martes 04 de octubre de 2022
COLUMNISTAS opinión

Los retos geoestratégicos de Japón

20-08-2022 23:55

Japón atraviesa un continuo proceso de análisis, planeamiento y acción, ante los rápidos cambios geopolíticos que amenazan potencialmente sus formidables éxitos de posguerra. Entre ellos se encuentran el crecimiento y la mayor firmeza internacional de China, la invasión de Ucrania por parte de Rusia –con la que mantiene disputas territoriales–, y la evolución de la crítica alianza militar con EE.UU. –vital para su seguridad–. 

La estratégica ubicación geográfica de Japón, lo obliga a enfrentar múltiples retos geoestratégicos, en un contexto de amenazas que van de lo potencial a lo inmediato. Ubicada al oeste del océano Pacífico, Japón tiene acceso a cuatro mares: el mar de Japón, el mar de Okhotsk, el mar de la China Oriental, y el mar de la China Meridional.  Así, obstruye físicamente el tráfico marítimo de dos superpotencias –China y Rusia–, y tiene como vecinos a las dos Coreas, y a Taiwán, constantes centros de tensión. 

China y Japón, segunda y tercera economías del mundo, –son a la vez rivales estratégicos y vitales socios económicos–, con un pasado conflictivo. Desde que China sobrepasó a Japón en 2010 en peso económico, Tokio se adaptó al nuevo rol de liderazgo de Beijing. Sin embargo, Japón observa con mucha preocupación lo que considera el  “expansionismo marítimo” chino, –no siempre acorde al derecho internacional del Mar–, y mantiene una disputa por las islas Senkaku (Diaoyu para China). Esta disputa causó medidas económicas coercitivas por parte de China, y una tensión constante al ritmo de trescientos incidentes marítimos al año. Curiosamente, Japón tuvo un rol importante en el desarrollo de China, a partir de la visita de Deng Xiaoping a Japón en 1978, donde visitó la fabrica de automóviles Nissan, la planta de Japan Steel, y tomó el tren rápido Shinkansen. Estos sectores fueron desarrollados luego en China. A su vez, firmas japonesas construyeron en 1980 el primer aeropuerto moderno de Beijing. Hoy, Japón sigue invirtiendo en China, a pesar de continuas disputas por temas de propiedad intelectual, y por la copia casi inmediata de productos japoneses. Por su parte, China intenta limitar el protagonismo internacional del Japón, vetando su ingreso al Consejo de Seguridad de la ONU, y sin tener problemas en retarlo públicamente. Así, el ministro de Relaciones Exteriores chino, Wang Yi, le reclamó públicamente a su par japonés Hayashi Yoshimaya que “Japón no debería alinearse con EE.UU. de tal manera que llegara a afectar la soberanía, la seguridad o los intereses de China”. Pero a pesar de esto,  Japón y China, procuran estabilizar sus relaciones, porque China considera a la inversión japonesa como muy importante, en un momento en que las occidentales se retraen. A su vez el comercio mutuo es de 300 mil millones de dólares. 

Rusia y Japón también han tenido un pasado conflictivo, con Japón ubicado de tal manera que obstruye la salida desde el puerto de Vladivostok –“conquistador del Este” en ruso– hacia el océano Pacífico. Así, para llegar desde este puerto a dicho océano, hay que navegar por estrechos controlados por Japón o que lo bordean. Una de esas rutas es la que pasa por las islas Kuriles del Sur, cuatro islas japonesas que fueron ocupadas por la Unión Soviética justo antes del final de la Segunda Guerra Mundial. Curiosamente, Japón y Rusia nunca firmaron un tratado de paz luego de ese conflicto, por lo que técnicamente todavía están en guerra, mientras mantienen la disputa por estas islas. En este contexto, Japón votó contra la invasión rusa de Ucrania en la Asamblea General de la ONU, y a favor de la suspensión de Rusia del respectivo consejo de DD.HH. A su vez, se unió a las sanciones económicas contra Moscú. Esto causó que Rusia suspendiera las negociaciones de paz con Japón. A su vez, Rusia no dudó en coordinar acciones de presión militar con China, como el ejemplo de los seis bombarderos de ambas naciones, que volaron alrededor de Japón durante la visita del presidente norteamericano Joe Biden. Según fuentes japonesas, entre Rusia y China  promedian dos incidentes aéreos al día, ante los cuales aviones japoneses deben rápidamente movilizarse. Del punto de vista económico, Japón importa carbón de Rusia, aunque no gas o petróleo

