miércoles 07 de diciembre de 2022
COLUMNISTAS Reportaje a Pedro Pablo Garca Caffi

"Los argentinos tenemos que estar orgullosos del Colón"

Director del teatro, subraya cómo se está incorporando la música popular a su programación específica y destaca la innovadora práctica de trabajar en forma conjunta con las Operas de Australia, Noruega y Bélgica. La importancia de los precios populares para las funciones y la mística de sus empleados.

02-06-2013 07:30

Llegamos al Teatro Colón en un día muy especial. En efecto, presentaba Las elegidas, un recital de música popular en el que figuras del espectáculo tendrían la gloria (y la ansiedad) de hacer escuchar sus voces en nuestro primer coliseo.

—Esto no es habitual –explica Pedro Pablo García Caffi como director del Colón–, pero creo que, tomando en cuenta ciertos períodos de tiempo, y tomando también en cuenta la programación propia y específica del teatro y sumando a esto la necesidad que sentimos de que la música popular, en su mejor condición, esté presente aquí en el teatro, ya hemos hecho funciones de este tipo. Sobre todo en nuestro ciclo gratuito de los domingos. Siempre hemos incorporado a artistas genuinos que tienen que ver con la verdadera música de nuestra tierra. Por ejemplo, este año ya hemos tenido al Chango Spasiuk con su grupo y realmente considero que es uno de los artistas que mejor representan esa música. La hace con un nivel que podríamos comparar perfectamente con cualquiera de los grupos clásicos que se presentan en nuestro teatro.
—Estaba mirando, también, la enorme pantalla que han instalado en la plaza junto al teatro. ¿Será posible transmitir simultáneamente allí lo que se esté representando en la sala?
—Esto es algo que tenemos planeado para este año, si bien tanto la gran pantalla como la plaza no le corresponden al Teatro Colón. La plaza le corresponde a Espacios Públicos y la pantalla a una asociación que cuida y embellece el entorno del teatro. Pero aun así nosotros tenemos planeada la transmisión de algunos de los espectáculos de ballet. También tenemos entre septiembre y octubre la presentación de Matalón con un grupo orquestal ejecutando la música mientras se proyecta la legendaria película Metrópolis en su versión completa, tal como ha sido encontrada últimamente en los archivos.
—¿La famosa “Metrópolis” de Erich von Stroheim? ¿Esa joya del cine mudo?
—Efectivamente –se entusiasma García Caffi–, y con los fragmentos recién descubiertos. Esta es una de las tantas cosas que tenemos pensadas, porque creo que hay un espacio dentro del Teatro que elabora su programación y trabaja sobre la especificidad de la música escolar, operística y de ballet. Por otra parte, la plaza también nos otorga la posibilidad de abrirnos a otras músicas, a otros espacios. Por lo tanto, nos sentimos felices de que éste sea un polo de producción continua. Una especie de faro que ilumina con la mayor intensidad nuestra cultura como argentinos.
—También para los entendidos y exquisitos, el hecho de haber estrenado las dos pequeñas óperas de Rachmaninov ha sido motivo de un deleite muy particular. Algo inédito.
—En realidad, desde el principio nuestra programación tiene carácter innovador; estamos decididos a seguir con esta tónica porque pensamos (y tenemos el deber de hacerlo) mostrar distintas producciones que no son usuales y que el Teatro Colón debe mostrar. No se trata sólo de música perteneciente a la segunda mitad del siglo XX. Por ejemplo, estas dos bellas óperas de Rachmaninov que mencionábamos recién. Lo mismo cuando hicimos a Schönberg. Hacía 56 años que no se interpretaba Erwartung y tantas otras obras que merecen llegar al escenario del teatro. También para el año que viene –sonríe francamente– tenemos dos o tres travesuras importantes.
 Esto nos llena de curiosidad:
—¿Por ejemplo?
—Podría anticiparle que vamos a interpretar, para el Teatro Colón, Calígula, la primera ópera del siglo XXI. Pertenece al alemán Glanert y es una obra realmente trascendente desde muchos puntos de vista; está hecha sobre un libro de Albert Camus. Y tenemos también algunas otras cositas que guardamos en secreto para el momento preciso.
Con el brillo que acompaña la mirada de alguien que atesora una felicidad secreta, García Caffi añade:
—Son obras que están entre las de la gran tradición operística y la innovación. Se trata de estrenos aquí en Argentina y yo diría que, en algunos casos, como El gran Macabro, es un estreno en América.
—Las grandes audacias siempre son fascinantes, ¿no? Por ejemplo, como haber traído a La Fura dels Baus. Una cosa que, veinte años atrás, hubiera parecido imposible.
