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COLUMNISTAS / Mundial 2018
sábado 14 julio, 2018

‘Promesas incumplidas del Este’

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por Héctor Zajac

fervor. Los rusos se ilusionaron con la selección; mañana volverán a la realidad. Foto: cedoc perfil
sábado 14 julio, 2018

A los visitantes les cuesta entender una peculiaridad de la geografía rusa. En Occidente, la “escala”, la economía externa, concentra al capital (negocios e industrias) en puntos de la ciudad adonde van, y de donde vienen, millones cada día. Esta brecha entre trabajo y vivienda es una razón estructural que aún hoy asfixia a la metrópolis capitalista con el smog de accesos colapsados, congestiones. Lejos de la “mano invisible”, la planificación en la ex URSS situó a residentes cerca de sus trabajos.
El resultado, las grandes ciudades eran una adición de prolijos distritos autónomos o “rayones”, separados por espacios verdes, con una significativa oferta material y cultural local que minimizaba la odisea del viaje diario y la polución. Y aunque hoy, por fuera sus edificios, clamen distopía orwelliana, los interiores la desmienten.
Los obligados al viaje tenían y tienen literalmente bajo sus pies un metro más glamoroso que el mismo centro, otra ciudad bajo la ciudad. Pero lo más sorprendente de Rusia no se ve. Gigantes privatizados, sus acciones compradas por kopeks entre gallos y media noche, por funcionarios influyentes del Estado soviético ayer, megamillonarios al día siguiente. La velocidad y el volumen de tal concentración son una singularidad que da el cambio de un sistema de propiedad colectiva a privada. La acumulación de poder, en medio de la crisis económica de la transición, dio a este grupo, que facilitó la disolución del Estado anterior, una incidencia dramática en la conducción del nuevo. Sin rendición de cuentas ni densidad institucional, el miedo a la represión y el clima complaciente de Mundial maquillan el conflicto y la apropiación del evento por las élites descriptas, que vendiendo una revolución en la infraestructura de comunicación y de servicios que redistribuiría accesibilidad y bienestar entre los ciudadanos, confirió accesibilidad solo al turismo, a elefantes blancos bancados con dinero público.
Hechos, por una sola empresa estatal única licitante, o ganadora con la oferta más alta. Los “rayones”, caviar para la inversión inmobiliaria, la única “privada”, no para amigos del régimen, se transforman en oficinas, hoteles y residencia suntuaria para pocos. El vehículo: la ley federal 108-FZ, o “ley de la copa del mundo”, cuyas modificaciones introducidas a los códigos vigentes: civil, de tierra, laboral, forestal e impositivo, transgreden el derecho ciudadano. En el ominoso acallamiento al disenso, desplazados a viviendas y zonas de menor calidad, prueban en carne propia el jarabe de palo de la ciudad capitalista, la segregación. Hace un siglo que Lenin definía al Estado como un “instrumento de dominación de las clases dominantes”.
Desde el propio marxismo se evolucionó hacia una menos tajante: un “campo de disputa material y simbólica”, de mediación , en el que, si bien los poderosos se suelen imponer legitimando su modelo con la hegemonía del relato, la educación, los medios, hay un final abierto. En Rusia, no hay duda, “cien años no es nada”.
 El centralismo de la federación trasladó la desigualdad en la distribución de beneficios y la absorción de costos al territorio. Urbes regionales con un clima que multiplica los costos de mantenimiento, castigadas por años de desinversión, y que pujaron esperanzadas para sedes. Subordinaron hospitales, escuelas y metros a estadios y aeropuertos, por los ajustes de Moscú, dueña de la “parte del león”, que adelgazaron el presupuesto a una fracción del original, invocando la crisis de 2013 y el sentido de urgencia de la obra ligada al evento, que además tapó sobreprecios y evitó control público. Como en el film de Cronenberg que gira en torno a una muerte devenida metáfora del choque violento entre una versión rusa del sueño americano en Inglaterra y la realidad, un sufrido pueblo chocará el lunes con la frustración de incumplidas promesas de desarrollo y una enorme deuda pública, sin siquiera el consuelo fugaz de la Copa.

*Geógrafo UBA. MA, UA. UNY.


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