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COLUMNISTAS / Pobrismo
domingo 29 diciembre, 2019

Solo la riqueza combate la pobreza

La idea de que si existen ricos se perjudican los pobres no es consistente: donde hay más ricos la gente vive mejor. Esto no significa que haya que dejar que hagan lo que quieran. Es necesario un Estado presente que impida el monopolio y que ordene la economía.

Extremos. Deng, el realista que desarrolló el país. Mao, el ideólogo que mató a millones con una hambruna. Foto: cedoc
domingo 29 diciembre, 2019

Es equivocado creer que la historia se repite, que nada cambia, que es posible volver al pasado cuando la especie vive el proceso de transformación más grande de su historia y las cosas, las gentes y los conocimientos se transforman en un mes más que en todo el siglo XIX. También es un error creer que no nos parecemos a nadie y que no tenemos que aprender de un mundo que se globalizó.

Cuando vemos a un maestro cantando la Marcha Peronista a sus alumnos mientras rinden una prueba o cuando un dirigente quiere poner como materia de estudio de las escuelas la vida de Perón y Evita, nos damos cuenta de que estamos muy lejos de este tiempo.

Si un maestro peruano canta a sus estudiantes la Marsellesa aprista, o si un catedrático de la antigua Europa del Este quiere que se estudie en las escuelas la biografía de Lenin y Stalin, terminarían en un manicomio. ¿Estamos tan al margen de la sociedad contemporánea que algunas ideas que caducaron en todos lados hace mucho tiempo siguen confundiéndonos?

En la mayor parte del los países la pobreza tiende a desaparecer, se incrementa la producción, la riqueza crece, y no está claro por qué algunos latinoamericanos debemos conformarnos con seguir retrocediendo.

China. Hablemos sobre lo ocurrido en China en las últimas décadas. Fue el país con los mayores índices de pobreza del mundo y el próximo año puede llegar a la meta de “pobreza cero”. Nadie entendería en el gigante asiático a alguien que proponga subir los impuestos a los ricos (hay más multimillonarios que en los Estados Unidos), que se exprima a los productores y que se castigue a las ciudades que son el motor de la economía del país, Shanghai, Beijing, Tianjin y Shenzhen, para subsidiar a una parte de la población para que pueda llegar al paraíso disfrutando de la pobreza y huyendo del consumo.

Lo que algunos llaman “el milagro chino” fue posible gracias a la campaña Reforma y Apertura impulsada por Deng Xiaoping, que en un primer momento produjo estragos. No era fácil pasar de una sociedad estatista a una liberal. El miedo a la libertad desespera a quienes han vivido toda su vida sometidos y protegidos por el Estado. El texto que mejor permite comprender el fenómeno es El fin del Homo sovieticus, con el que Svetlana Aleksievic ganó el Premio Nobel de Literatura de 2015, en el que entrevista a rusos que cuentan la experiencia desgarradora del tránsito de la sociedad paternalista a la de libre mercado.

china

El proceso de cambio chino ha sido complejo y ha requerido bastante tiempo. Si se evaluaba lo ocurrido en la primera década del gobierno de Deng, se podía decir que fue el peor mandatario de la historia china, pero cuando observamos el fruto de su trabajo después de cuatro décadas, está claro que fue un estadista enorme que cambió su país y el mundo.

Deng contra Mao. El enfrentamiento de Deng con Mao tuvo un desarrollo complejo. En 1958 el presidente chino impulsó el Gran Salto Adelante, un plan económico que colectivizó el agro y promovió la pequeña industria para impedir que se formaran fortunas privadas. La meta fue desarrollar una industria pesada estatal a cualquier costo. El resultado fue desastroso: murieron de hambre alrededor de 40 millones de chinos. Algunos dirigentes reformistas, entre los que estaba Deng Xiaoping, presionaron para que Mao fuera depuesto como jefe del Estado en 1959, conservando una posición simbólica y ceremonial, como correspondía al Gran Timonel de la Revolución.

En 1960 Deng dijo “da igual que el gato sea blanco o negro, lo importante es que cace ratones”, aludiendo a la necesidad de superar el dogmatismo ideológico para entender la realidad y conseguir metas concretas: no importa cómo se llama un sistema sino que funcione y permita que la gente viva mejor. Esto fue visto como una herejía por los comunistas ortodoxos. Cuando Mao recuperó el poder en 1966 promovió la Revolución Cultural y persiguió a los reformistas; la frase le costó cara. Aparecieron carteles en los que le acusaban de capitalista y derechista. En 1969 fue destituido de todos sus cargos y enviado a la provincia de Jiangxi para trabajar como obrero en un taller de tractores. La persecución que sufrió fue brutal: su hijo Deng Pufang quedó parapléjico cuando guardias rojos lo arrojaron por una ventana de la universidad acusándolo de capitalista.

Muerto Mao, las cosas volvieron a cambiar. Se desató la lucha por el poder entre la Banda de los Cuatro, dirigida por la viuda de Mao, Jiang Qing, que quería seguir con la movilización revolucionaria, y dos grupos moderados. Uno, liderado por Hua Guofeng, el sucesor designado por Mao, pretendía volver a la dirección centralizada tipo soviético, y el otro, dirigido por Deng Xiaoping, buscaba reformar completamente la economía de China con políticas pragmáticas, dejando de lado cadenas ideologicas, buscando la eficiencia propia del capitalismo. El Grupo de los Cuatro fue derrotado rápidamente, la viuda de Mao convenientemente suicidada y Deng se hizo con el poder.

