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COLUMNISTAS / a tres semanas de las primarias
domingo 21 julio, 2019

Rigidez peronista

Si bien la elección se encamina hacia una polarización de valores, el modo en que los actores se incorporan en esos cúmulos de elección de voto no se muestra tan orgánico como hace tantas décadas.

por Luis Costa

SORPRESAS. Macri mostró amplitud hacia los propios con la designación del peronista Pichetto. Cristina dio el primer golpe cuando propuso a Alberto Fernández como candidato a presidente y ella como vice. Foto: CEDOC.
domingo 21 julio, 2019

Es difícil encontrarles el lado derecho a los billetes de los animales. En general se tiene la sensación de que siempre están al revés y que deben ser girados para ubicarlos en la dirección correcta. Si uno los pone igual que los anteriores, es decir con el espacio blanco a la izquierda, donde dice “Banco Central”, esa leyenda queda invertida.

El cambio de los próceres a los animales no fue solo de quién aparece, sino de referencia, de ubicación, de los espacios en esa hoja. La modificación en los billetes no debería ser tratada solo como el paso de los muertos a los vivos, como explicó Marcos Peña, sino como una alteración intencionada de referencias históricas y por lo tanto como una de muchas acciones de Cambiemos dirigidas a alterar conexiones sociales de larga trayectoria.

Muchas de esas acciones, mucho más exitosas que el manejo de la inflación, están generando enormes dificultades en el desarrollo comunicacional de las campañas electorales de sus enemigos. No solo cambiaron billetes, cambiaron reglas de juego.

Esos billetes conviven en las billeteras con los antiguos y no hay manera de ordenarlos sin que unos queden al revés de los otros. Igual que los billetes, que se entremezclan entre sí, la política se encuentra ofreciendo una nueva combinación de actores que solo es posible producto de la dilución de las referencias anteriores.

Pichetto convive con Macri, Lousteau con Larreta, igual que Massa con Alberto Fernández. Si bien la elección se encamina hacia una polarización de valores, que solo tiene un pasado similar en 1989, el modo en que los actores se incorporan en esos cúmulos de elección de voto no se muestra tan orgánico como hace tantas décadas. No es el partido político el que construye la oportunidad, sino que la oportunidad la otorga la intención de voto y desde allí clarifica para el político profesional hacia dónde debe dirigirse para tener trabajo en el futuro.

Condicionado, Alberto recurre a la campaña a los gestos típicos del peronismo que aleja a la franja de indecisos.

Esta modificación de orden, es decir desde la intención de voto hacia el partido, y no desde el partido como manera de construcción de preferencia de voto, ha permitido beneficiar sensiblemente a quien mejor lo comprende, justamente Cambiemos.

El anuncio de Pichetto como candidato junto a Macri no puede ser explicado por una lógica partidaria, mientras que el de Alberto Fernández sí, y el origen de la base de ambas decisiones está mostrando los beneficios y limitaciones que cada uno contiene. Mientras que Alberto Fernández está cada día más preso de las tensiones partidarias, Macri se puede permitir pensar un futuro abierto y construir una ilusión próxima sin necesidad de tantas aclaraciones.

En la base de este enorme litigio electoral hay una tensión muy considerable entre clase media y clase baja. En esos extremos, en donde una clase social es claramente diferente de la otra, las preferencias por el peronismo o por Macri no ofrecen mayores dudas.

El problema serio para una elección con tanta polarización es la referencia obvia por la franja compleja de los indecisos, que por lo general se encuentran en los límites de ambos segmentos sociodemográficos, y para llegar a ellos, que parecen no estar ni aquí ni allá del mundo político conocido, la referencia partidaria no parece ser la mejor fórmula.

Alberto Fernández entiende perfectamente que debe ir a buscarlos, que su rol en este momento del peronismo es mostrarse como una opción blanda a la rigidez kirchnerista, pero que sin embargo recae una y otra vez en las demandas y obligaciones que el partido le impone.

El intenta ser el billete nuevo, pero lo vuelven a acomodar en la billetera en el sentido que se parezca a los anteriores, y sabemos que cuando eso sucede los textos quedan al revés. Fotos con sindicalistas, actos bien peronistas y cientos de miles de dedos en V lo fuerzan a licuar todas las intenciones originales que su persona podría vehiculizar, hacia una deglución del partido a su personalidad. Mientras Pichetto se mueve como pez, en un agua más calma y agradable, Alberto batalla contra las olas de un mar infernal.

Cuál es el lado derecho o inverso de la comunicación parece un esfuerzo inútil por develar, pero solo queda claro que hay un orden previo de las referencias que ha comenzado a morir.

Como si 2017 no fuera suficiente, el peronismo empieza a encontrar en su lejanía una complejidad electoral que de nuevo no logra resolver y, como alguien desesperado, solo reacciona con lo primero que tiene a mano: un acto, unos dedos haciendo la señal y unos sindicalistas. Justamente todo lo que odia esa franja todavía no decidida.

*Sociólogo.


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