sábado 21 de mayo de 2022
COLUMNISTAS sin proyecto colectivo
13-05-2022 23:55

Tiempo de descuento

La democracia y sus instituciones están en la picota, pero la dirigencia no percibe estos cambios en el subsuelo de la Nación.

Con un raro empate las diferencias entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner se han explicitado, pero también cristalizado.

El sabor del desencuentro. Alberto rechaza todas las demandas de Cristina y Cristina no se va a retirar del Gobierno. Las demandas se pueden sintetizar en el pedido de renuncia de los ministros Martín Guzmán, Matías Kulfas, y Claudio Moroni y la constitución de una mesa política con el Presidente, Máximo Kirchner, Axel Kicillof, Sergio Massa y algunas presencias rotativas. Esto significaría en la mirada de Fernández en una intervención de “su” gobierno, pero a la vez, considera que con este formato tampoco aseguraría la velocidad en la toma de decisiones que precisaría el momento. Además, se abriría la discusión sobre el remplazo del ministro de Economía, que curiosamente hoy es arropado por el fantasmagórico Círculo Rojo, que al final del día se funde en la figura de Paolo Rocca, quizás el último baluarte de la burguesía industrial nacional. Desde la óptica de Cristina, Guzmán no tiene estrategia para enfrentar a la ola inflacionaria, ola que empieza a amenazar con su desplazamiento hacia el tercer dígito anual hacia fin de la primavera.  

A  favor de Guzmán se puede decir que más allá de si tiene o no estrategia, lo que no tiene es poder político donde por ejemplo, la Secretaría de Comercio con sus dos subsecretarías y sus catorce direcciones nacionales dependen del ¡Ministerio de Desarrollo Productivo! En síntesis, el empoderamiento del ministro parece ser más virtual que real en tiempos que un matafuego no alcanza para cubrir el incendio. Por esto en la fisura del Frente de Todos Cristina es la que menos urgencia tiene. Su plan tiene dos rostros: 1) dejar lo suficientemente claro que el Presidente rompió el compromiso electoral (cortándose solo) y que ella sabe cómo lidiar con la crisis. Su plan según lo expresó es anclar el dólar y multiplicar el gasto, aunque eso implique darle a la “maquinita” (que incluye el gesto de una mano moviendo una imaginaria manivela).

Frenemy. Para demostrar sus capacidades renovadas, Cristina plantea un horizonte insólito para la historia argentina: gobernar desde el Senado de la Nación. Numerosas iniciativas se están gestando desde el bloque de Unidad Ciudadana y que pondrán en aprietos al Poder Ejecutivo, tendrán que decidir si las acompaña, si las bloquea o las ignora. Un ejemplo de esta semana es la ley que constituye el Fondo para cancelar la deuda con el FMI y que obtuvo 37 votos afirmativos contra 31 negativos. Otra ley en desarrollo trata de una nueva moratoria para quienes tengan la edad para jubilarse, pero no puedan acreditar sus treinta años de aportes. Este tema no es menor con casi la mitad de la población económicamente activa realizando trabajos en la economía informal, pocos serán en un futuro próximo los que puedan jubilarse.

La novedad del Senado gobernando en forma “progresista” no solo genera presión al atribulado Guzmán, sino a Sergio Massa quien quedará en el medio de la disputa: intentar sancionar las leyes con unos números complejos en Diputados o cajonear estas leyes bajo el pedido disimulado de Alberto Fernández. Sergio Massa ni lerdo, ni perezoso movió el árbol organizando un asado con cuatro economistas cercanos, pero que podrían ser convertibles a ministros en un corto plazo: Martín Redrado, Marco Lavagna, Miguel Peirano, y Martín Rapetti. La conclusión es que la inflación lejos de aminorar como plantea Guzmán, estaría tomando carrera, acelerando los tiempos políticos en forma geométrica. Se trata de un laberinto con las puertas tapiadas, pero que además Cristina y Alberto lo han techado.

Para salir con vida de este laberinto, no alcanza con pintar la entrada y poner algunas macetas con flores, hay que avanzar en un cambio completo del Gobierno y de las reglas que rigen las políticas económicas, analizando por ejemplo, la necesidad o no de mantener una aerolínea estatal, la pertinencia de las reglas que rigen el mundo laboral, la utilidad del cepo, etc., etc.

Sí, el peronismo para llegar con mínimas chances de éxito electoral en 2023 debe tomar y ofrecer una respuesta a la agenda opositora, que básicamente plantea la liberalización de todas las regulaciones y legalizar la circulación del dólar para llevar del hecho al derecho la característica bimonetaria de la sociedad argentina. Pero además, el tiempo corre contra la procastinización permanente del gobierno nacional, por lo cual con ese piloto automático de un avión sin meta, corre el riesgo real de precipitarse en la segunda parte del año cuando se esfumen los dólares de la cosecha o del FMI. Allí el mercado se impondrá sus condiciones y ni un estudiante de cuarto año de Ciencias Económicas aceptaría tomar el timón del edificio de Hipólito Yrigoyen 250.

La caserización de la sociedad. ¿Cómo está el humor social? Es una pregunta que permanentemente se hacen los diversos actores y decisores del país. La respuesta hay que buscarla en el puño de Alfredo Casero en el momento que se estrella contra la mesa de La Nación +. El rol de Luis Majul vilipendeando a su invitado es la dirigencia argentina que parece vivir en una burbuja sin contacto con los problemas más acuciantes. Las palabras desordenadas y sin un sentido claro que salieron de la boca del creador de Cha, cha, cha o Todo por dos pesos, es el ruido que genera una sociedad de-sorganizada y que aún trata de salir de la pandemia con su única arma de lucha: el trabajo. En tiempos de posdemocracia, la indignación es un fenómeno muy difícil de entender porque está atravesado por las experiencias subjetivas de los actores que ya no ven un guión general en la película donde transcurren sus vidas.  

Quizás el mayor problema de la Argentina por encima de la inflación o inseguridad sea la desaparición de un proyecto colectivo, un conjunto de lógicas con fuerza normativa que organicen la vida y les dé un sentido. La lenta desaparición de la religión como generador de sentidos, fue reemplazado por las ideologías políticas caracterizadas en la Revolución Francesa.

 Muchos años después y con tanta agua que ha pasado bajo el puente, la democracia y sus instituciones están en la picota, pero al parecer, la dirigencia política no está al tanto de estas profundas transformaciones en el subsuelo de la Nación.

*Sociólogo (@cfdeangelis)