viernes 01 de julio de 2022
COLUMNISTAS ACUSACIONES

¿Quién votó a Donald Trump?

Habiendo sorprendido con su triunfo en la elección presidencial, Donald Trump continúa teniendo al mundo en vilo desde la Casa Blanca, avanzando en cambios dramáticos en varias líneas decisivas de la política de gobierno.

29-01-2017 05:31

Habiendo sorprendido con su triunfo en la elección presidencial, Donald Trump continúa teniendo al mundo en vilo desde la Casa Blanca, avanzando en cambios dramáticos en varias líneas decisivas de la política de gobierno. Ahora ha retomado un juego en el que se siente cómodo: cuestionar el resultado de la elección, alegando fraude.

Trump parece molesto por el hecho de que, si bien el Colegio Electoral lo consagró presidente constitucional por un margen incontestable de electores, el conteo de los votos en las urnas le dio una clara ventaja a su opositora Hillary Clinton. Trump dice no aceptar ese resultado –el cual, por lo demás, era anticipado por la mayor parte de las encuestas electorales–, y sostiene que fue distorsionado por el voto de muchos inmigrantes no habilitados para votar y de muertos que todavía constan en el padrón. La acusación es gravísima, y apunta a uno de los pilares del sistema institucional de su país. Hasta una buena parte de la dirigencia republicana se ha mostrado indignada por la acusación del presidente.

Puede entenderse que Trump no se sienta cómodo por el hecho de que una mayoría de los ciudadanos sobre los cuales ejercerá el gobierno no lo votaron. De hecho, de acuerdo con la información de las encuestas de estos días, una mayoría –cierto que tenue– sigue manteniendo una imagen negativa del nuevo presidente. Trump podrá decir que las encuestas son defectuosas y tergiversan la realidad; finalmente, el resultado de una encuesta carece de valor legal. Pero sostener que el sistema que legal y legítimamente lo consagró presidente fue vulnerable a trampas deliberadas es mucho más serio.

La acusación de Trump la dilucidará la Justicia de su país. Tal vez se pierda en la nada, pues no cambiará el hecho de que es el presidente electo, reconocido como tal por los actores relevantes de este mundo. Pero la dirigencia política cuya credibilidad puede verse afectada por la acusación de Trump posiblemente llevará el tema hasta la fase probatoria en los estrados judiciales.

Mientras tanto, sigue vigente la pregunta: ¿quiénes votaron realmente a Trump y cuántos fueron?

Una pista se encuentra en el interesante artículo periodístico publicado en The New York Times el 13 de noviembre pasado por Nate Cohn, Josh Katz y Kevin Quealy (“Putting the Polling Miss of the 2016 Election in Perspective”). Su fuente son las mismas encuestas sobre las cuales ponen la lupa. Los autores sostienen que una cosa fueron los resultados agregados de las encuestas y otra las encuestas en algunos estados que produjeron resultados no esperados. En los estados del norte del Medio Oeste y el Este el voto a Trump fue subestimado. Y, agregan, todos esos estados (particularmente Minnesota, Maine, Pennsylvania, Wisconsin y Michigan) tienen en común que contienen una gran cantidad de votantes blancos con baja educación (en buena medida, obreros fabriles). Lo mismo sucedió, en menor medida, en otros estados con más proporción de población rural blanca. En cambio, las encuestas se vieron confirmadas en los grandes estados con población más diversificada, más populosos, en general con mayor educación y además más población de origen hispano –a la cual apuntan, obviamente, las acusaciones de Trump sobre el fraude–.

Esos análisis revisten especial interés para quienes siguen de cerca la discusión sobre problemas metodológicos de las encuestas. Pero no es eso lo que está en el tapete ahora. El punto es poder establecer quiénes realmente votaron a Trump y quiénes no lo votaron. Cómo se traza la frontera demográfica de la profunda grieta que divide hoy a la sociedad norteamericana.

Quienes se inclinan por tildar a Trump de “populista” pueden sentirse respaldados por estos datos. Y seguramente alegarán, como lo hace Trump, que el “sistema” está controlado por las clases medias urbanas y cosmopolitas. Las mismas que están manifestando activamente en las calles ratificando su voto anti-Trump.


*Sociólogo.

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