficialistas. Macri, sus familiares y sus ex funcionarios son víctima del lawfare. Correo, Autopistas y Parques Eólicos son fábulas del kirchnerismo. Los Panamá Papers son sólo literatura propia del realismo mágico.

El ex presidente interpreta que el pedido de detención realizado esta semana contra Fabián “Pepin” Rodríguez Simón, su principal espada judicial, derivará en un entramado que terminará señalando a Macri como el jefe de una asociación ilícita orquestada desde el Estado para perseguir a opositores durante su gobierno.

De ser cierta, se trataría de una estrategia espejo de la maniobra que denuncia Cristina cuando se presenta como víctima de una serie de investigaciones armadas en su contra para condenarla como la jefa de una asociación ilícita destinada a multiplicar negocios con el Estado en beneficio de testaferros.

Se trata, hay que decirlo, de una curiosa simbiosis argumentativa de potente elaboración retórica. Si la justicia falla en contra, es amañada y responde a intereses opositores. Todo juez es político. Debe ser lo único en lo que Cristina y Macri acuerdan.

El lawfare, como ya se ha recordado en este espacio, nació en 1975 cuando los australianos John Carlson y Neville Yeomans publicaron Hacia dónde va la ley: humanidad o barbarie. En ese ensayo los docentes de la Universidad de Melbourne compararon el sistema legal occidental con el asiático para demostrar que los juzgados de Estados Unidos y Europa parecían “trincheras de guerra” muy diferentes al espíritu humanista que prevalecía en el sudeste asiático.

“La búsqueda de la verdad fue reemplazada por el refinamiento del combate –sintetizaron Carlson y Yeomans–. El lawfare reemplaza ir a la guerra y el duelo es con palabras en lugar de espadas”.

Se trata, hay que decirlo, de una curiosa simbiosis argumentativa y retórica. Si la justicia falla en contra, es amañada y responde a intereses opositores. Todo juez es político. Debe ser lo único en lo que Cristina y Macri acuerdan.

También se ha reparado en este espacio en el trabajo de Wouter Werner, profesor de Derecho Internacional de la Universidad de Ámsterdam que, preocupado por las distintas acepciones atribuidas a la “guerra jurídica”, publicó en 2010 La curiosa carrera del lawfare.

“Este ensayo examina la curiosa carrera del lawfare –explicó Werner–. Cómo surgió en el humanitarismo, reapareció en reflexiones sobre la guerra sin control, cómo viajó desde el ejército estadounidense a los estudios legales y cómo terminó en manos de quienes lo usan para desacreditar oponentes”. Con tantas desviaciones, concluyó el autor, el término perdió identidad.

La única acepción que mantiene hasta la acutalidad es la de cuestionar a la justicia en clave política. Y, de esa forma, todo el asunto termina resumiéndose en un simple, pero perverso, juego de naipes:

—¡Lawfare!

—¡Quiero relawfare!