28 oct 2020
COLUMNISTAS |Un mundo nuevo
domingo 20 septiembre, 2020

No somos inferiores

Algunos latinoamericanos cultivan un nacionalismo masoquista: creen que son únicos porque son inferiores. Es un mito peligroso.

El espectacular mural de Diego Rivera. Representa a obreros de la Ford en Detroit, y que se encuentra en el Instituto de Artes de esa ciudad norteamericana. Los latinoamericanos debemos dejar de vivir atados al pasado. El futuro también debe alcanzar a nuestros países, como lo hace en Estados Unidos. Foto: cedoc
domingo 20 septiembre, 2020

Si alguien arroja por la ventana una silla, lo más probable es que esta caiga al el piso, no que se eleve a los cielos. La vigencia de la ley de la gravedad está generalmente aceptada, pero no fue siempre así. Algunos creen que la casa de la Virgen María que se venera en Loreto, voló haciendo varias escalas, antes de llegar a Italia. En un acto revolucionario, un devoto militante podría conseguir que el Congreso derogue la ley de la gravedad, que es además imperialista y descubierta por un inglés. Más allá del triunfo político, si lanza nuevamente la silla pueden matar a alguien. Las sillas son muebles que no vuelan aunque el Congreso derogue todas las leyes de la física.

Riqueza y pobreza. A esta altura de la historia se impuso el método científico y la gente usa el sentido común. Vive la Revolución de la Inteligencia, se informa todo el tiempo de lo que pasa en el mundo, conoce cada vez más leyes causales que explican lo que acontece.  Sabe que si se lanza por la ventana se va a caer.

Ve en todas las pantallas que en el mundo globalizado cuando los gobiernos persiguen a la riqueza, generan más pobreza. Los militares ahuyentaron a los empresarios de Venezuela, dejaron a los pobres en la inanición y el dinero se fue a Panamá. Un gobierno genera rechazo si persigue a personas, instituciones o ciudades que están bien, para que retrocedan y se igualen con los que están mal. Las sociedades que reprimen la capacidad de crear de sus habitantes quedan castradas, como lo describe El fin del Homo sovieticus de Svetlana Aleksándrovna, premio Nobel 2015.

No hay país que se haya  desarrollado con una economía centralmente planificada, en la que el estado se haya encargado de la producción sustituyendo a la empresa privada. Este no es un enunciado ideológico, sino un hecho. Aplicando el método científico diríamos: si ninguna silla ha volado nunca ¿porqué habría de hacerlo aquí y ahora? Si existe un esquema económico que nunca funcionó en ningún país, ¿porqué debería servir aquí?  

Nacionalismo. El argumento nacionalista de que “somos distintos de los demás seres humanos” es disparatado. Las supersticiones irracionales nacionalistas nunca funcionaron. Los nazis creyeron ser arios, seres superiores, pero fueron solamente una banda de fanáticos que promovió un genocidio. El White Power norteamericano dice que los blancos de ese país son superiores, que “América será grande” cuando acaben con los latinos, negros y orientales. El 40% de los habitantes de Silicon Valley son extranjeros, no son blancos y mantienen el mayor polo de desarrollo del país. Son mitos racistas sin fundamento. La ciencia establece leyes generales, no admite excepciones mágicas, esos grupos son simplemente de seres humanos que se fanatizaron por una supuesta identidad superior.

Algunos latinoamericanos cultivan un nacionalismo masoquista: creen que son únicos porque son inferiores. Cuando en una conferencia me refiero a la robotización, la Inteligencia Artificial, la revolución  tecnológica y sus consecuencias en la política, algunos dicen “eso es interesante para los Estados Unidos y los países desarrollados, nosotros tenemos que solucionar antes el problema de la pobreza”. Se conforman con vivir en un pasado fracasado, viven frustrados porque nada funciona como decían sus teorías, no usan el conocimiento con el que está progresando el mundo.

Superando prejuicios y creencias mágicas, se puede tener otra actitud. La economía estatizada fracasó. El socialismo real quebró y por eso colapsó la Unión Sovietica, el Ejército Rojo se retiró de los países ocupados y desaparecieron sus satélites.

Inminencia. En los 80 asistí en Africa a varias reuniones que preparaban el inminente triunfo de la revolución en el mundo. En Angola el MPLA se imponía al Unita de Sambivi, en Etiopía Mengistu Halie Mariam se consolidaba con el apoyo de tropas cubanas, lo que provocaba el rompimiento de Cuba con la triunfante revolución de Mohamed Siad Barre en Somalia. La República Popular del Congo se proclamó el primer país comunista de Africa. En Burkina Faso, Isidore Sankara combatía al imperialismo y al Fondo Monetario Internacional, que tal vez ni se enteraron de su gesta. Varios países africanos pusieron en su bandera la hoz y el martillo, cantaban la internacional, en las reuniones se entonaba “A luta continúa” de Miriam Makeba.  

En 1980 Rhodesia adoptó el nombre de Zimbabwe, instauró una economía rígidamente planificada, estatizó todo, hizo una reforma agraria radical. Robert Mugabe anunció la llegada del paraíso comunista. Las cosas no salieron bien. En poco tiempo la inflación llegó al 100.580% anual. Zimbabwe es ahora uno de los países más pobres del mundo, el único que ha logrado que su PIB sea menor que hace tres décadas. La expectativa de vida de la población es de 39 años. El optimismo revolucionario se esfumó abruptamente cuando se disolvió la Unión Sovietica, y estos países cambiaron de dirección y algunos se disolvieron.

