martes 13 de abril del 2021
COLUMNISTAS opinión
08-11-2020 03:33

Premios y castigos

El rumor circuló, indignó, hasta hubo una recolección de firmas para rechazar la iniciativa.

08-11-2020 03:33

Una de las tantas polémicas insignificantes pero cargadas de rencor que hacen a nuestra famosa grieta fue la que tuvo como tema el nombre del premio del festival de cine de Mar del Plata. Desde 1996, cuando el festival volvió con Julio Mahárbiz, se empezó a otorgar el premio Ombú, en sintonía con la costumbre internacional de utilizar nombres vegetales o animales: la Palma de Cannes, el Oso de Berlín, el León de Venecia, la Concha de San Sebastián, el Leopardo de Locarno, etcétera. En el vecino festival de Valdivia, el premio se llama Pudú, en honor al más pequeño de los ciervos. Dicen que el Pudú es un bicho tan chico que nadie ha visto uno, salvo los premiados que tienen una réplica en su casa. 

Estábamos felices bajo el Ombú hasta que en 2004 (tiempos de Néstor Kirchner) alguien tuvo la idea de rebautizar el premio como Ástor, en homenaje a Ástor Piazzolla, bandoneonista, compositor y nativo de la ciudad. Es posible que algún cineasta o actor extranjero que se haya llevado un Ástor de Mar del Plata piense que la estatuilla que guarda en su vitrina de trofeos tenga relación con algún bicho de las pampas.

Pero hace unos días corrió el rumor de que las autoridades del Incaa habían decidido reemplazar los premios Ástor por los premios Lobo de Mar, lo que hubiera sido una casi obvia elección inicial. Bueno, tal vez no tanto, porque la tradición de los premios tiende a escapar a lo muy visible en la rama zoológica, aunque no tanto en la botánica. Es cierto que hay muchas palmeras en Cannes y muchas más conchas en San Sebastián, pero no quedan osos en Berlín y menos aun tigres en Rotterdam. Pero el rumor venía asociado con otro, difícil de comprobar pero para nada inverosímil conociendo el paño: que Piazzolla iba a ser destituido por ser antiperonista. El rumor circuló, preocupó, indignó, hasta hubo una recolección de firmas para rechazar la iniciativa. Finalmente, las autoridades del Incaa anunciaron que el nombre del premio sufriría un cambio, pero no el que decían los rumores: dejaría de llamarse Ástor a secas y pasaría a ser Ástor Piazzolla, supongo que para despejar confusiones sobre su origen, ya que no hay animales ni plantas que tengan nombre y apellido.

Justo cuando la polémica sobre el Ástor hacía furor en las redes, vi una película que se llama Vilas: serás lo que debas ser o no serás nada, un título con connotaciones sanmartinianas. La película me pareció horrible por muchas razones. Aunque sin duda evoca hazañas deportivas así como nostalgias de épocas más jóvenes y seguramente más felices, está estructurada en base a la tediosa investigación y empecinada voluntad de un periodista por demostrar que Vilas fue víctima de un sistemático error de la ATP, que lo privó de ser el número uno en el ranking tenístico durante siete semanas de 1975. Las películas malas (y a veces las buenas) necesitan de ese tipo de excusas (“el conflicto central”, tan odiado por Raúl Ruiz) para venderse, y los premios parecen lo único que legitima la vida de las personas públicas. Pero ya que estamos en el tema, a mí me gustaría que si no eligen al caracol o la almeja, el premio del festival se llame Guillermo Vilas, tan nativo de Mar del Plata como Piazzolla, tan ajeno al cine como él, pero mucho más simpático. Además, Vilas solía componer versos y tocar la guitarra.

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