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COLUMNISTAS / PANORAMA / TRANSICION
domingo 15 julio, 2018

Tiempos de posgrieta

La crispación deja de atraer a la sociedad y de dar rédito político. Las especulaciones del peronismo.

por Carlos De Angelis

FATIGA DE MATERIAL Mauricio Macri Foto: DIBUJO: PABLO TEMES

El clima de la opinión pública registra un cambio importante. Buena parte de la sociedad ya no está interesada en la confrontación política.

Pistas. Algunos indicios se aprecian en los medios, en las redes sociales y en los estudios cualitativos. En el programa Intratables, por ejemplo, los gritos ensordecedores de los participantes están dando lugar a conversaciones amables, casi británicas. No hay lugar para el dramatismo de un Luis D’Elía al borde del desmayo.

En este nuevo marco, los programas oficialistas están en baja. El programa PH (Podemos Hablar) de Andrés Kusnetzoff supera sostenidamente en rating a La noche de Mirtha Legrand. La audiencia se engancha en conocer el lado privado de los invitados, donde normalmente un político tiene que compartir el espacio con otros famosos. Los espectadores quieren saber si el político pasa el frente cuando el conductor consulta si se drogó alguna vez o si tiene alguna preferencia sexual para compartir. En cambio, la tribuna doctrinaria de la mesaza de la señora Legrand con su explícito oficialismo y la presencia de macristas convencidos agotó. Algo parecido pasa con el programa de Jorge Lanata (PPT), tensionado entre su enfoque clásico anti K y la necesidad de deslizar alguna crítica al Gobierno, va perdiendo los domingos contra Marley y su pequeño hijo Mirko. Una situación parecida transita la señal TN, que a la noche tiene menos rating que el opositor C5N.

La posgrieta arriba tibiamente a las señales informativas. Se va redescubriendo la lógica de organizar debates con invitados que sostengan diversos puntos de vista. Es que en tiempos de ajuste, la audiencia necesita la reflexión crítica (aunque no furiosamente opositora). Si esto no pasa, prefiere interiorizarse de los padecimientos familiares de Luis Miguel en Netflix. También se puede observar una tensa calma en las redes sociales, donde pareciera que los ejércitos de trolls están acampando fuera de la ciudad digital, ya sea por falta de fondos o esperando tiempos mejores.

Culpas. El hartazgo por la confrontación política del último lustro en la Argentina se observa también en las mesas de los focus groups donde la mayor preocupación de las familias se concentra en cómo evitar el derrumbe de su nivel de vida frente a los desproporcionados aumentos de tarifas, combustibles, y los productos de la canasta alimentaria, cuando los precios suben por ascensor, mientras los salarios lo hacen por la escalera.

En estos espacios se observa algo interesante, se critica amargamente a la gestión económica de Macri, se considera al equipo económico como poco capaz (para ser suave), pero se preserva la figura presidencial porque no se visualiza en el horizonte una alternativa política para la situación actual, nadie quiere un 2001. Pero también un elemento central de la comunicación del Gobierno cayó en desuso: echarles la culpa a los demás de los problemas. Gran parte de la sociedad entiende que la crisis cambiaria se originó por los propios errores del Gobierno. Por este motivo Mauricio Macri ensayó un intento de autocrítica en Tucumán en el acto con motivo del Día de la Independencia.

Despolarización. Frente a los indicios de que la sociedad prefiere dar por superada (o al menos suspendida) la grieta, se pueden trazar hipótesis sobre si el nuevo clima tendrá un correlato político con la despolarización. Mientras las estrategias discursivas de la polarización buscan acelerar el conflicto para llevarlo al terreno binario: ellos o nosotros, la opción contraria abre el terreno a un abanico de opciones. La despolarización es propicia para la estrategia electoral del macrismo para las PASO favoreciendo la dispersión de la galaxia peronista en muchas listas, mínimo dos, dando por descontado que una será encabezada por Cristina Kirchner.

Frente a este panorama la oposición debería construir una contraestrategia: ¿podrían el kirchnerismo (K) y el peronismo “racional” (R) edificar una coalición? Es claro que no son lo mismo, como tampoco lo son el PRO y la UCR. Con la misma lógica los K y los R podrían plantear una unidad electoral con un objetivo central: correr a Cambiemos del poder, es decir repolarizar las opciones. Algo así como hicieron en España el PSOE y Podemos a los efectos de jubilar a Mariano Rajoy.

Complicaciones. Sin dudas para que una unidad de ese tipo funcione los futuros socios tienen que renunciar “al monopolio de la lapicera” y abrir la discusión para que todos los sectores puedan tener representación igualitaria en las listas de legisladores y obviamente en la distribución de los posibles gobernadores. El problema principal es la selección del candidato a presidente de la Nación. Esto se puede solucionar con una interna abierta por fuera de las PASO o en las primarias mismas. Pueden dirimir ahí por ejemplo, con dos candidatos por cada sector o incluso alguno no alineado. La gran condición para que la Coalición K-R prospere es que Cristina no vaya por su tercer gobierno, y pueda prestar su colaboración a este complejo armado que tiene una ventaja: podría arrancar con una intención de voto por encima del 45%.

También un posible plan de gobierno de la Coalición K-R deberá ser negociado con cuidado. El país que recibirá el próximo gobierno va a ser difícil con un alto endeudamiento externo y controlado por el FMI (las condiciones del acuerdo recién se están conociendo en estas horas), con probabilidades de una economía en profunda recesión. No estará la situación para programas maximalistas, para lo cual también se deberán crear grupos técnicos heterogéneos en economía para acordar un hipotético plan de contingencia, e incluso mostrar un posible ministro de Economía que difunda la idea de que no es el objetivo que todo salte por los aires, como les adjudicará sin dudas Macri.

Como se decía arriba la apuesta del macrismo es que exista una lista encabezada por Cristina y otra encabezada quizás por Juan Manuel Urtubey, y donde en un muy probable ballottage entre Macri y Cristina, los votos del salteño vayan a Macri. En las simulaciones actuales los votos del que sale tercero van al no sabe, pero eso seguro que cambiará cuando la votación sea la real. Sin embargo, la gran duda es si los actores principales de la nebulosa peronista tienen real interés de disputar la Presidencia en 2019, o si en realidad prefieren –parafraseando el refrán– sentarse en la puerta a ver al adversario pasar.

*Sociólogo
(@cfdeangelis).

 


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