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opinión

Un libro perfecto

Es tan elocuente Berberova que me hizo pensar que debía leer de nuevo el Nabokov que me resulta más difícil.

06-11-2021-logo-perfil
. | Cedoc Perfil

Estaba al lado de la cama, el lugar al que van a parar los libros que siempre quedan para leer más adelante. Podría haber seguido allí y tener un destino parecido al de la autora. Escrito en ruso en 1965, editado en 1996 en francés y traducido al castellano en 2008 por Pedro B. Rey para La Compañía, Nabokov y su Lolita, de Nina Berberova, volvió de esa biblioteca maldita solo porque tiene menos de cien páginas y estaba buscando un libro chico para llevar al café. 

Me encontré con un libro perfecto, si es que el adjetivo puede aplicarse a los libros, pero este es inteligente, sustancial y de una claridad rara vez presente en un ensayo. Berberova (San Petersburgo, 1901; Filadelfia, 1993) conoció bien a Nabokov y mejor sus libros, a los que describe como pilares de la literatura moderna (al menos, de lo que a mediados del siglo pasado se entendía por tal) a partir de cuatro principios: “La intuición de un mundo disociado, la apertura de las compuertas del subconsciente, el flujo ininterrumpido de la conciencia y la nueva poética surgida del simbolismo”. Para entender de qué habla Berberova, citemos este pasaje: “Una vez abiertas las puertas del subconsciente, Strindberg no ha sentido ninguna necesidad visible de volver a cerrarlas. Tal vez por esa razón no ha envejecido, a diferencia de Ibsen, que se pasó la vida sentado detrás de su ‘cortina de hierro’ sin jamás sospechar que había manera de sortearla e ir a hablar delante de ella”. Creo que basta para entender la gracia, la profundidad y la lucidez de una escritura. 

Berberova analiza la evolución de la obra de Nabokov del ruso al inglés y del clasicismo a la modernidad, y afirma que los tres libros que marcan un punto de inflexión en su prosa, antes de estallar en ruso en La dádiva y luego en inglés en Lolita, son El ojo, Desesperación e Invitado a una decapitación. Los tres siempre me han costado. En cambio, considera que Pnin, tal vez mi novela favorita de Nabokov, es un paso atrás, una tardía concesión al realismo. Es tan elocuente Berberova que me hizo pensar que debía leer de nuevo el Nabokov que me resulta más difícil. 

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Nabokov y su Lolita es, entre tantas cosas, un programa de lectura, pero un programa triple, como queda claro en el imprescindible posfacio de Hubert Nyssen, el editor francés que la conoció en 1985 cuando Berberova tenía más de 80 y era una profesora de Ruso que vivía en Princeton, cuya obra literaria era desconocida y que en el círculo de los exiliados parisinos había pasado por ser solo una cara bonita que recitaba poemas ajenos (y a la que la policía política del PC francés tampoco tenía interés en editar después de haber contado el juicio alrededor de Víctor Kravchenko). Hubert Nyssen tradujo y publicó a Beberova, a la que hoy podemos leer en castellano (me asomé y leí un cuento llamado Las señoritas de San Petersburgo, que deja ver una escritora espléndida). Nyssen sugiere que Nabokov y su Lolita es una velada y elegante protesta por no haber sido ella la escritora rusa de su generación reconocida por el gran público. Habría que averiguarlo leyendo su obra, que incluye una autobiografía con un título espléndido: El subrayado es mío. Y también habría que leer las memorias de Nyssen como editor. Cuando consiga los libros no los voy a dejar al lado de la cama.