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COLUMNISTAS / opinion
domingo 18 noviembre, 2018

Patricia y Anahí

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por Luis Costa

La ministra de seguridad y la militante anarquista. Foto: Cedoc

Existe un tiempo interesante de la historia Argentina en donde el anarquismo, como ideología y movimiento, fue relevante en moldear lo que era posible o no posible, en la política de nuestro país. Antes de que el peronismo deje perdido y sin rumbo al socialismo, mucho tiempo antes, existieron días en donde el movimiento obrero asumía la forma dominante de la corriente anarquista con la ilusión de la destrucción del Estado. Esos días combativos eran puros, frontales, recurrentes y con un Estado obsesionado por vencerlos. Lo que ofrece hoy el Estado como límite no queda muy claro, y el intento de accionar de Anahí es un ejemplo de posibilidades abiertas muy complejas.

Anahí se accidenta sola con la bomba que ella misma fabrica, y aparentemente, el explosivo se detona al momento de tomarse una “selfie” frente a Ramón Falcón. La tentación de describir la contradicción de ella como receptora de planes del Estado, a lo que se puede agregar que es el SAME el que le da asistencia inmediata, deja de lado la porción de su gesto significativa de estos tiempos. A pesar de rescatar la identidad anarquista con su rol colectivo, Anahí se toma una foto individual para tal vez subir a las redes, como los millennials, como las mujeres y hombres de hoy que se exponen como imagen detenida al resto, solos, con una montaña de fondo, un lago o con Ramón Falcón, pero destacándose a ellos en su narcisismo. Una anarquista, pero como todos nosotros, atrapada en nuestro tiempo.

La llegada del G20 pone a todos en peligro, ya que el Estado decide dejar de cuidarnos a nosotros.

Hace solo unos días, un video en formato informal exponía a la ministra Bullrich con declaraciones referidas a la posibilidad de los ciudadanos de colocarse en armas. Su expresión era interesante ya que colocaba al Estado que ella misma representa al mismo nivel de cualquier otra mujer u hombre. En vez de sostener al dueño del monopolio del uso de la fuerza, la ministra abría las alas nuevamente a la esperanza de un Estado derrotado, y por lo tanto atractivo, para el sueño de los adoradores de Proudhon. Anahí actuó bajo su reciente recomendación de privilegiar el acto individual (por eso la “selfie”), algo que el gobierno de Cambiemos promociona activamente impulsando a las personas a ser emprendedores, a los trabajadores y trabajadoras en realizar su máximo esfuerzo y a todos en confiar en uno mismo.

La llegada descomunal del G20 pone a todos los ciudadanos y ciudadanas en peligro, ya que el Estado decide dejar de cuidarnos a nosotros para pasar a tomar responsabilidad solo con los mandatarios extranjeros. Por esos días, serán los barrios una simulación de paraíso anarquista, con seres libres y sin autoridad, porque Patricia dijo que será mejor desertar hacia otro territorio. Primero tomar las armas; después la huida.

El modo más efectivo que encontró el Estado argentino para eliminar la amenaza del sindicalismo anarquista fue la institución de la apertura del juego político electoral. Allí el socialismo pudo continuar en el proceso electoral y robustecer su accionar sindical, y lo mismo el comunismo más adelante. Al darle la espalda a todo lo que el Estado representaba, la corriente sindical anarquista fue diluyéndose en la “no institución”. Su protagonismo acompañaba un país que aún guerreaba internamente buscando su forma estable, porque su actividad sindical era fuerte en tiempos de búsqueda de consolidación del monopolio del Estado central en las décadas finales del siglo XIX. La intención en la pregunta debería ser sobre qué es lo que Anahí representa en tiempos del Estado de Macri. La ministra Bullrich insiste en dar las pistas.

Anahí actúa en tiempos de mujeres empoderadas que exponen sus cuerpos también en la lucha.

El gobierno de Macri ha expresado con insistencia de que esta debería ser la generación que cambie definitivamente el rumbo. Esa expresión contiene la idea de desarmar el Estado de los últimos setenta años, básicamente desde el peronismo en adelante, para componer uno nuevo. Macri ha ido quitando las piezas del rompecabezas nacional mientras intenta comprender de qué modo armar uno nuevo, y en ese tiempo trágico, Anahí se explota el rostro, mientras Patricia recomienda cotejar el deseo de hacerse de un artefacto con balas.

Anahí expresa además un giro conceptual adicional. Ella actúa en tiempos de mujeres empoderadas, que exponen sus cuerpos, no solo a la maternidad, sino también a las luchas. A Ramón Falcón lo asesinó un hombre en tiempos de hombres, pero en estos días, lo busca una mujer para simular la repetición de su asesinato. Al final, todo, como siempre, es muy de estos días.

*Sociólogo.


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