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COLUMNISTAS / ecuacion imposible
domingo 5 abril, 2020

Subjetividades pandémicas

El comportamiento social es como el tráfico: no se trata solo de ser cuidadoso, sino de que los demás también lo sean.

Identidad gestáltica. Foto: Pablo Temes
domingo 5 abril, 2020

La teoría de la Gestalt fue creada por el psicólogo alemán Max Wertheimer en la segunda década del siglo XX, casi al mismo tiempo que Freud fundaba el psicoanálisis. Mientras esta última se basaba en el inconsciente, la teoría gestáltica considera que la percepción es el proceso central de la actividad mental.

De aquí que las formas en que los sujetos lleven adelante sus procesos de organización perceptual sean centrales para la construcción de las subjetividades y finalmente cómo produzcan sus pensamientos.

Si bien la Gestalt, como teoría psicológica, tiene su aplicación en la terapia individual, sus planteos teóricos están muy cercanos a los modelos de análisis de la opinión pública ya que estos tratan, en definitiva, de comprender el proceso de construcción de las subjetividades colectivas, es decir a escala social, más allá de las lecturas particulares.

Lucha de subjetividades. La pandemia del coronavirus ha generado una serie de dilemas, conflictos y tensiones que se dan en múltiples escalas y planos. En términos de escalas, se desliza desde lo individual (y familiar) a lo local, lo nacional y finalmente lo global. Un detalle poco analizado es la casi ausencia de la cooperación internacional durante esta crisis, habida cuenta de que el virus viajó en sus primeras fases en aviones a bordo de los pasajeros internacionales infectados.

La enfermedad civilizatoria también atraviesa los límites éticos, como ha generado en ciertos sitios la disyuntiva sobre si hay que priorizar el tratamiento de jóvenes o de los mayores. Asimismo, redefine el rol del Estado, tensionando los límites entre lo público y lo privado, al mismo tiempo que pone en conflicto los derechos individuales con los colectivos: el derecho a transitar libremente contra el derecho del cuidado del otro. Luego pone en un mismo plano solidaridades sorprendentes, como los aplausos a los médicos y trabajadores de la salud cada día a las nueve de la noche, y las actitudes egoístas primarias, como aquella contra la médica cuyos vecinos tratan de expulsar del edificio. También da lugar a reclamos inesperados, como el cacerolazo pidiendo bajar el gasto político mientras aumentan las demandas sobre el Gobierno para la asistencia a sectores económicos golpeados por el colapso viral.

Miradas selectivas. Dentro de los enormes aportes de la teoría de la Gestalt hay uno vital para intentar hacer un acercamiento a los grandes interrogantes que generó la pandemia, y es la afirmación de que el mapa mental que cada individuo se hace no es idéntico al mundo percibido. Por el contrario, este mapa es mediado por un proceso de selección de la información recibida de modo que le permita evitar sus disonancias cognitivas. En síntesis, las personas buscan construir mapas que les permitan mantener cierta coherencia con su propio mundo, su identidad (a veces incluso en contra de la evidencia). En este sentido, ¿podría decirse que hay una pandemia a la medida de cada persona dependiendo del espacio social que ocupe en la sociedad, la información a la que acceda y las interacciones con su grupo más cercano? Muy probablemente.

Para analizar esto, la Gestalt ofrece el recurso llamado “relación figura-fondo”, que ha permitido poner a prueba esta teoría en modelos experimentales. Se trata de exponer a los sujetos a ciertas imágenes, y los participantes deben comprender de qué se trata. Para esto, el esfuerzo mental humano se suele fijar en los contrastes que conforman la figura y el fondo suele quedar como un contexto débil, que simplemente permite que la figura se destaque con nitidez. Algunas personas pueden elegir el “fondo” como figura; lo que es prácticamente imposible es ver ambas al mismo tiempo.

Las formas. En la actual situación se podría pensar que la pandemia biológica producida por el virus es la figura. La información que genera es la que reproducen los canales de noticias las 24 horas, la cantidad de infectados, de muertos, las características del propio virus, sus formas de contagio más frecuentes y de allí todos los consejos para evitar el contagio, que van desde lavarse las manos hasta la cuarentena y el aislamiento. También aparecen los datos epidemiológicos y cuestiones que hasta el presente no le importaban casi a nadie: la cantidad de camas para internaciones, la existencia de respiradores artificiales, hasta los mecanismos para la producción de alcohol en gel.

Todo este conjunto de información genera sensaciones de ansiedad, depresión, enojo y sobre todo impotencia; no hay nada que a nivel individual se pueda hacer para evitar la propagación, se depende de la actuación de los demás. Y el comportamiento social se parece mucho al tráfico urbano: no se trata solamente de ser cuidadoso, sino de que los demás también lo sean. Algunos descansan solamente en la probabilidad de que los demás sean prudentes; el resultado es que la cantidad de siniestros viales se multiplican.

Pero detrás (o en combinación) de la figura está el fondo, desde donde se dibuja la pandemia. Se trata desde el contexto económico del país y del mundo, la pobreza estructural que se profundiza, el endeudamiento externo, hasta de las pautas culturales de la sociedad no muy afectas al cumplimiento de ciertas reglas sociales. Sin embargo, figura y fondo se entrecruzan: a la cuarentena le sigue la detención del “flujo capitalístico”, como diría Jacques Derrida, lo que profundiza la depresión económica. Quien solo mira el fondo reclama el levantamiento de la cuarentena para volver a la “normalidad”. Quien solo mira la figura reclama que el Estado absorba o fusione al sector privado de la salud.

Dualidades. Solo la política puede observar la figura y el fondo simultáneamente. La cuarentena y el aislamiento llevados a fondo seguramente erradicarán el virus en forma más veloz. Incluso muchos señalan los efectos benéficos de la mejoría del medio ambiente o la merma en los niveles de delincuencia, pero probablemente se haga insustentable la reproducción vital de buena parte de la población.

El cese de la cuarentena realizado en forma abrupta será seguido por un repunte casi automático de la actividad económica, pero elevará en forma geométrica la cantidad de infectados por el virus. Parece ser una ecuación imposible de resolver; el tiempo dirá si se logró con relativo éxito.

*Sociólogo (@cfdeangelis).


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