miércoles 25 de mayo de 2022
COLUMNISTAS opinión
16-04-2022 23:30

¿Nuevo viento de cola?

16-04-2022 23:30

Tres conversaciones que tuve esta semana –con el especialista en tendencias sociales y de consumo Guillermo Oliveto, con el gerente del Mercado de Capitales de la Bolsa de Comercio, Claudio Zuchovicki, y con el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, las dos primeras en Radio Perfil y la última para el reportaje largo de esta edición de PERFIL– desembocaron en la misma paradoja. El excesivo pesimismo sobre las posibilidades económicas de la Argentina actual y la de mediano plazo.

En el reportaje con Matías Kulfas, cuando el ministro desarrollaba la lista de señales positivas, le pregunto cómo pudo entonces el oficialismo perder las elecciones en noviembre pasado si el contexto económico fuera como lo pinta; Kulfas responde automáticamente: porque en noviembre aún no se habían producido las recuperaciones del consumo del post covid. Y al repreguntarle sí él creía, entonces, que si las elecciones en lugar de en noviembre 2021 hubieran sido en abril de 2022 el oficialismo hubiera ganado, el ministro hace una pausa, reflexiona y responde que el humor social que deriva en el voto no depende solo de la economía.

Hay un excesivo pesimismo sobre nuestras posibilidades económicas a corto y mediano plazo

Al consultar a Guillermo Oliveto sobre el mismo tema, el especialista en tendencias sociales también se detiene para reflexionar sobre la paradoja del contraste entre indicadores de consumo, producción, reducción del desempleo, acumulados en el último semestre versus un humor social que empeora día a día. Los estudios de campo le muestran a Oliveto un empeoramiento del humor social entre noviembre y abril, cuando los indicadores económicos podrían hacer presumir lo opuesto.

Lo mismo se repitió en la conversación con Claudio Zuchovicki, repasábamos juntos  los indicadores macroeconómicos del último trimestre: contracción del circulante con una base monetaria igual a la que dejó Macri, déficit fiscal del primer trimestre casi cero, superávit comercial, reducción a la mitad de la brecha entre el dólar oficial y los restantes, horizonte financiero en dólares despejado y sin desembolsos por deuda externa hasta 2025, sin embargo el mercado sigue desconfiando  del futuro económico argentino. Zuchovicki solo concluye: es momento de comprar activos argentinos.

Marshall McLuhan sostenía que los seres humanos tendemos a proyectar el futuro como una repetición del pasado inmediato anterior, que como Nietzsche le hacía decir a Zaratustra “Lo que ha sido será”, cuando los inversores y especialistas en las bolsas de comercio de todo el mundo saben que se compra en baja y se vende en alta,  Argentina ofrece las mejores oportunidades en ese sentido porque el pesimismo devalúa todo en el país.

Obviamente la inflación es un problema, la deuda en pesos con la que el Gobierno esterilizó todo el exceso de circulante que emitió durante la pandemia y en la primavera pasada para el llamado “plan platita” tiene un costo (“emisión futura”) pero, al mismo tiempo, y mucho más relevante en el mediano y largo plazo, el viento de cola internacional para Argentina sopla como  nunca antes con todos los recursos naturales que el país cuenta con mejores precios y mayor demanda que nunca.

Al complejo agroexportador alimentario con precios sostenidos en el rango máximo se suma la posibilidad de convertir Vaca Muerta en exportaciones energéticas y no solo sustitución de importaciones, agregando la minería con un potencial equivalente a la soja. La semana pasada el gobierno de San Juan anunció una inversión de 4.100 millones de la canadiense Lindin para explotación de cobre. En el Investment Attractivines Indec 2021 del Instituto Fraser la provincia de San Juan aparece como el mejor lugar latinoamericano para la inversión privada minera, superada solo principalmente por Norteamérica y Australia.

La gestión que arranque en 2023 puede encontrarse con un nuevo viento de cola de una década

Argentina podría estar encaminándose a solucionar su clásico problema de estrangulamiento del crecimiento por falta de dólares cada vez que se crece (stop and go) pasando a aumentar sustancialmente sus exportaciones, y el próximo gobierno que asuma en diciembre de 2023, sea el oficialismo o la oposición, encontrarse con un nuevo ciclo de viento de cola durante una década. 

Claro que será necesaria una dirigencia que sepa aprovecharlo (“no hay vientos favorables para quien no sabe dónde ir”, decía Seneca), pero hay viento favorable en medio del pesimismo.