—Esto es verdad. La Fura dels Baus regresa este año y, por primera vez, haciendo una obra tradicional como es Un ballo in maschera de Verdi. Recordemos que éste es el año verdiano y ésta será una coproducción que hemos realizado con la Opera de Australia, la de Noruega y la de Bruselas. Junto con el Teatro Colón, los cuatro teatros hemos contribuido a esta realización y la llevaremos a nuestros cuatro países. Vuelve entonces La Fura dels Baus, pero también La Fura... es parte de este proyecto de una programación más innovadora y que nos muestre títulos tradicionales pero con una visión diferente a la que contemplamos habitualmente.
—Me imagino también que estos proyectos son costosos. ¿Cómo se financian?
—En efecto. Son producciones muy caras y por eso mismo las coproducimos entre los cuatro teatros. El 25% para cada teatro. A nosotros esto nos representa (contando La Fura dels Baus y Un ballo in maschera en el cierre de nuestra temporada) un costo menor que cualquiera de las producciones previas. Y esto se debe al hecho de haberlas coproducido con cuatro teatros de la trascendencia que le mencionaba. Por ejemplo, la Opera de Australia está haciendo cosas magníficas. Lo mismo que las de Noruega y Bélgica. Con la Opera de Bruselas ya hemos hecho otras coproducciones a través del teatro La Monnaie, y esto nos permite llegar a estos resultados. La unión con otros teatros ha demostrado ya que resulta algo beneficioso para todos.
—Sin embargo, no era habitual que el Teatro Colón hiciera este tipo de arreglos, ¿no?
—No era habitual quizás porque se podía hacer las cosas de otra manera. En este momento nos estamos exigiendo que las producciones sean de gran calidad y no sería posible asumir sus costos. Entonces, como le decía, la coproducción es casi una necesidad. ¡Y la necesidad tiene cara de hereje! Quiero decir también que todo esto –la innovación, una nueva manera de ver, el sentido artístico y cultural que tiene nuestra programación– hace que también sea necesaria una visión (que comparto plenamente) como la del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. En una palabra: innovar, mirar hacia el futuro. Me interesa mucho lo que está sucediendo en este momento. Y esto es una apreciación muy personal: veo, a veces, que desde el Gobierno nacional se habla para la riqueza y la acumulación de poder y no para la gente. Y me encuentro, en cambio, con que el gobierno de la Ciudad no sólo habla para la gente sino que nos pide que busquemos los mejores caminos, incorporemos más gente al Teatro Colón y creo que esto es algo muy válido que debe mencionarse, porque cuando las cosas se hacen bien es importante señalarlas, como en este caso.
—Nos pareció una iniciativa encomiable el hecho de que el Teatro Colón reincorporara a personal jubilado para que transmitiera sus conocimientos a los nuevos integrantes del teatro, formándolos dentro de la mejor tradición.
—Justamente éste es uno de los mejores trabajos que se están cumpliendo en el campo de la escenotecnia. María Cremonte, que es la directora escenotécnica, está trabajando en este sentido. Busca recuperar a los que han pasado una vida en este teatro y que realmente “saben” y pueden formar a la gente nueva, a la que le falta no sólo la formación en su propia especialidad, sino que es también para transmitirles el amor hacia esta casa recuperando la mística que supo tener.
—Incluso, cuando filmamos aquí un programa de televisión sobre la historia del Colón, nos decían que hasta hace relativamente poco los avisos internos (por ejemplo, “prohibido fumar”) ¡estaban redactados en italiano!
—La realidad es que éste es un teatro de características netamente italianas. Cuando venía, de niño y de joven, a los talleres del teatro, recuerdo que los jefes hablaban todos en italiano, y si uno revisa los apellidos de aquella gente (en especial en escenotecnia) se encontrará con una inmensidad de apellidos italianos. La Scala de Milán, por ejemplo, trabaja de la misma manera en que nosotros lo hacemos y nosotros a la manera de ellos, porque también en ese sentido somos sus hijos.
—Tenemos entendido que en el mundo quedan pocos teatros de ópera...
—Los teatros de producción siguen existiendo. Los que ya no se ven son los teatros de producción y escuela, como éste, en el que funciona un Instituto Superior de Arte de primer nivel, y también generalmente los talleres están fuera del teatro. Prácticamente ningún teatro tiene los talleres dentro del teatro, y por otra parte, la gran mayoría de los teatros encomienda esos trabajos a distintas empresas. No tienen equipos propios de producción. Por eso aquí se conoce y se reconoce un estilo de trabajo que cumple la escenotecnia, que ha heredado las virtudes que nos dejaron los italianos. Por otro lado, lo artístico está muy relacionado con todos aquellos grandes maestros europeos que han estado aquí y nos han dejado su formación. También son muchos los maestros que decidieron vivir en la Argentina y nos brindaron su formación. Personalmente, hoy, desde la dirección del teatro estoy buscando por todos los medios continuar con aquellas enseñanzas. Lamentablemente uno de los problemas que encontramos en nuestro querido país es observar cuánto se ha degradado la educación. Creo que hay que reivindicar el conocimiento, pensar en la educación de nuestros jóvenes. Recordemos que fuimos un país que tenía el orgullo de su educación, y quisiéramos recuperar ese orgullo.
