COLUMNISTAS
Estrés del testigo

Una enfermedad silenciosa

26-10-2020-Logo Perfil
. | CEDOC PERFIL

Son las siete de la mañana, aún entredormidos apagamos la alarma del celular. Nos esperan al acecho en formato reverberante y redundante las imágenes de cada día, que con intensidad creciente suben la apuesta por captar nuestra atención. Sin haber salido de casa recibimos desarmados, el impacto de los disparos desde toda pantalla disponible.

¿Cómo afecta, cuáles son o serán las consecuencias de esta exposición cotidiana? Qué emociones desatan realidades totalmente ajenas pero cercanas, hoy es objeto de estudio y discusión de varias disciplinas.  Se sabe que los miedos, la ansiedad, y la ira se contagian más rápido que los virus, y ni siquiera es necesaria la cercanía física.

Algunos hallazgos de investigaciones sobre las reacciones emocionales frente a  situaciones críticas pueden ser de gran valor, más aún, considerando que muchas dejan secuelas a largo plazo.  El especialista en el Trastorno por Estrés Postraumático,  Etzel Cardeña, llevó adelante numerosas investigaciones. Luego del atentado de Las Torres Gemelas realizó un estudio en Nueva York sobre miles de personas. Se encontró una relación directa entre la intensidad de los síntomas post-traumáticos con las horas  dedicadas a ver por televisión  la cobertura periodística. Imágenes que reiteraban una y otra vez la misma escena, reactivaban en soledad la angustia y el miedo sin posibilidad de ser procesados. En sintonía con estos hallazgos, Betty Pfefferbaum  advirtió que habiendo transcurrido  cinco años los niños que siguieron por TV el atentado de Oklahoma  tenían mayores niveles de angustia.

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Para elaborar el impacto de un incidente crítico, se necesita un momento de cierre temporal o finalización,  algo que difícilmente encontremos en las noticias. Allí, los eventos parecen quedar congelados en el tiempo, reiterándose infinita cantidad de veces la misma escena, por ejemplo los aviones impactando en las torres, o el instante en que alguien es atropellado o asaltado en la calle captado desde una cámara.  Se reproduce algo similar a lo que ocurre cuando una situación  se torna traumática. Quedan almacenados en nuestro cerebro retazos intensos de recuerdos, con forma de imágenes, sensaciones, olores,  que fuera de nuestro control, aparecen intrusivamente en cualquier momento y como si estuvieran ocurriendo en tiempo presente activan toda la respuesta de alarma, haciéndonos revivir la situación.

Sumemos otra arista a este complejo problema.  En diversas culturas se reconoce que “verse expuesto en situaciones  humillantes  o  que avergüencen” es un factor de  riesgo para  desencadenar el  trauma psíquico.  Cuántas veces sentimos bochorno por haber perdido  el control públicamente , o  estar tendidos en suelo, heridos en un incidente vial. Podemos llegar a avergonzarnos por tropezar y caer en la vereda, cuánto más en situaciones extremas.  A pesar de esto, hoy circulan en las redes nuestras imágenes capturadas cuando no estamos en condiciones de dar consentimiento, que pueden causar mucho daño. Sobran los ejemplos de casos conocidos.

Así, es evidente que habrá impacto emocional en unos y otros. Quienes son expuestos y quienes los miran.

El llamado estrés del testigo, o estrés vicario, puede causar un grado severo de afectación, aguda o crónica. El pasado mes de agosto podía leerse en los periódicos: “una mujer murió de un infarto por ser testigo de una balacera en una concesionaria”.   Pero no sólo se refiere a quienes presencian la situación, sino también a quienes por su tarea cotidiana deben escuchar relatos del horror o asistir a personas víctimas de sufrimiento extremo, como terapeutas o integrantes de equipos de asistencia social o de primera línea de respuesta, entre otros.

No resulta fácil decir cuánto y cómo nos afecta la sobredosis diaria de imágenes y relatos, pero no es inocua ni gratuita.

Respetar la seguridad, la dignidad, la privacidad, confidencialidad y los derechos de las personas en una emergencia, evitando que nuestras acciones provoquen mayor daño físico o psicológico, es una indicación para la ayuda humanitaria.

La sobreexposición nos afecta de una u otra manera. Es imprescindible compatibilizar el derecho a la información, la libertad de expresión con el respeto a la dignidad de las personas.

Asegurar como sociedad la reducción del impacto traumático es un imperativo ético. Nuestra salud mental está en riesgo.

*Médica especialista en psiquiatría.

Producción periodística: Silvina L. Márquez.