Ruta. En 1978, en el XI Congreso del Comité Central del Partido Comunista de China, Deng Xiaoping definió la ruta de la transformación: modernización de la economía, privatización y estímulo a la agricultura, desarrollo científico, liberalización del sector privado, modernización de la industria y apertura de China al comercio exterior. Mientras el modelo soviético había iniciado su crisis desde los 60 hasta su colapso en los 90, China inició un camino firme hacia el progreso con una economía de mercado que permitió un crecimiento sin precedentes en el mundo y el desplome de las cifras de pobreza, como se aprecia en los gráficos que aparecen con esta nota.

En 1992 el proceso se había afianzado y daba ya sus frutos. Deng, a sus 88 años, visitó las ciudades de Shanghai, Cantón, Shenzhen y Zhuhai anunciando la profundización de las reformas liberales, prometiendo que no habría marcha atrás. Fue cuando dijo que “enriquecerse es glorioso”, afirmación que colaboró para que se produjera una aceleración sin precedentes de la inversión extranjera y del crecimiento económico que se disparó en la década de 1990. Entre 1978 y 2018, según cifras de la ONU, el producto bruto interno (PBI) de China pasó de US$ 150 mil millones a US$ 12,24 billones.

Hoy China dejó de ser el país que copiaba tecnología occidental y es uno de los líderes de la revolución del conocimiento. Ha fabricado camiones sin chofer que ingresan al mercado interno y compiten con empresas que hacen lo mismo en Estados Unidos, desarrolla la impresión 3D para construir casas y edificios y otras tecnologías de punta, en un delicado juego para que el desplazamiento de mano de obra que provocan no atente en contra de su meta de pleno empleo y pobreza cero.

Pobrismo. China descubrió algo que para algunos políticos populistas parece insólito: para combatir la pobreza es necesario generar riqueza, atraer inversión nacional y extranjera, combatir la mentalidad del pobrismo y lograr una economía en la que los pobres puedan conseguir un trabajo digno sin depender de la voluntad de quienes administran su situación. En reiterados estudios que hicimos a lo largo de una década en la provincia de Buenos Aires, encontramos que esa es la aspiración de la mayoría de quienes reciben subsidios: no quieren perderlos pero sueñan con que sus hijos vivan de otra manera.

El actual presidente de China, Xi Jinping, ha seguido en esa ruta, y más allá de conseguir un sideral crecimiento de la riqueza, se ha propuesto como fin llegar a la pobreza cero para 2020. El milagro económico chino ya sacó de la pobreza a 800 millones de habitantes, un equivalente a toda la población de América Latina. El año pasado dejaron la pobreza 14 millones de chinos más, quedan actualmente 17 millones que reciben subsidios a cambio de que eduquen a sus hijos y de que se formen en oficios que van desde peluquería, maquillaje, artesanías hasta talleres para venta de productos online. No existe la idea de que habrá pobres siempre para recibir subsidios eternos y ser carne de cañón de la política. Parecería que el próximo año la pobreza se superará de manera definitiva en China.

La pobreza cero es posible, varios países van hacia esa meta con economías ordenadas, estimulando la producción y la riqueza. No hay ningún caso de uno que se haya desarrollado promoviendo el pobrismo y persiguiendo a los productores.

El crecimiento de las grandes fortunas en el mundo y particularmente en Estados Unidos y China ha sido enorme. El 2017 había 215 fortunas superiores a los mil millones de dólares en Estados Unidos. Entre 2016 y 2017 aparecieron 21 millonarios de ese nivel. En 2017 existían en China 244 millonarios de ese nivel, habían aparecido 91 nuevas fortunas desde 2016, cuatro veces más que en la Union Americana.

El milagro económico chino sacó de la pobreza a 800 millones de personas. 

Ricos y pobres. La idea de que la existencia de ricos perjudica a los pobres no es consistente; donde hay más ricos la gente vive mejor. Esto no significa que haya que dejar que hagan lo que quieran. Es necesario un Estado presente que impida el monopolio y que ordene la economía, pero cuando nadie es rico, como en la China de Mao, todos terminan siendo pobres. Vale la pena leer sin prejuicios el libro de Caroline Freund Rich People, Poor Countries: The Rise of Emerging-Market Tycoons and Their Mega Firms (Gente rica, países pobres: el aumento de los magnates de los mercados emergentes y sus megafirmas) que aborda con datos concretos casos como el de las grandes empresas manufactureras chinas cuyo crecimiento triplicó los salarios de trabajadores promedio.

Podríamos escribir mucho acerca de lo que ocurrió con otros países comunistas que escogieron el libre mercado. Cuando quebró la URSS nacieron algunos países de cultura eslava. En varios, como en la propia Rusia, existe un capitalismo exitoso que no tiene que ver con la democracia, ni con que hayan superado ideas atrabiliarias frente a la sexualidad. El zarismo capitalista de Putin ha sido eficiente, pero acabó la época en que los gigantes comunistas apoyaban procesos revolucionarios en América Latina. Ahora son países capitalistas que luchan por sus intereses y disputan mercados.

Ocurre lo mismo con Vietnam, Laos y Camboya, que si dedicaran un día del año a la memoria de cada barbaridad que cometieron los Estados Unidos en su territorio necesitarían un calendario de miles de días. Adoptaron sistemas económicos modernos, dejaron lejos las ideologías, se desarrollan con éxito a pesar de las enormes penurias que dejó la guerra. El 40% del territorio de Camboya sigue inutilizado por la cantidad de minas que dejaron los norteamericanos, pero el reino avanza atrayendo inversiones, produciendo y generando riqueza.

*Profesor de la GWU. Miembro del Club Político Argentino.


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