—Justamente hemos observado que ustedes tienen en este teatro muchos espectáculos gratuitos. ¿Cómo los eligen? ¿De acuerdo con qué parámetros?
—La realidad es que ser el director artístico de un teatro como éste te exige tener una mente bastante amplia, porque uno no puede programar sólo lo que le gusta sino que debe hacerlo con cierto criterio. Por ejemplo, cuando pensamos en las óperas primero recordamos la historia del teatro, en lo que ha ofrecido y no ha ofrecido. Luego, en el rango de los compositores (y cuando digo “el rango” me refiero a la diversidad de estilos, de formas de componer) también pensamos en las épocas en que vivieron esos mismos compositores, así como lo hacemos con respecto a los momentos en que transcurren esas historias que ellos relatan. Y no olvidamos los idiomas. Por eso, a través de los años encontramos óperas en ruso, italiano, francés, ¡checo o alemán! La realidad es que hay en el mundo una diversidad tal en una bellísima producción operística que nos cuesta un poco elegir según las características de las distintas etnias del mundo. El Teatro Colón está absolutamente abierto a toda la producción con calidad artística y creo que tiene el deber de mostrarla. Por lo tanto, cuando pensamos en una producción en primer lugar contemplamos esa diversidad. Luego, pensamos también en la gente. Aquellos que están en platea, palco bajo, balcón o alto pagan la entrada a un precio que luego nos permite producir determinados espectáculos, que a su vez subsidian a la cazuela, la tertulia, la galería y el paraíso, y hacen que esas entradas sean muy baratas. Por lo tanto, éste es un teatro que produce grandes espectáculos ¡y la gente puede verlos por treinta o cuarenta pesos!
—Es la entrada de un cine…
—También se piensa en eso, y luego contratamos a los mejores músicos argentinos, a los mejores grupos de la música escolástica y los presentamos domingo por medio a las 11 de la mañana en un ciclo que llamamos Intérpretes argentinos - Domingos de cámara, en el que se escucha la gran música de cámara en la versión de los mejores músicos argentinos. Y esto es totalmente gratuito.
—Siempre me intriga saber si los padres traen a sus hijos a las funciones gratuitas de este teatro.
—No sólo los traen, sino que mucha gente nueva aprovecha esa oportunidad de los domingos por la mañana para conocer el teatro y disfrutar del concierto. La gente viene por varias razones. Obviamente, la gratuidad es una. El ver y escuchar a los mejores intérpretes es otra. Saber también que lo que van a escuchar es de la mejor calidad. Por lo general vienen con el celular o la maquinita digital de fotos para recordar todos los rincones del teatro y, además, llevarse un recuerdo de la magnificencia edilicia de esta casa.
—Es cierto. Siempre me llama la atención la cantidad de gente que se saca fotos en la escalinata de la entrada. Es como un lugar de referencia, ¿no es cierto?
—Sí, la escalinata es emblemática. Lo mismo el Salón Dorado y, luego, la entrada a la sala. De alguna manera son las vedettes del teatro. Fíjese que la sala tiene (para mí) un aura muy particular. Quizás sea un exceso de fantasía de mi parte, pero siempre que entro a la sala recuerdo las obras que he visto en mi infancia. No olvido las ovaciones y los artistas que las recibieron. El Teatro Colón no sólo es importante por su bello edificio, sino que su grandiosidad está en lo que nos ha dado a su gente y a los mejores músicos y espectáculos del mundo. Los argentinos solemos quejarnos por todos los problemas que nos acosan porque no hemos sabido hacer bien las cosas. Sin embargo, en lo que respecta al Teatro Colón podemos sentirnos contentos y orgullosos.
—Ha habido grandes hitos. Por ejemplo, lo que se hizo el año pasado con Wagner:  “Colón Ring”. Fue algo muy complicado, pero me parece que el público lo apreció.
—La producción de Colón Ring es algo que, en líneas generales, los medios de Buenos Aires no tomaron bien. Las ovaciones del público tuvieron que ver con lo artístico, pero no les gustó la puesta. Sin embargo, las razones por las cuales nosotros la hicimos abarcan el relato de cómo la iniciamos, cómo la seguimos y cómo, finalmente, pudimos terminarla. Tuvo que ver con darle la oportunidad a nuestro público de ver lo mejor y lo que creemos que es importante. Esa innovación de poder ver la Tetralogía wagneriana en un solo día tiene características singulares. Mientras que aquí era bastante criticada, recibimos cientos de notas y comentarios desde Alemania, Francia, Austria y España en los que hablaban maravillas de lo que logramos hacer.
