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Pobres los políticos

Durante años nos acostumbramos a tragar las sempiternas promesas de futuros luminosos y felicidades eternas que nos esperaban a la vuelta de la esquina tras algún período de momentáneo sacrificio, o exaltaciones tirando a épicas de los beneficios inmediatos de un presente que se presentaba augural respecto de períodos nefastos del pasado creciente.

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Durante años nos acostumbramos a tragar las sempiternas promesas de futuros luminosos y felicidades eternas que nos esperaban a la vuelta de la esquina tras algún período de momentáneo sacrificio, o exaltaciones tirando a épicas de los beneficios inmediatos de un presente que se presentaba augural respecto de períodos nefastos del pasado creciente. Esas retóricas binarias son el desabrido condimento con que los políticos de ayer, hoy y siempre salpimientan sus discursos, más allá o más acá de la particular eficacia discursiva de cualquiera de sus integrantes. Pero ahora que impera el reino audiovisual, y cada vez más, al tradicional arte palabrero nuestra sufrida clase política ha debido agregar la persuasión de la imagen, obligándose a la eficacia actoral. En realidad no es “ahora”. Ese reino comienza en los albores de la Segunda Guerra Mundial, cuando la cineasta Leni Riefenstahl forzó a toda la jerarquía del nazismo a grabar de nuevo un acto para que la filmación le saliera prolijita y luego mezcló el fervor de masas con el discurso de los jerarcas que se exaltaban repitiendo sus consignas al vacío.

En nuestro paisito, todo se hace igual que en otros lados pero a modesta escala. Así, resulta risible y conmovedor ver como un intendente suburbano se esfuerza en fingir que asiste a los inundados subido a un bote de salvamento que gira en redondo y casi escora en un zanjón al costado de una ruta (tal vez la Panamericana), como antes algún intendente simuló desde Miami que intervenía en similares operaciones de la ciudad de La Plata. También lo hicieron Reagan y Bush, no vaya uno a creer. Primero escatimaron ahorros para la prevención de inundaciones y luego se sacaron la fotito solidaria de rigor formando durante algunos segundos parte de la cadena de reparto de alimentos y frazadas. Lo penoso sigue y prospera, como si el signo de lo bobo fuera nuestro destino como especie.