sábado 25 de junio de 2022
COLUMNISTAS frentes abiertos

Momentos difíciles

Se acerca el tiempo electoral; el escenario para el Gobierno se complica. La sociedad, igual, apoya.

27-11-2016 01:21

Termina una semana que no ha sido buena para el gobierno nacional. En varios frentes, la realidad de ser un gobierno sin mayoría propia se le hace patente.

La gestión de Macri ha reivindicado un estilo singular, que no cae bien a muchos pero que es tal vez apropiado para conducir un país en esa condición de gobierno sin mayoría parlamentaria. Es un estilo que sugiere más de lo que explicita, que “connota” más de lo que “denota”, y deja al gobierno siempre preparado para dar marcha atrás en algunas decisiones, corregir el rumbo en otras y mantener en la indefinición muchos de sus objetivos. De todo eso ha resultado, hasta ahora, un país menos convulsionado y desgarrado por sus “grietas”, por sus fisuras y desacuerdos, y una singular combinación de insatisfacciones manifiestas y buenas expectativas que desconciertan a muchos observadores. Argentina parece estar mostrando al mundo que hay vida civilizada posible en un planeta donde hay mucha gente insatisfecha y muchos anhelos frustrados.

La mejor representación de esa situación la proporcionan las encuestas de opinión. Un reciente informe de Ipsos Public Affairs de Argentina, por ejemplo, muestra el fuerte contraste entre una curva estadística que expresa la evolución de la valoración de la situación económica en la población y la curva de evolución de las expectativas positivas. Las dos curvas se mueven a alturas muy distantes una de la otra, culminando en un 20% que piensa que la situación económica está bien contra un 50% que se siente optimista en un futuro cercano. Esas expectativas positivas equivalen a un cheque al portador que la sociedad otorga al Gobierno aun en este mal momento.

Correlativamente, diversas encuestas corroboran que la imagen del presidente Macri, y más aun la de la gobernadora Vidal, se sostienen. Están en valores competitivos frente a los de otros dirigentes como Massa, Stolbizer o Carrió, y por encima de los que obtienen dirigentes del peronismo como Scioli, Cristina Fernández u otros. Las cosas no andan bien, al Gobierno se le frustran algunos proyectos importantes, pero las expectativas no ceden.

A la vez, crece el desempleo como preocupación de la población. Una sociedad cuya agenda está dominada por el desempleo, la inflación y la inseguridad es un caldo de cultivo de conductas políticas impredecibles, cuna de ofertas heterodoxas. A eso se suma el clima de notoria preocupación en algunos sectores organizados. Los industriales y los sindicatos no dejan de plantear reclamos. En general, los industriales claman por el tipo de cambio y piden protección. Los sindicatos reclaman por el impuesto a las ganancias que pagan muchos trabajadores. A ellos se han unido recientemente las “organizaciones sociales”. Aun cuando todos se sientan a la mesa de diálogo, siguen reclamando. Además, resuenan las voces de emisores individuales: algunos políticos y varios economistas a los que públicos atentos escuchan. También hay voces que suman al lado optimista. Pero, en el balance, prevalecen juicios más negativos sobre el futuro que los de ese 50% de la población que aún confía en que el Presidente sacará la economía del pozo en que se encuentra.

El Gobierno quisiera sincerar la economía, pero no puede. El Presidente es de los pocos, junto con algunos especialistas, a quienes se les oye pronunciar la palabra “competitividad”, la gran asignatura pendiente de la economía argentina

Además, a medida que se aproxima el año electoral van en aumento las incógnitas políticas. El frente político se complica para esta administración. El peronismo parece cerrar filas cuando se trata del instrumento clave para el control político: el sistema de votación. Massa busca oportunidades para mantenerse en primer plano. Dentro de la coalición, Carrió complica el tablero; a la vez, el Gobierno siente que puede llegar a necesitarla. Y Monzó juega fuerte sus fichas a favor de una mayor apertura al peronismo. El radicalismo mastica su mal humor. La gente común no está pensando en las próximas elecciones, pero los políticos sí, y muchos de ellos están en el poder –en la Nación y también en provincias y municipios–; para ellos, ese horizonte electoral es crítico.

Despedidas. Dos muertes marcaron fuertemente el clima de la semana. El fallecimiento de Carlos Fayt sirvió para revalorizar una Justicia independiente y responsable. Fue homenajeado desde todos los sectores políticos, inclusive desde el kirchnerismo que lo hostigó. Fayt fue un verdadero juez de la democracia: atravesó todos los gobiernos desde 1983 hasta su retiro, al día siguiente de la elección de Macri. Deja una impronta extraordinaria; pocos argentinos han concitado el respeto y la simpatía que él supo ganarse en la sociedad. Encarna los valores que la sociedad expresa estar buscando: pluralismo, tolerancia, responsabilidad.

La muerte de Fidel Castro abre una oportunidad para expresiones catárticas y emociones más diversas. Muere un hombre que es símbolo de una época. Su muerte evoca incontables palabras de admiración o de nostalgia de la Revolución y de su líder, e incontables palabras de rencor y amargura de muchos que han sufrido las consecuencias de su régimen, pero es posible que también signifique una vía más expedita hacia el camino de reformas que Raúl Castro ha empezado a abrir, tímidamente. En los albores de la Revolución, Fidel Castro visitó la Argentina, cuando el presidente Arturo Frondizi se hacía cargo del gobierno. La Argentina que visitó –y a la que encomió– vivía entonces la ilusión de una sociedad pluralista y tolerante, que no fue.

El gobierno argentino encarna hoy valores similares a los que representaba en su momento Arturo Frondizi, y en buena medida la sociedad expresa su adhesión a ellos. La historia ha puesto en manos de este gobierno la oportunidad de consolidar un orden político sostenido en esos valores. Una oportunidad para hacer de Carlos Fayt un símbolo de esa Argentina posible que desde hace tantas décadas se ve frustrada en sus anhelos de una mejor calidad de la vida política.

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