—Además, le gustara o no, estaba muy bien organizado para el espectador. No se hizo pesado ni largo en ningún momento.
—Exactamente. Justamente ayer nos llegó la revista Das Opernglas (que es la más importante en su género que tiene Alemania), donde ya habla de Colón Ring e ilustra con imágenes lo que fue la producción y la enorme tarea de quien realizó este “compact” gigantesco. Tenemos infinidad de críticas de excelencia y ahora, aproximadamente, dentro de un mes vamos a proyectar la película que filmó aquí la Deutsche Welle y se ha difundido en cinco idiomas y en varios horarios por todo el mundo. Es un documental de 93 minutos que se filmó durante seis semanas durante todo el armado de la producción, las idas y venidas de Catarina Wagner (bisnieta de Wagner y tataranieta de Franz Liszt)…
El director del Teatro Colón se refiere elegantemente a las idas y venidas de Catarina, que hubieran podido hacer naufragar ciertos aspectos de Colón Ring:
—Tuvimos algunas experiencias singulares –se limita a señalar García Caffi–. La producción en sí fue muy compleja, y se hicieron experiencias que no se habían intentado en el mundo, como trabajar con dos orquestas durante las siete horas que duraba el espectáculo (que con los intervalos llegaron a nueve), pero la calidad del elenco artístico, de la orquesta y del maestro Paternostro hizo que, desde el punto de vista artístico, mostráramos lo mejor. Y también desde el punto de vista de la innovación hay quienes, siendo muy fanáticos de Wagner, consideraron que no se lo debía tocar. Hago mías las palabras de la bisnieta de Richard Wagner cuando dijo: “Hoy en día, Wagner haría seguramente una condensación de su Tetralogía”…
—De todas maneras, ese emprendimiento debe haber sido agotador para todos, ¿no? No sé cómo les quedaron fuerzas para esta temporada.
—Tenemos la fuerza porque estamos convencidos. Nos gusta mucho lo que estamos haciendo. Personalmente, todas estas cosas nos dan un entusiasmo especial. Y aquí no sólo hablo por mí sino también por el equipo con el que trabajamos, ya sea en lo administrativo, lo artístico o lo escenotécnico, con mucha fuerza. Mi equipo es realmente fantástico porque, además, posee la mística que este teatro supo tener. Esto nos permite, entonces, afrontar no sólo las dificultades que se presentan sino también las complejidades que surgen y hacen que las coproducciones con obras de otros teatros, con artistas que vienen aquí y con las dificultades que hoy surgen en las contrataciones del “mercado” internacional de la ópera terminen solucionándose. Por supuesto que todo esto cabe dentro de un presupuesto al que hay que ceñirse estrictamente, pero esto se supera porque estamos convencidos de que, el día que nos vayamos, habremos dejado un teatro mejor del que recibimos.
—Más allá de “Un ballo in maschera”, con el que se cierra este año de homenaje a Giuseppe Verdi, ¿cuál es la próxima obra prevista para esta temporada?
—En lo inmediato ofreceremos La mujer sin sombra, de Richard Strauss, que no se presenta desde la década del 70. En mi opinión es, junto con Electra, la mejor obra de Strauss. Contamos con un elenco extraordinario para ella y será una coproducción con la Opera Nacional de Holanda. Esto es muy importante. Luego tendremos Las Bodas de Fígaro, de Mozart, que será grabada nuevamente por la televisión alemana para evitar DVDs internacionales de mala calidad, que ahora alcanzan la perfección que les otorga la empresa ARTE, que los distribuye en el mundo entero. Es la primera vez que el Teatro Colón tiene esta distribución mundial, así como ocurrió con el Colón Ring. No quiero dejar de destacar el Otelo con José Cura, que (no sólo a través de la magnífica voz de Cura) tendrá un diseño escenográfico y una puesta que también le pertenece en su creación. Es un trabajo magnífico en el que ya están obrando los talleres del teatro. El cierre de la temporada, como le señalaba, serán el homenaje a Verdi y la presencia de La Fura del Baus en un espectáculo que es fruto de la producción con los cuatro teatros que le he mencionado. Lo mismo con respecto al año Britten, en el que escucharemos el Réquiem de Guerra, que es uno de los alegatos más impresionantes por la paz y que en 1994 tuve la emoción de dirigir al frente de la Orquesta Filarmónica. También presentaremos, de nuestro compatriota Mario Perusso, Bebe Dom o la Ciudad Planeta, que es una obra fantástica con texto de Horacio Ferrer muy relacionada con esta ciudad de Buenos Aires y los personajes exóticos que tanto nos gustan en Ferrer.

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