La relación con EE.UU., implica una enorme dependencia en materia de seguridad, ya que según la cláusula 9 de la Constitución, elaborada por el general norteamericano Douglas MacArthur en 1947, el gobierno japonés renuncia al uso de la fuerza militar para dirimir conflictos. Sin embargo, Japón invierte en fuerzas de defensa al ritmo del 1% de su PBI, constituyendo así una poderosa fuerza militar, aunque de bajo perfil. A su vez, hay más de 50 mil soldados norteamericanos en Japón, asignados en alrededor de 24 Bases Militares. Este vínculo con EE.UU. es vital, aunque tuvo algún sobresalto, como lo fue la sorpresiva visita del secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger a China popular en 1973, que sorprendió negativamente a Tokio, al reconocerse luego formalmente a ese gobierno, rival de Japón. Más recientemente, bajo el primer ministro Shinzo Abe, se “reinterpretó” la Constitución para permitir defender a países amigos y/o aliados bajo ataque –invocando el principio de seguridad colectiva–, tomando conciencia de que Japón no podría defenderse solo ante un ataque de una superpotencia. Hoy, el conflicto en Ucrania, llevó adicionalmente a aumentar los gastos de defensa al 2% del PBI, y a considerar adicionar capacidades misilísticas ofensivas. Además, en un país donde en materia de armas nucleares se han seguido los tres no –no poseer armas nucleares, no producirlas, y no permitir su ingreso–, se escuchan ahora voces en Tokio proponiendo un sistema de “nuclear sharing”, es decir un sistema de defensa nuclear similar al de la OTAN en Europa.  

Por su lado, el vecino Taiwán representa un riesgo significativo a causa de su proximidad y la alianza militar con EE.UU. Como ejemplo, las bases militares norteamericanas en la isla de Okinawa están a solo 700 kilómetros de Taiwán. Shinzo Abe sintetizó este riesgo afirmando que “una emergencia en Taiwán es una emergencia para Japón, y por ende, una emergencia para la alianza Japón-EE.UU.”.

A su vez, Japón participa junto a EE.UU., Australia e India del grupo Quad, que procura mantener  los mares y espacios aéreos abiertos en el espacio Indo-Pacífico, por cuyas aguas circula el 80% del comercio japonés. Es interesante notar que fue Shinzo Abe quien ideó esta estrategia, ante la creciente firmeza china en sus demandas sobre espacios marítimos y aéreos reclamados por sus vecinos

Por otra parte, Corea del Norte constituye una amenaza inmediata del punto territorial y temporal, con 114 misiles lanzados y cuatro pruebas nucleares realizadas en la última década bajo Kim Jong-un. Curiosamente, Japón debe trabajar junto a Corea del Sur, China, EE.UU. y Rusia para desactivar esta peligrosa amenaza. 

En lo comercial, Japón se propone mantener y fortalecer un sistema económico  internacional abierto y estable, vital para la economía japonesa. Esta nación de 125 millones de habitantes y con un PBI de más de 5 mil millones de dólares, genera exportaciones de alto valor agregado, que representan un 17,5% de su PBI. Japón manejó bien dos aspectos desestabilizadores de la globalización: el off-shoring de las manufacturas y la integración con China, y pretende continuar posicionándose como un líder global del libre comercio, abriendo más aún su economía, a pesar de la resistencia del poderoso lobby agricultor. Sus principales socios comerciales son China (24% de las importaciones y 19% de las exportaciones) –tiene un déficit comercial–,  EE.UU. (19% y 11% ) –posee un superávit comercial–, Asean, Corea del Sur, y Taiwán. Por lo que sus intereses de seguridad marítimos se superponen con sus intereses comerciales. 

Finalmente, el conflicto ruso-ucraniano resaltó el hecho de que Japón parece hoy depender demasiado de EE.UU. para su seguridad, y demasiado de China para su prosperidad. En este delicado contexto, y mientras busca definir su rol en el orden internacional, Henry Kissinger opina que Japón lo hará considerando tres posibles opciones: un énfasis continuo en la alianza norteamericana, la adaptación al ascenso de China, o el depender de una política exterior de carácter crecientemente nacional. ¿Cuál de éstas emergerá como la opción dominante?, o si optará por una combinación de éstas, dependerá a la larga del análisis que Japón realice sobre la evolución del balance del poder mundial, y no necesariamente de sus alineamientos tradicionales.

 

*Especialista en Relaciones Internacionales. Autor de “Buscando Consensos al Fin del Mundo. Hacia una política exterior con consensos”.

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