lunes 27 de junio de 2022
COLUMNISTAS juegos

Telones de fondo

29-10-2021 23:55

¿Y no fue así, en realidad, como empezó todo: con una dicotomía rígida, esquemática, taxativa, que asignaba a quien la profería el garantido lugar del bien y reservaba para sus oponentes el inexorable lugar del mal? ¿No fue así como empezó todo: con la pretensión de explicar la realidad y la historia bajo la oposición esencial de civilización y barbarie? ¿Y acaso no brilló tanto más la escritura genial de Sarmiento, antes que en el intento de que esa dualidad funcionara, en las maniobras que debió hacer con las contradicciones, los corrimientos y los desbordes que una y otra vez desbarataban la intención de hacer que el mundo entero encajara exactamente en los términos de esa porfiada polaridad? Ahí donde la distribución categórica no resultaba según lo esperado, se volvía inexorable asumir que las cosas no siempre se dividen en dos, o que esa división no siempre es tan estable, o que la antinomia de lo inconciliable exhibe en verdad más pasajes, tensiones y contaminaciones que los que en principio se quiso admitir.

La literatura argentina se ha escrito en buena parte en la dislocación de aquella disyuntiva fundante (ya dislocada al fundarse). Las cautivas, notable obra teatral escrita y dirigida por Mariano Tenconi Blanco y admirablemente actuada por Laura Paredes y Lorena Vega, se agrega ahora a esa larga serie, y lo hace asimilando toda esa tradición literaria, desde Esteban Echeverría hasta el presente. Las cautivas: así, en plural, y no en el singular establecido en el poema clásico de Echeverría o en el clásico cuento de Borges. Porque aquí las cautivas son dos y lo son una de la otra, se cautivan mutuamente; y no por la fuerza, o sí: por la fuerza del deseo.

Una es blanca y delicada, es francesa y habla en verso; la otra es india, es intensa, firme y sensible, de voz profunda. Se valen de un mismo gesto para hacer justicia, aunque una lo haga con la escopeta y la otra con el arco y la flecha. Y es que encuentran su paridad justamente en la diferencia. Y se enamoran en la diferencia, o se enamoran de la diferencia (acaso porque no se consagran a una épica de la identidad). No tienen, por cierto, una lengua en común, y hay que ver lo bien que se entienden (acaso porque cuentan con el malentendido como parte de su comunicación). Como la pampa, como los telones de fondo que se suceden en Las cautivas: un juego de lo diverso potenciado en la igualdad.

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