Desarrollo. En 1991 se desmoronó el “socialismo real”. En marzo fui invitado por el gobierno alemán, con otros académicos latinoamericanos, para visitar el país. Pude ver personalmente la diferencia entre las dos Alemanias. Algunos pobristas tercermundistas se habrían angustiado por la prosperidad de Alemania Federal, habrían querido que retroceda para parecerse a Alemania Oriental que lucía como algunos países pobres de Centroamérica: muchas ventanas tenían cartones en vez de vidrios, había una polución impresionante, todo era pobre y viejo. Los habitantes del mismo país, que sufrieron las mismas circunstancias, vivían de m manera totalmente diferente porque sus economías eran diferentes.

Desde hace treinta años viajo con frecuencia a Estados Unidos para dictar conferencias. Mi puerto de llegada siempre es Miami, la ciudad latina más próspera del continente. Cuando se recorre la costa sur de Florida desde Cayo Hueso hasta West Palm Beach, se pueden encontrar tantas mansiones como las que hay en toda la América Española. ¿Porqué estos cubanos que huyeron de la isla sin nada en el bolsillo han podido construir un pequeño país tan rico y distinto de Cuba?

Corea del sur es uno de los países que producen más ciencia y tecnología. Su economía es la cuarta más grande en Asia y la decimotercera del mundo. El ingreso per cápita anual es de US$ 30.000. Por su parte, Corea del Norte mantiene una de las economías más cerradas y centralizadas de este momento. Desde los 90 experimenta una aguda emergencia alimentaria, muchos de sus habitantes han muerto de hambre. El ingreso promedio anual es de 2.000 dólares. Más del 40% de los norcoreanos sufren desnutrición, y solo el 1% tiene acceso a Internet. ¿Porqué la mitad del mismo país es tan próspera y la otra tan pobre?

Podríamos seguir mencionando ejemplos como el cambio radical de la China igualitaria de Mao en la que murieron de hambre entre 20 y 50 millones de personas por el Gran Salto Adelante y la prosperidad de la China capitalista actual o el éxito económico de Vietnam, Laos y Camboya que son países prósperos aunque quedaron arrasados por la invasión norteamericana, desde que adoptaron una economía  capitalista.

Magia. Desgraciadamente algunos dirigentes latinoamericanos tienen una mentalidad mágica, esperan que aquí la realidad funcione al revés. Pepe Mujica dijo hace algunos años que le encantaba la política económica de Cristina Kirchner porque destruía a la Argentina y los capitales emigraban a su país. Más allá de las discusiones teóricas es lo que está pasando: hay un éxodo masivo de dinero hacia Uruguay y Paraguay, que pronto volverán a exportar más carne y soja que Argentina.

Todos los días emigran personas y empresas que se afincaron en Argentina los últimos años, como parte de un progreso que se iniciaba. Buenos Aires, la ciudad latinoamericana en la que surgieron más unicornios, ve ahora que no aparecen otros, y los que había se van. No puede ser de otra manera si el gobierno impide el desarrollo de su principal herramienta de trabajo que es Internet.

Hay líderes en América Latina que esperan que la realidad funciona aquí al revés 

Se fueron Latam y otras aerolíneas, acosadas por un monopolio estatal ineficiente que se mantiene con los impuestos de la gente. Están saliendo decenas de empresas como Falabella, Sodimac, Glovo, los proveedores de pintura Axalta, Basf y PPG. Otras se trasladan a países más previsibles: la francesa Saint Gobain Sekurit se muda a Brasil, Nike a México, VF Corporation, productor de Lee y Wrangler, cerró la producción local y Gerresheimer, un productor alemán de packaging para el sector farmacéutico vendió su operación argentina.

¿Qué tienen Uruguay y México que atraen a empresas que estaban en Argentina? Simplemente un poco de sentido común. No aplican políticas que fracasaron en todo el mundo, no fomentan un clima patológicamente autodestructivo de envidia y de culto al fracaso.

Algunos no se dan cuenta de que todo se conecta con todo y si se van los ricos, habrá menos empleo, menos gente comprando cosas, asistiendo al cine, o comiendo en los restaurantes. Este daño no se remedia permitiendo que las señoras paguen el corte de pelo en doce cuotas.

Algunos no se dan cuenta de que está todo conectado y si se van los ricos habrá menos empleo

El mundo. Alguien debe contarles a algunos políticos lo que está pasando en el mundo.  Sería bueno que lean a Juan José Sebreli para que ordenen su cabeza, pero también a Eric Schmidt, Jeremy Heimans, Clay Shirky, Alex Pentland, para que comprendan la sociedad hiperconectada en la que la represión y las prohibiciones son cada vez menos eficientes, la política debe convencer en vez de infundir temor.

Insistimos en algo en lo que coinciden todos los estudios: la gente ya no es obediente.  Experimentó desde hace años una creciente autonomía que se profundizó con esenciero mas largo de la historia. No se puede mentir mucho, ni quitar los recursos a una ciudad con una población altiva, sin provocar una reacción espontánea peligrosa. Hace cinco años teníamos una sensación de angustia por una acumulación de pequeños abusos de algunos que anidan en los pasillos de los palacios. El ataque a un ruralista que habló de los precios de la leche o a un abuelo que compró dólares para la fiesta de su hijo, tuvieron consecuencias. Fortaleció una paranoia colectiva.

No creo que los líderes del gobierno se dediquen a organizar pequeñas canalladas como el ataque de algunos piqueteros a una madre de familia que participó en una manifestación en San Luis, las amenazas a otros manipulando el tema de la pandemia o el allanamiento a la casa de Mauricio Macri para ver si cumple con la cuarentena. Son pequeñas miserias que dignifican a los atacados, muestran la ruindad de sus atacantes y acumulan un fastidio que no se debe fomentar en un momento tan crítico. En un clima de tanta insatisfacción, cualquier viento puede desatar enormes tempestades.

*Profesor de la GWU. Miembro del Club Político Argentino.


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