martes 31 de enero de 2023
COLUMNISTAS opinion

Pare y siga

19-09-2021 01:00

Esta semana se pudo tratar de una manera dramática la importancia de las decisiones para marcar un instante en el tiempo. Quien observe el tiempo con interés, podrá detectar que su cuestión más problemática se basa en la imposibilidad de contener su avance, su no detenimiento, por lo que una parte importante de la vida social transcurre sobre la capacidad de producir acontecimientos que generen una diferencia entre el futuro y el pasado, generado a través de la identidad de un accionar que deje un episodio como referencia. Para la política, esta es una cuestión central.

Como dice Niklas Luhmann, solo decide quien no conoce el futuro. Las decisiones se hacen presentes bajo circunstancias en que la vida rutinaria ya no puede ser reproducida bajo condiciones conocidas y necesita en consecuencia una diferencia para ofrecer al futuro alguna solución alternativa. Quien piense en su vida diaria encontrará que muchas de sus acciones son sobre moldes generales, que no implican más que situaciones que simulan repetición (como llevar los hijos al colegio o dirigirse al trabajo). Pero al mismo tiempo, podrá darse cuenta que el sostenimiento de la rutina como continuidad no se basa solo en su propia voluntad, ya que la obligación o no de tomar decisiones no se establecen generalmente en circunstancias producidas por él mismo. Con la elección del 12 de septiembre tenemos un ejemplo muy interesante, en que un decisión general, convierte a la rutina, en un futuro de incertidumbre.

En Alberto Fernández la insistencia en decidir, no decidir, ha conformado la paradoja de una forma de gobierno que supo contener poder bajo esas extrañas condiciones. La dilación en determinar el hacer o no algo, produjo todo el tiempo una dependencia del aparato burocrático a la expectativa de su último esperado paso. La acumulación de decisiones extendidas sin resolución fue acumulando un arsenal de expectativa en las que su centralidad, en formato de incógnita, se aseguraba no perder potencia hipotética de que algo, alguna vez, finalmente sucedería.

Para Cristina Kirchner esta condición ha sido evidentemente intolerable. Lejos de ser una marioneta conducida paso a paso por la vicepresidenta, Alberto fue tomando decisiones (incluso las decisiones de no decidir) yendo claramente en sentido opuesto de la orientación imaginada por ella. Esto expuso a Cristina Kirchner a la obligación de su propia decisión, de su propio quiebre del tiempo, del corte en un transcurrir que se reproducía sin variaciones, en un contexto de marcada complejidad, y recordando la máxima de parte importante del pensamiento sociológico de que las decisiones no deberían encontrarse en las personas, sino en los escenarios en que esas personas se ven incluídas. El resultado electoral, las preferencias masivas de los ciudadanos y ciudadanas, deben considerarse también decisiones, y Cristina decide obligada sobre esa decisión.

Parte importante de la teoría social se ha basado en el concepto de decisiones racionales. Eso ha generado una sobre carga en el análisis en relación a la voluntad de personas y a una reflexión analítica que las coloca en una situación ideal en relación a un decidir basado en objetivos. Quien decide, lo haría en relación a una misión. Sin embargo, el planteo debería ser diferente, ya que observado en detalle, es sencillo comprender que son las decisiones, siempre influenciadas por otras decisiones, y por condiciones que nadie controla, aquellas que determinan los objetivos y lo que hacer o no hacer.

Cristina Kirchner no puede evitar los daños que su misma criatura ha creado sobre ella

Comprender el funcionamiento desde una óptica de los procedimientos y no de las personas, es decir desde el movimiento y sus múltiples influencias, y no sobre sus condicionamientos aparentemente estructurales, permite reflexionar sobre el futuro. Las gestión modifica nombres como si aquí se tratara de funcionarios o funcionarias que carecerían de roles exitosos, cuando en realidad lo que ha estado en tensión es la capacidad de establecer estos cortes en el tiempo.

Como un ejemplo en formato concentrado, la presentación de las renuncias fue expandida en el tiempo sin que fuera aclarado sobre las mismas si se decidía aceptarlas o no. La decisión de no decidir, como tantas veces, llevó a una paso más, a una nueva decisión para Cristina con la carta, con una publicación que tensaba todavía más hacia el extremo el conflicto, y obligando en definitiva, a decidir. De cualquier manera, los cambios que terminan siendo efectivos, aquello que supuestamente quiere Cristina, no se ofrece como solución a las decisiones futuras. Hay algo aquí que sobrevivirá.

Nadie puede pensar al sistema político en soledad y con una supuesta capacidad de vincular sus acciones, con expectativas de la población. La situación es más bien de indeterminación, ya que la política debe lidiar con condiciones que se producen en ámbitos sobre los cuales no tiene control. Los medios masivos de comunicación sobre estimulan la agenda de cuestiones sobre las que cada gobierno debe atender, haciendo siempre más urgente el impacto televisivo que otras posibles acciones de gestión que por otros medios podrían ser más relevantes, pero con menor impacto público.

El Gobierno podría haber utilizado la semana para repensar las construcciones de instituciones escolares o regresar a la posibilidad de exportar carnes. Pero la carta, expuesta en redes, y como un arma mortífera en los medios, muta la agenda a una urgencia que solo se explica por condiciones internas de decisión y no decisión del sistema político.

Como toda decisión, como todo nuevo posible paso, existe siempre la posibilidad de hacerlo o no hacerlo, y la decisión de comenzar a quitar a Cristina Kirchner del planeta peronista parece ser aquella que nadie puede producir desde quienes protagonizan las acciones del partido. Pero en este proceso surge una paradoja en relación a las decisiones. Cristina no tiene capacidad de controlar las decisiones del electorado, aunque pueda imaginar soluciones estándar de gobierno con la economía y el presupuesto 2022. El camino para ella también se va acotando, incluso a través de esta experiencia de gobierno, que debe intervenir, pero sin evitar los daños que su misma criatura ha creado sobre ella. n

*Sociólogo.