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COLUMNISTAS / BANALIZACION
sábado 5 octubre, 2019

Una Conadep de la política

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por Carlos Ares

Marziotta. La candidata expresó la idea crear una Comisión para periodistas. Foto: Aballay

La Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep) fue la encargada de investigar y recibir testimonios sobre los crímenes de la dictadura militar. El informe sirvió de base para procesar y condenar a los responsables. La tarea de aquella comisión, de los fiscales y de los jueces, es uno de los pocos logros desde la recuperación de la democracia que nos enorgullece como sociedad.

Ahora hay quienes la banalizan, como si aquella hubiera sido una comisión de venganza, y piden Conadep para medios, periodistas y jueces. Con la licencia de la ironía que permite una columna de opinión, propongo a la vez desde acá que se someta a esos inquisidores, sus portavoces, Marziotta, Dady Brieva, Zaffaroni y a los rastreros que los apoyan, a una Conadep de la política autoritaria.

Una Comisión Nacional de Pelotudos si quieren así llamarla, que se encargue de rebajarlos del pony desbocado en el que cabalgan sobre sus bostas. Que los desvista de los discursos de ocasión y los descubra como son. Que se les vean las partes ocultas de sus prontuarios y se huelan a distancia sus culos sucios. Los delitos que contempla el Código Penal no alcanzan contra quienes hacen de la política una actividad miserable.

Solo unos pocos van presos por incumplimiento de deberes, malversación de fondos, choreo o corrupción a mansalva. Después de los últimos ¿veinte/treinta? años, considerados los de mayor saqueo de la historia, no hay más de veinte culpables detenidos. El condenado mayor, Menem, va a morir como senador y será velado con todos los honores en un salón del Senado que lo refugia y protege.

La Conadep de pelotudos debería ocuparse de recoger testimonios sobre las alteraciones sociales, culturales, mentales, desquiciantes, devastadoras, que se producen en la sociedad como consecuencia de las acciones y decisiones que toman esos canallas. Mentiras comprobadas, declaraciones irresponsables, promesas incumplidas, saltos acrobáticos de un lado a otro del poder que a la vista de ciudadanos inocentes, necesitados de creer, formateados en la ilusión de la espera, provocan decepción, desencanto y probables colapsos psíquicos.

Suicidios, reacciones violentas, estrés, maltrato general, enfermedades nerviosas. ¿Quién sabe qué pasa en la cabeza de millones de personas vilmente engañadas durante tantos años por trepadores militantes, capos gremiales vende humo, actores en búsqueda de figurar, empresarios sin límite para su codicia? ¿Cómo puede medirse el efecto de lo que se ve y escucha en boca de personajes que se arrogan alguna representación o autoridad?

Un ejemplo entre miles: Sergio Massa, que te niega hoy con el mismo énfasis y con la misma cara todo lo que afirmaba ayer. Eso es veneno puro. Mortal para la credibilidad y la salud del sistema. ¿Cómo se mide la cantidad de víctimas, el tendal que deja en el camino un tipo así? Solo a la larga, a medida que se debilita y desgarra la fe en la democracia, se aprecia el mal que encarnan los Aníbal Fernández, Moyano, Pino Solanas, Boudou, De Vido, Manzur y cientos de los que se justifican en que eso es “hacer política”

Se la soban, se la miran, se la creen, se venden como “héroes” en nombre de “el pueblo”, “los trabajadores”, “la patria”. ¿Cómo se puede obligarlos a rendir cuentas y a pagar de algún modo por los millones de pobres muertos en vida? Acá, Eduardo Amadeo, hoy “macrista”, allá, De Mendiguren, hoy “albertista”. Googleen sus antecedentes y recorridos desde hace treinta años. Dos típicos abrojos y garrapatas del poder dispuestos a humillarse con tal de estar y seguir ahí.

No sirven para esta Conadep los pelotudos importantes que viven de sus favores. Mejor convocar a pelotudos decentes que se ganan honestamente el mango. Los que educan a sus hijos en la solidaridad, el respeto a la palabra dada, la amistad, la igualdad de género. Pelotudos promedio que, al cabo de un día de laburo, putean cuando los escuchan hacer declaraciones por televisión y contienen, no sin esfuerzo, sus brotes de indignación.   

*Periodista.


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