domingo 26 de septiembre de 2021
COLUMNISTAS a dos semanas de las paso
29-08-2021 00:22
29-08-2021 00:22

Señorita maestra

29-08-2021 00:22

La palabra que con mayor velocidad acompañó el video de la docente descolocada y furiosa, fue la de adoctrinamiento. Con sus movimientos de brazos insistentes y una caminata en varias direcciones, parecía al instante una escena asimétrica, en la que una autoridad buscaba imponer al resto, todo lo que debía pensar en relación a procesos políticos recientes. Pero en la misma escena, en el mismo proceso dialéctico, los alumnos insistían en seguir; y a cada grito, lo acompañaba una respuesta nueva. Como una Argentina observada entre paredes, como una escena controlada, todos los allí ocultos, permitían ver de qué se trata hoy, el proceso político de esta experiencia de gobierno.

Cuando se describe sobre procesos de adoctrinamiento, se intenta dar cuenta de una intención, de una voluntad desigual. En los casos conocidos, se trata de procesos en los que desde el Estado se trabaja intensamente por convertir una supuesta cotidianidad aceptada y no cuestionada, en un mundo novedoso, donde la luminosidad de los saberes relucientes ofrece atractivas verdades antes desconocidas. Sin embargo, los casos en los que se puede debatir algún éxito, como los obvios de la Unión Soviética de Stalin o la China de Mao, no se parecen nada al desenfreno poco exitoso de esa escuela en La Matanza. A lo sumo, se pueden contar algunos  casos de éxito en estrellas juveniles de los años 90, pero con poca capilaridad, más allá de su insistencia en redes sociales.

El proceso político inaugurado en 2019 se parece poco a un caso de hegemonía contundente, y por lo tanto tampoco de una senda hacia el adoctrinamiento. El Frente de Todos ha proseguido en su evolución, más hacia procesos de desconfianza interna, en especial entre Cristina Kirchner y Alberto Fernández, que en la dirección de un sometimiento o liderazgo contundente de una de sus partes. Quienes insisten en describir a esta experiencia como la dominación total de la vice presidenta, no pueden explicar los nombramientos de algunos ministros, el seguimiento de otros o el proceso de selección de las listas electorales. Alberto no domina, pero tampoco se somete, sino que convive en un proceso de desequilibrios insistentes en que sus enemigos internos gastan energías en sobrevivir a esos mismos desajustes.

Estas no son las mejores condiciones para imponer un nuevo régimen, sino para desintegrarlo en tantas partes como sea suficiente, para evitar liderazgos alternativos. Así como la docente no logra vencer a sus alumnos en la implantación de sus ideas, el peronismo no consigue quitar del medio a Cristina, ni Cristina remover sin consecuencias a Alberto. En realidad no hay régimen, no hay doctrina, y no hay vencedores. Todos en este país mueven las manos y se desplazan en el espacio, igual que esa maestra, sin dirección y desesperados.

Como en toda operación social, hay algo vinculado al tiempo que ofrece mayores problemas. La multiplicación de los conflictos, algo fundamentalmente típico del Presidente, expande la necesidad de soluciones siempre a incrementadas cantidades, y en todos los casos, y especialmente en pandemia, a la premura de unas soluciones que siempre avanzan con mayor apremio que la posibilidad de investigar sus condiciones de surgimiento. Todos estos problemas explotan en presentes nuevos y siempre en un simultáneo expansivo inabarcable. En el tiempo se expanden los problemas y las urgencias, sobre los que nadie podrá profundizar.

El kirchnerismo no es muy amigo del conocimiento profundo, algo que sus intelectuales demuestran con insistencia, por lo que la posibilidad de entender en detalle, es sobrepasado por la acción de lo que se cree se sabe. Kicilloff siempre está convencido de que se trata de operaciones de prensa de seres ocultos malignos, y desarrolla su marco conceptual con la misma profundidad agresiva que la docente en Ciudad Evita. Para ambos, los detalles del conocimiento no son importantes, sino las urgencias de las soluciones sobre problemas que se suponen de determinada manera. La urgencia es la mejor justificación para los supuestos.

Las acciones del Estado, sobre los episodios en el aula, se activan de inmediato una vez que la irritación de los medios masivos de comunicación estimulan furiosamente al sistema político. Hasta ese momento, el Estado parecía desconocer lo que allí dentro sucedía, del mismo modo que no pudo conocer nunca en detalle el mapa de expansión de los contagios. Sin tener los pormenores sobre el episodio, más que un video de unos minutos, su accionar se muda desde la indiferencia total, al accionar extremo e inmediato. Todo lo que sucede, sucede ahora, porque no hay tiempo de averiguar ante la presión social.

La moral peronista

Como corolario perfecto, como manera de renovar su compromiso con la desorientación expansiva de su propio partido, el Presidente declaraba que la escena reflejaba un debate “formidable” entre la docente y sus alumnos, como una manera de abrir el espacio a las ideas y al pensamiento alternativo; algo que él mismo hacía con esta declaración, aunque no como un aporte al desarrollo de la teoría pedagógica, sino como un paso más hacia la incomprensión de la necesidad de la próxima acción.

El escenario de la interacción actual del universo oficialista se parece poco a un intento de doctrina. En todo caso, solo quedan los recuerdos cada vez más sueltos de lo que alguna vez fue la renovación kirchnerista, y sobre la que Cristina expone sus memorias en cada acto que es citada, para buscar salvar las futuras elecciones de la desorientación operativa, a la que cada día se invita, desde la misma gestión que ella recomendó votar.

La docente no trató muy bien en algún tweet al Presidente, por lo que debe estar sorprendida de que él haya ejercido su defensa pública. Por unos días, se puede sentir emocionada por experimentar una hermandad de sentimiento con Cristina, hallándose en la vivencia de la sorpresa inexplicable, cada vez que Alberto dice algo. Nunca estuvo tan cerca del kirchnerismo, y nunca tan lejos de tener éxito, en la construcción de una nueva doctrina.

*Sociólogo.